MI COLUMNA 

Por Mary Daza Orozco/El Pilón

Este día sería de felicidad para ella. Desde los cuatro años tomaba las palabras y, como si fueran sus barras de plastilina, moldeaba las letras y hacía versos, escribía cuentos, y cuando se hablaba de Español y de la celebración, ella era la figura central con sus poemas y frases cargadas de asombros. Era María de las Estrellas, la misma que escribió a los ocho años de edad, en unos de sus libros, El mago en la mesa: “… uno tiene un librito en la mente y allí está escrito todo. Entonces uno busca y busca en la mente y encuentra lo que tiene que decir. Hay veces que aparece una rosa entre el libro, uno la saca y se la da a una persona… Hay personas que dejan podrir sus rosas en las hojas del libro que no abren nunca…”.

La vida de María de las Estrellas, cortita, o como ella pensaba del vivir: “La vida no es así/ la vida resplandece/ hasta que se va”. Su vida inmensa en producción de palabras llenas de luz y de encantamiento, fue como si a su nombre, que ella misma se puso, le hubiera faltado una palabra: fugaz. Fue una estrella fugaz, que dejó una cuerda de luz en el firmamento de la que quizás se colgarán los sueños de los niños, y ¿por qué no de los adultos?, para balancearse mientras escuchan una estrofa de su poema Recuerdos del Futuro: “ Te acuerdas cuando los ángeles / tocaron sus trompetas / en el paraíso terrenal/

y nosotros estábamos dándole la vuelta a la manzana?”

Conocí sobre María de las Estrellas por un libro, una novela corta, demencial: ‘La casa del ladrón desnudo’, no podía creer que una niña fuera la autora, de suerte que investigué y supe que a los doce años de edad se presentó ante Germán Arciniegas, decano de la Facultad de Literatura de la Universidad de los Andes y le pidió permiso para asistir a las clases, luego el maestro haría el prólogo de su libro y el pintor Jaime Rendón, la carátula, que el pintor Fernando Botero pintaría en París y que ella le dedicaría a Salvador Dalí su libro con el siguiente texto: “A Salvador con todas mis estrellas”

Es muy poca la literatura que se encuentra sobre María de las Estrellas, sólo Beatriz Ferro y Jotamario Arbeláez se han dedicado a escribir un poco de su vida que terminó a los catorce años en un accidente de tránsito en Boyacá, mientras cumplía con un encargo, que después se volvió escándalo, de su papá, sobre la famosa compra de la Custodia de las Clarisas de Tunja, noticia que se exprimió en los Medios y todavía no se ha esclarecido suficientemente.

A esa pequeña gran escritora, que me llenó y me llena de asombro, a la que los “dueños” de calificar a los escritores colombianos, no le han dado el lugar que merece, a la misma que es más conocida en el exterior, a la que ganó el premio internacional de novela, con La Casa del ladrón desnudo, convocado por un encuentro mundial de Brujería, a la que fue capaz de juntar en ese apasionante relato a un jefe chibcha, con una sacerdotisa, con Anitra, con los Niños de la Montaña y con Helena de Troya , a la que escribió: ‘ Cuando esté grande no voy a hacer más poemas, porque de chiquita hice muchas cosas, cuando esté grande me convertiré en flor’, a ella, a la que nadie conoce, porque le pregunté en estos días a varias personas, incluyendo a profesores de literatura, sobre la niña de los versos adultos, y la repuesta fue un no rotundo, a ella, sin duda, Rafael Pombo, le habría escrito su mejor poema.