![100_0967 [640x480]](https://portalvallenato.net/wp-content/uploads/2012/04/100_0967-640x480.jpg?w=616)
Por Luis Augusto González Pimienta/El Pilón
¿Qué tiene Valledupar que atrae a la gente? ¿Por qué razón personas que tenían una amplia frontera para desarrollar sus aptitudes se quedan viviendo en este suelo? ¿Cuál es el imán? Es la pregunta sin respuesta precisa.
Un amigo, al que me precio de conocer, me confesaba, “sotto voce”, que Valledupar era una ciudad sin salida. ¿Cómo así, le pregunté? Y al instante me espetó: el que pernocta se queda.
Cualquier día, de esos llenos de interrogantes, de dudas o como dicen los filósofos de reflexiones, traté de imaginarme una respuesta. Consideré mi propio caso. Con la venia de los lectores lo explico. Regresé a mi pueblo natal sin proponérmelo. Mi futuro, según creía entonces, estaba en la capital de la república. Circunstancialmente, en un acto de agradecimiento con Armando Barros Baquero, el amigo más claridoso que tuve, llegué a ocupar un cargo en la rama judicial, dizque por seis meses, De eso hace cuarenta y dos años. Pero eso no es nada, cuando salgo, me desespero por regresar. Ahora entiendo la rabieta que le dio al pintor y declamador Jaime Molina cuando lo llevaron, sin su consentimiento, al primer encuentro de acordeoneros en Aracataca, con García Márquez, Cepeda Samudio y Escalona, entre otros.
Se ha vuelto un mito decir que bañarse en el Guatapurí atrapa a la gente. No es comprobable ni rebatible. Como allí se han bañado López Michelsen, Samper, Pastrana, Uribe y otros que se me escapan, se sugiere que es la causa del encanto vallenato. Para hacerle contrapeso a la tesis informo que tengo un pariente que jamás se ha bañado en un río, mar o piscina, y no obstante se ha hecho presente en 44 de los 45 festivales de acordeón. Y aquí caigo en el segundo argumento: la música, como anzuelo para pescar adeptos. Sí, es cierto, nuestros ritmos autóctonos tienen embelesados a los colombianos, con desfiguraciones y todo. Hasta los indios amazónicos cantan nuestros sabrosos aires. Sin duda, es uno de los motivos del embrujo nativo.
También se proclama, no sin razón, que la espontaneidad y el calor humano que les prodigamos a los visitantes, los hace venir en romería con cualquier excusa. De hecho, Valledupar es el mejor descansadero – ¿parrandeadero? – de Colombia, y por eso se ha convertido en lugar obligado de visita. Con solo contar las conferencias, foros, seminarios, simposios que aquí tienen lugar, cualquiera pensaría que estamos ante una de las más importantes ciudades colombianas. Y no se equivocan quienes así piensan.
Claro que ese edén tiene su punto oscuro. Ya la voy a embarrar. Pero ¿cómo se hace? Aquí llega de todo: desde presidentes, reinas de belleza y empresarios hasta lo más granado de la delincuencia colombiana. De allí que muchos de los grandes sucesos nacionales tengan ocurrencia en nuestro suelo. Basta recordar que el más cuantioso robo bancario tuvo lugar en Valledupar hace dieciocho años cuando se apropiaron de los fondos del Banco de la República. Otras entidades bancarias, Ganadero y Granahorrar, hoy desaparecidas, sufrieron la embestida de los delincuentes. También defraudaron al Banco Popular por métodos electrónicos. ¿Por qué escogieron a Valledupar? ¿Qué es lo que tiene este pueblo, hoy ciudad, que acapara la atención de los maleantes? ¿Será, acaso, que nos saben ingenuos?
Y volvemos al punto de partida. ¿Qué tiene Valledupar que atrae a la gente? Todo lo dicho y algo más. Lo que no he podido determinar es qué es ese algo más. ¿Lo sabe usted?
