Archivo de la categoría: Mary Daza Orozco

Remembranzas de Valledupar, un libro nostálgico

LIBRO_JAIDER-2Fue una reunión de amigos, de los que la admiran, de los amantes de la literatura que tenga que ver con la historia y el acontecer vallenato. En el Centro Cultural Leandro Díaz de la Cámara de Comercio, adornado con mesitas y faroles románticos se llevó a cabo la presentación de la ópera prima de Giomar Lucía Guerra Bonilla: Remembranzas de Valledupar. Sigue leyendo

Las yeguas de Diomedes

YEGUAS DE DIOMEDESPor: Mary Daza Orozco*

Me gusta leer al colega Julio Mario Celedón, es genuino en su lenguaje y en los temas que trata, sin arrogancia, ni ofensas. Así leí su última columna publicada: El poder de la palabra; siempre me ha llamado la atención el tema, me inquieta; pero hoy, con todo respeto, quiero hacer unas precisiones sobre dos pasajes, mitológico y literario, a los que alude el columnista. Sigue leyendo

Entre la ira y las lágrimas

Por Mary Daza Orozco

“El gobierno busca la paz, los indígenas la practican”, me dijo, en una entrevista para El Espectador, el cabildo gobernador arhuaco Luis Napoleón Torres, pocos meses antes de que fuera secuestrado y asesinado, junto con Ángel María Torres y Hugo Chaparro, en mil novecientos noventa. El crimen conmovió al país y Valledupar compungida vio los tres féretros llevados en hombros de sus semejantes hasta sus poblados. Sigue leyendo

Sin medir distancias*

Por Mary Daza Orozco

Es flaco como un junco. Su piel lechosa brilla con la abigarrada luz de neón, su pelo rojo, amarrado en una revoltosa cola de caballo, botas que una vez fueron brillantes muestran el desastre del uso continuo en peladuras en las puntas, solo lo cubre un calzoncillo diminuto de un tono indefinible. Salta de un lado para otro rasgando una pobre guitarra mientras su voz rota se alza solo audible para el coro que lo rodea, salta y se cree el rey de Times Square.
Al frente un aviso del musical de Evita, su imagen sonriente domina un buen trecho de la calle Broadway, y la vi atenta mirando al descamisado, me imaginé que diría: ‘ese es uno de los míos’, y pensé en los cantantes callejeros, las estatuas humanas, los malabaristas y los limpiadores de vidrio de los autos de mi país, ellos no tienen un grupo atento, ellos no tienen un cartel de Evita que les sonría y les cante, como lo hizo en el musical que acababa de ver: ‘oh descamisaros, mis descamisaros’, ni luces que los hagan brillar.
Ah, un viaje da para ver y pensar tantas cosas, en este caso se alucina entre un verde ácido que envuelve nuestra figura, un rojo encendido que hace del pavimento una alfombra pisada no solo por famosos, también por alucinadores que toman fotos, sonríen, y por instantes se llenan de una pasajera melancolía porque los seres queridos no estén allí para presenciar un espectáculo nunca imaginado.
El restaurante flotantes me hizo un guiño irresistible, y a mi hijas, compañeras de viaje, las mejores del mundo, y entramos, el olor a sopa minestrone se colaba delicioso y tenue para no demeritar las otras delicias que se ofrecía, mientras la tomaba seguí por el ventanal el espectáculo del lugar sin perder detalle, todo giró en un momento, se transformó, pensé que era el efecto de la sopa, y allí lleno de luces estaba el Valle, sin voces rotas, sin corros, ni guitarras desvencijadas, sólo reburuje de cajas, acordeones al aire y “rumores de viejas voces” y el descamisado pelirrojo y desnudo cesó un momento, pero no siguió la música melodiosa, alzó más su voz rota y siguió dando saltos. El Valle lejano, ¿cuántos años pasarán para que se refocile en la belleza de un lugar lleno de luces en donde se confunda lo absurdo con la realidad. Quizás no necesita luces, porque en él, a diario, y a plena luz del día, se confunde lo sólito con lo insólito.
Siguió la noche derritiéndose en espectáculos pequeñitos unos, grandes otros, más avisos brillantes, la Séptima Avenida llena de gente que aplaude el cambio de luces, y en rinconcito la tienda de Bubba Gump y la de vaqueros Levi’s, que me trajo el recuerdo del famoso compañero de viaje, ese que con solo hablar hace la carga ligera. Yo esperaba, sabía que era inútil que apareciera, al mago que hizo un robot de cartas y lo puso a caminar, mientras los alarido de los presentes formaban un estruendo que no logró opacar el de la sirena de los bomberos, una de mis hijas le dijo a la otra: ‘ aquí por cualquier gatito que esté enredado en el tejado llaman a los bomberos’, reímos y seguimos obnubiladas: allí nada es imposible, menos cuando se reúnen punkis, indios, vallenatos, villanueveros, rusos, tailandeses, locos desnudos o muy cubiertos, y todos alegres sólo con el peligro de quedarse con la boca abierta.
La calle Broadway cambia luces; el espíritu de The New York Times, que le dio el nombre al lugar y que ya no está allí, se siente en la antigua torre de One Times, y la noche se diluye en los primero asomos de la alborada y desde la ABC, se escuchó el histórico saludo: ‘Buenos días América’ comenzaba el programa, comenzaba un nuevo día de asombros y una nueva esperanza de que apareciera el mítico compañero de viaje, el que hace la carga ligera.

*Canto vallenato de Gustavo Gutiérrez.

*Mary Daza Orozco|MI COLUMNA| El Pilón

Ella

Por Mary Daza Orozco*

El viento fresco entró como un chorro por la ventana. Ella se puso de pie. Miró la hora: era de madrugada. Cuando se ponía a recordar, todo desaparecía a su alrededor. Frotó la nuca adolorida, cerró la ventana y se fue a su cama. Sigue leyendo

Encuentros y desencuentros

Por Mary Daza Orozco

Después de un largo viaje, el pasillo se nos hizo extenso, de hecho lo es, más cuando se lleva un pequeñísimo temor por ser colombiano, el orgullo de serlo no aminora la paranoia. Llegamos ante la autoridad de migración y surgió la primera pregunta: “¿De dónde son?” Colombianas, dijimos al unísono mis dos hijas y yo; el hombre sonrió, miró los pasaportes y preguntó en español: ¿De qué ciudad? De nuevo el coro: ¡de Valledupar! Otra pregunta: ¿Y cómo está el compadre Diomedes Díaz? Bien, muy bien, dijeron ellas. Sonrió, sus dientes muy blancos brillaron al darles de lleno la luz, dijo: “Yo tengo todas las canciones de él”, y elogió a su ídolo lejano, pensamos que era nuestro paisano, pero no, nos dio la bienvenida y nos dijo que era salvadoreño. Sigue leyendo

¿Quién que es, no es romántico?

Por Mary Daza Orozco

Se comentaba sobre quién de los columnistas de este diario era el más leído, cuando uno de ellos me dijo: ‘Si dejaras de ser romántica ocuparías el primer puesto’.Quedé perpleja: ¿qué sabe este hombre lo que es ser romántico? Si nos vamos a una época de la literatura en la que hubo profusión de poemas al amor, a la luna, a los paisajes, a las madres, era el lloriqueo sentimental, no la debemos despreciar, porque hubo figuras que construyeron versos sólidos y abrieron caminos para que en la actualidad hasta nuestros compositores vallenatos hagan sus cantos, con el mismo dejo de melancolía. Sigue leyendo

Ni con uno de sus pétalos

Por Mary Daza Orozco*

Bram Stoker escribió una novela que lo hizo famoso, pero más al personaje que la inspiró, personaje real, de carne y hueso y mundialmente conocido: el Príncipe Drácula. Su nombre era Vlad Tepes III de Valaquia, región de Transilvana, fue valiente, sanguinario, defensor acérrimo del cristianismo, lo conocían con el apodo de Drácula y el método que utilizaba frecuentemente para acabar con sus víctimas y con todo aquel que le caía mal era el empalamiento, lo que le hizo ganar otro título: Vlad Tepes el empalador, por el empalamiento que hizo de un pelotón de rebelde boyardos en 1459. Sigue leyendo

Ya es hora

Por Mary Daza Orozco*
Al ex ministro Fernando Londoño Hoyos, después del atentado terrible y repudiable, lo atacan dos dolores. El primero, la muerte de su chofer y de su escolta, sus mejores amigos, como los llamó él mismo, dolor infinito de esos que comprimen el alma, además, cuando alguien antepone su vida a la de uno y la pierde, su memoria, su recuerdo, su familia, deben incrustarse en los más profundos sentimientos, no telúricos sino espirituales. Sigue leyendo

Y no se quieren ir

Por Mary Daza Orozco*

Solo dos imágenes, que se vieron en estos días, bastan para que el asombro no se vaya de un país en el que pasa de todo. Una, la de él, sereno, de mirada tristona, voz suave y caminar cansado, pero por dentro debe tener la turbulencia de las borrascas si es cierto o si no lo es, todo eso de lo que lo acusan: Sigifredo López uno de los autores del secuestro y muerte de sus once compañeros de la Asamblea del Valle. Sigue leyendo

A los jóvenes escritores

Por Mary Daza Orozco*

Dijo una vez un sacerdote que el pecado que más acusaban los devotos es el de la murmuración. Yo creo que ese es un mal que nació con el hombre, pero que se ha ido agigantando, en lugar de ser lo contrario, a medida que el mundo crece, basta con fiarse en  el mal llamado periodismo del espectáculo que se ha llegado a extremos ridículos, porque en él meten hasta a los escritores que solo viven en la soledad de  sus mundos, los que ellos mismos crean. Sigue leyendo

Violencia de género

MI COLUMNA

Por Mary Daza Orozco/El Pilón

 Al escuchar la marcha nupcial a muchos de los concurrentes a una boda se le cuajan los ojos de lágrimas, sí, todavía en esta época la emoción sigue vigente, y la pareja se jura amor eterno. El olor a cirios blancos y el Ave María todavía se escuchan, a veces en voces importadas, otras, en los coros de la iglesia; siguen vigentes. Sigue leyendo

Una estrella fugaz

MI COLUMNA 

Por Mary Daza Orozco/El Pilón

Este día sería de felicidad para ella. Desde los cuatro años tomaba las palabras y, como si fueran sus barras de plastilina, moldeaba las letras y hacía versos, escribía cuentos, y cuando se hablaba de Español y de la celebración, ella era la figura central con sus poemas y frases cargadas de asombros. Era María de las Estrellas, la misma que escribió a los ocho años de edad, en unos de sus libros, El mago en la mesa: “… uno tiene un librito en la mente y allí está escrito todo. Entonces uno busca y busca en la mente y encuentra lo que tiene que decir. Hay veces que aparece una rosa entre el libro, uno la saca y se la da a una persona… Hay personas que dejan podrir sus rosas en las hojas del libro que no abren nunca…”. Sigue leyendo

Es solo la vida

MI COLUMNA

Por Mary Daza Orozco*

 Surgió este tema cuando el Gimnasio del Norte, colegio de mis afectos profundos, me invitó a dictar unas clases de Español, mientras la profesora titular hace uso de la licencia de maternidad. Fue el reencuentro con los pre y adolescentes, con esos que no se callan ni un momento, tienen en sus ojos la brillantez que nace de conocer el mundo y sentirse dueños, sí, los dueños del mundo, los de séptimo y octavo, los de mentes fresquitas, imprudentes, aduladores, amorosos, insoportables, francos en grado sumo, gritones, tímidos, arrogantes, tiernos, adorables, a pesar de todo eso, encantadores, esos que son una mixtura de cualidades y defectos que poco a poco se irá decantando y serán los que conformen la fila de los reemplazos que llegan, los que pronto reclamarán los lugares que hemos ocupado. Sigue leyendo

No me lleves todavía…

MI COLUMNA

Por Mary Daza Orozco/El Pilón

Un Chávez valiente y desesperado es la imagen de esta Semana Santa que acaba de pasar. Su oración ante el mundo: “Dame vida, señor”, va a quedar en la memoria de muchos, aun  de los que lo han odiado, incluso yo lo he criticado todo el tiempo, pero cuando un ser humano muestra su dolor y su desesperación, por el motivo que sea, ante el mundo o ante uno solo, el deseo de que no sufra, de que esté bien, aflora en el corazón. Sigue leyendo

Balas contra la pobreza

MI COLUMNA

Por Mary Daza Orozco/El Pilón

Esta vez fueron tres jóvenes de catorce a veinte años. Dicen que por estar consumiendo drogas prohibidas. Dicen que no le hacían daño a nadie, que trabajaban como latonero, limpiador de parabrisas en los semáforos y  el más jovencito estudiaba. ¡Y los mataron con una copiosa cantidad de balas!
Se habla de limpieza social. Algo que si bien ocurre en cualquier país del mundo, estremece, causa desazón si se tiene en cuenta que el que “limpia” hace más daño a la sociedad que  tres jóvenes desorientados que la misma sociedad  los empuja, por abandono, por falta  de un hogar digno y hasta por hambre, a buscar alternativas que los ayuden a sobrellevar la dureza de la vida que les tocó en suerte. Sigue leyendo

¿Hay buñuelos?

MI COLUMNA

Por Mary Daza Orozco/El Pilón
Desde el ventanal se divisa una panorámica del Oriente de la ciudad. Son las cinco  de la mañana del día de Navidad. Poco a poco los cerros van despertando con los sutiles rayos rojizos y dorados de un sol aletargado: un espectáculo mil veces repetido y mil veces admirado.
Allí me planto a recibir el roce de la brisa en mi cara, roce que da la sensación de un dedo acariciante que bordea todo el rostro y que se hace más sutil cuando toca los labios. Hay silencio, no como si la ciudad se preparara para el holgorio de la noche sino ese silencio cómplice de los que tempranito se refocilan en camas que saben de estruendos y gemidos; de madres soñolientas que dan pecho a los recién nacidos, del que toma un café cargado para ir rápido a dar un vistazo a la finca; del abuelo que busca afanoso el periódico que no llega, del despertar de cada uno con su interés. Sigue leyendo

Cobrar el conocimiento

MI COLUMNA

Por Mary Daza Orozco

Un amigo me contó la siguiente anécdota: “Estaba apenas en la práctica de la medicina y sentía que tenía una responsabilidad enorme y, creo que por mi juventud de entonces, me sentía tímido cuando tenía que decirle a un paciente cuánto le costaba la consulta, de suerte que cobraba muy poco, mientras mis otros colegas cobraban unos cuarenta mil pesos, yo sólo me atrevía a pedir diez mil. Sigue leyendo

Las consecuencias de perder el norte

MI COLUMNA

Por Mary Daza Orozco/El Pilón

Mi admiración por su verbo contundente era inmensa. A mi padre le escuché expresar, cuando lo escuchaba, que parecía un botafuego. En mi historia no he conocido un orador que lo iguale: escucharlo era un deleite, palabra tras palabra, precisas, sonoras, sin un sesgo gramatical, llegué a pensar, y todavía lo creo, que ha sido el orador más completo entre los políticos colombianos, aunque los mayores, mis abuelos, mencionaran nombres como los de Londoño y Londoño, Alzate Avendaño, Laureano Gómez, Alfonso López, en fin, los de la época de las frades grandilocuentes y los giros que maravillaban. Sigue leyendo

Lolita la luchadora

Por Mary Daza Orozco

Había fiesta en la ciudad. Veintiuno de diciembre de mil novecientos ochenta, aniversario de la creación del departamento del Cesar. Apareció El Diario Vallenato, un tabloide creado por Lolita Acosta Maestre. Con una excelente diagramación y un muy buen manejo del idioma, el periódico se convirtió en una escuela para la mayoría de los periodistas de aquí, en un laboratorio en donde aprendieron a vivir la noticia y a darla a los demás. Obtuvo un premio Simón Bolívar. Sigue leyendo