“No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres” Carlos Fuentes
Figura descollante del movimiento literario que sacudió a Europa y al mundo entre los años 1960 y 1970, bautizado como “El Boom latinoamericano”, Carlos Fuentes, debió ser el tercer premio nobel –junto con Gabo y Vargas Llosa-de aquel quinteto extraordinario de novelistas que integraron Gabriel García Márquez de Colombia, Julio Cortázar de Argentina, Mario Vargas Llosa de Perú, José Donoso de Chile y el mismo Carlos Fuentes de México. Todos, escritores jóvenes en esa época, desafiaron las convenciones establecidas de la literatura latinoamericana y, debido a la situación general de la América Latina de la década de 1960, de manera ineluctable se untaron de las corrientes políticas revolucionarias que caracterizaron al período.
Y el más político de todos con una tendencia de izquierda que jamás disimuló, a pesar de haber sido embajador de México durante muchos años y profesor de la Universidad de Harvard, en los Estados Unidos, sin duda alguna fue Carlos Fuentes. El crítico Gerald Martin escribe: «No es una exageración afirmar que si el continente del Sur fue conocido por dos cosas por encima de todos los demás en la década de 1960, éstas fueron, en primer lugar, la Revolución Cubana y su impacto tanto en América Latina y el Tercer Mundo en general, y en segundo lugar, el auge de la literatura latinoamericana, cuyo ascenso y caída coincidió con el auge y caída de las percepciones liberales de Cuba entre 1959 y 1971». Vargas Llosa dio un giro progresivo hacia la derecha, García Márquez después del exilio forzado que sufrió durante el gobierno de Turbay Ayala en Colombia, cuando estuvo en la mira de los francotiradores, amainó sus ímpetus revolucionarios y los otros dos, Cortázar y Donoso mantuvieron sus posiciones críticas hasta cuando los sorprendió la muerte en 1984 y 1996, respectivamente.
Sin embargo, fue Carlos Fuentes, el más radical de todos. El que no tenía pelos en la lengua para gritar sus verdades al mundo. “Los novelistas quisiéramos ser exorcistas de los males de la sociedad y acabamos siendo profetas” dijo alguna vez. En la mayoría de sus obras, la tragedia popular estaba al orden del día. En la novela “La región más transparente” (1958), escrita a los 29 años, recrea la ciudad de México con una descripción entre esperanza y tragedia, matizados por los vicios y virtudes de un lugar que parece no dejarse gobernar. ‘La Muerte de Artemio Cruz’ (1962), es la historia de un hombre poderoso quien en su lecho de muerte rememora los sucesos más importantes de su vida.
Allí, Fuentes se introduce en los intestinos de la Revolución, el sistema político de México y la idiosincrasia de las clases dirigentes. En la novela ‘Terra Nostra’ (1975), ganadora del premio Rómulo Gallegos en 1977, conjuga una trama desde la España del Siglo XVI hasta un París infernal y apocalíptico de fines del siglo XX, en un viaje a través del tiempo. Es considerado como uno de los textos fundamentales en la narrativa hispánica contemporánea. De manera pues, que no sólo México deplora la muerte de Carlos Fuentes, también Latinoamérica, Europa y el mundo, que lamentan que la Academia, se haya hecho la de la vista gorda y le haya negado el premio Nóbel de Literatura a quien hizo más que cualquiera para merecerlo.
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