Giomar Lucía Guerra

Acudimos al vestido de las letras,  para abordar una faceta de la arrolladora y vital  personalidad de Consuelo Araújonoguera “La Cacica”, resultado de su afición literaria.  Porque en su mente de niña los cuentos infantiles pasaron de puntillas, para abrir espacio a versos y prosa propio de los adultos, vedados para los niños. Es por eso que a muy corta edad se levanta con entereza y asume como aprendiz de visionaria el ejercicio del liderazgo y autoridad entre los hermanos mayores, en hermosos retos y competencias familiares que propiciaba, para ver quien recitaba los mejores y el mayor número de poemas.

Formación que fue creciendo por los valores que cultivó como la perseverancia, la disciplina, la creatividad que caracterizaron todos los momentos de su vida y por la acendrada vocación por la buena lectura una de sus aficiones, que mas tarde se reflejaría en los escritos y libros que todos conocemos, acción que reafirmaba día a día al comenzar a desempolvar y a manosear los libros de la biblioteca familiar del Doctor Hernando Molina Maestre, a beber de ellos, leer, asimilar degustar y recrear, así como a renovar la correspondencia con los personajes del mundo de las letras, entre otros el poeta Guillermo Valencia, Don Guillermo Cano.

Conocida fue  la cercana y entrañable amistad que mantuvo con algunos de los miembros del Grupo La Cueva de Barranquilla, entre otros Álvaro Cepeda “El Copetón Samudió”, el Nobel Gabriel García Márquez, El Maestro Rafael Escalona, la pintora Cecilia Porras y otras simpatías con personajes del ámbito literario como el médico y escritor Manuel Zapata Olivella, de quienes recibió marcada influencia en su estilo y factura.

Estuvo al tanto con su amistad, de los literatos nadaistas Gonzalo Arango, y el poeta cucuteño David Bonells Rovira. En la administración de este como Director de la Casa de la Cultura de Cúcuta convocan a un  concurso de cuento y logra el premio con el cuento titulado “Yo Sabía”, publicado últimamente en una recopilación antológica del cuento cesarense al lado de otros autores representativos de este género como son la escritora Mary Daza Orozco, el padre del sicoanálisis, Doctor José Francisco Socarras y Álvaro Morales Aguilar.

En el ámbito regional expresa reconocimiento a la labor literaria y sentido de amistad y solidaridad a los escritores del Grupo El Túnel de Montería, de manera especial a José Luis Garcés, Soad Louis Laka, El Compae Gollo y a David Sánchez Juliao.

Como alfarera de ilusiones, Patillal tierra de magia, del trajín y dulce vivir, del bello canto  de compositores y poetas, fue el pueblo de sus afectos, que ejerció  atracción mágica sobre ella, posiblemente por la espontánea y rica inspiración de su gente. Por aquí rondan muy cerca de sus afectos y el compartir de experiencias literarias, Jaime Molina Maestre, José María “Chema” Maestre cuyo libro de poemas “Huellas de Ayer” prologó en su primera edición.

También fue especial su amistad con los  cantautores Freddy Molina, Octavio Daza, Nicolás “Colacho” Maestre, con la Señora Sara Daza, protectora de leyendas, historias y memorias a quien consultaba a menudo y del poeta Diomedes Daza, reconocido nacional e internacionalmente.  Contemporáneos en el uso de la mochila arhuaca. Mientras ella la colgaba en el hombro derecho, Diomedes la llevaba en el hombro izquierdo.

Especial deferencia también manifestó por la escritora Mary Daza, los poetas Luis Mizar, José Atuesta Mindiola, Silvia Betancurt, por el sociólogo y profesor universitario Álvaro Castro Socarrás, entre otros.

El diccionario vallenato de la “Cacica”, titulado Lexicón del Valle de Upar, publicado por el Instituto Caro y Cuervo, hace las veces también de libro de historia, donde derrama la memoria recogida del pueblo. Sin ser filóloga, este libro se ha convertido en un apoyo importante para la lingüística.

Hija predilecta del folclor vallenato y de la herencia musical de nuestros juglares y trovadores, que llenaron de poesía los caminos de herradura de la Vieja Provincia de Valledupar y de Padilla, sin otros medios que sus voces y sus acordeones, quienes marcaron profundamente, su quehacer como columnista y escritora.

En el comentario periodístico a propósito de la canción Ahí vas paloma de José Alfonso El “Chiche “  Maestre, afirma: “ …Se nos vino con todo un señor canto. Un canto con toda la hondura del sentimiento y la fuerza de su alma…, que  logró que se nos volviera a erizar la piel y nos hizo poner de pies para escucharlo como se escuchan los buenos vallenatos, en silencio con emoción y respeto. Y somos muchos los que cantándolo volvimos a sentir el mismo estremecimiento que aprieta las tripas y eriza los pelos; la misma respetuosa emoción que nos produjo la canción “Fantasía” de Rosendo Romero, interpretada por el cacique de la Junta Diomedes Díaz.”

Al rendirle testimonio de permanente presencia en nuestra memoria cultural, recordamos que estuvo entregada a los afanes más altos del espíritu, en una empresa laboriosa en momentos importantes de la historia del Departamento, de los movimientos culturales, cívicos y religiosos de esta tierra con repercusiones nacional e internacional.