EL TINAJERO

Por José Atuesta Mindiola

Dice una leyenda, que el último cacique Poponí, de los indígenas Chimilas en Valencia de Jesús, pocas horas antes de morir hizo una revelación: “En este pueblo nacerá un niño que hará historia con su talento. Crecerá como todos los niños del pueblo,  y en las horas de descanso caminará  en silencio para que su cuerpo se impregne del viento cantarino de los árboles del río.  Y de noche, en la soledad del patio, se detendrá a contemplar los cortejos celestes de la luna. Empezará a tocar un pequeño instrumento de botones; viajará a otros horizontes y, sin olvidar a su tierra, se hará un músico famoso: la nostalgia pintará sus sueños;  caerá lluvia de sus ojos sobre lirios rojos; navegará por el fondo del mar buscandolas huellas de su amada, y hará célebres con sus canciones a personajes anónimos de los pueblos. Será coronado rey en un festival de música folclórica; y después, por la grandeza de su vida y obra, recibirá muchos homenajes. En el atardecer  de sus días, tendrá de custodia, una compañera, tan dulce como su nombre. Y será recordado por todos los que sienten su música como la ensoñación del alma y la diversión del cuerpo”.  No hay duda que el niño de esa leyenda es  Calixto  Ochoa Campo. La belleza del paisaje  de su infancia y las notas de los acordeones de sus  hermanos,  fueron el despertar de su talento musical: precioso regalo de Dios.  En su juvenil aventura de viajero conoce otros acordeoneros y asimila diversos ritmos en región de Las Sabanas (Sincelejo) para perfeccionar su capacidad musical,  hasta el punto de alcanzar el distinguido título de maestro y máximo genio creador de canciones en el folclor colombiano. Sus coleccionistas afirman que han grabado más de 1.120 canciones. Son muchos los homenajes recibidos. Ahora su compañera es sentimental es Dulzaide Bermúdez. Por otra parte, en defensa de la bella ciudad de Cartagena y de todas las mujeres de Colombia, escribo estas décimas.

OFICIO DE  LAS MERETRICES

I

Hay meretrices en Roma,
en París y Nueva York,
porque el sexo sin amor
en todo el mundo se asoma.
Meretriz es la paloma
que ejerce este viejo oficio,
de cobrar por el servicio
del placentero momento,
y los hombres muy contentos
disfrutan del beneficio.
II
Y desde la antigüedad
la prostitución existe,
pero el hombre  se reviste
de una falsa santidad,
porque siempre en la ciudad,
en los pueblos y veredas,
la moral anuncia vedas
para el sexo callejero;
pero el bendito dinero
a muchas cosas enreda.
III
Por la magia del placer
y su impronta de varón,
el  hombre es el diapasón
que le pide a  la mujer,
que lo embriague de su ser
en la marital faena;
así disipa las penas
y celebra su aventura.
No entiendo la calentura
con la heroica Cartagena.
IV
¿En cuál lugar del Planeta
no existe prostitución?,
siempre un canalla fisgón
vestido de proxeneta:
quien ofrece la corneta,
la guitarra y el violín,
las flores del pollerin
de la juvenil doncella;
y la sociedad contra ellas
levanta su polvorín.