Son cómplices, colegas, compañeros y amigos. Son las tres generaciones de los Acosta.

Para los Acosta, la celebración de fechas especiales como cumpleaños, aniversarios o el Día del Padre, no siempre son como las que desearía cualquier familia costeña, con toda la familia reunida. Los compromisos que conllevan sus vidas artísticas y dedicadas a la música no siempre se los permite.

Es por ello que aprovechan al máximo cada momento libre que coincide en sus agendas para estar juntos, como colegas, como amigos, pero sobre todo como familia.

Con la música en las venas

Con tres generaciones consecutivas consagradas al arte, el maestro Alci, su hijo Checo y su nieta Lauren, no cabe duda de que la música es algo a lo que esta familia no ha podido ni quiere escapar.

“La música para mí significa todo porque yo vengo de una familia netamente musical, y no podía ser la excepción. Por parte de mi abuelo materno, los Cervantes, son sinónimo de música. Para nosotros es parte de nuestra vida”, cuenta Alci, recostado en una mecedora en la terraza de su casa de toda la vida en el municipio de Soledad.

Cincuenta y tantos años cantándole al amor, al despecho, a la vida, acompañado de su más fiel e inseparable amigo, el piano, no le han quitado al maestro ni un ápice de sencillez, mucho menos las ganas de seguir respirando notas musicales hasta que Dios se lo permita.

“El interés por la música vino desde muy niño. Nací y crecí rodeado de mis tíos, primos, mi padres, mi abuelo. Desde muy niño le tomé mucho cariño a la música y cuando ya tuve uso de razón, se me dio por estudiarla. Sin la música no haría nada”, ratifica.

Gracias a él, la música dejó de ser un pasatiempo más o una profesión, para convertirse en la razón de ser de su hijo, Checo. “Desde pequeño siempre cantaba en las fiestas familiares. Eso es algo que viene en la sangre. Sigue la generación, los tíos de mi papá, mi papá, yo y ahora sigue Lauren. Es una cosa innata, un don de Dios que hay que agradecérselo todos los días”, comenta el segundo en el árbol genealógico artístico de los Acosta.

“Al comienzo ni su mamá ni yo queríamos que fuera músico. Queríamos que fuera, como toda familia costeña que se respete, médico, abogado, arquitecto, ingeniero, algo así. Pero bueno, eso fue lo que a él le gustó. Ya me está pisando los talones, yo cumplí 50 y tantos años de ser músico, pianista y cantante, y por ahí Checo ya va pisando los 30, así que ya me está alcanzando”, agrega su padre.

La última heredera, hasta ahora, de la gran herencia musical Acosta, es Lauren, la hija mayor del Checo y nieta consentida de don Alci. Ella tampoco escapó a los encantos de la vida artística y también se le midió desde muy temprano a la música.

“Desde muy pequeña acompañaba a mi papá, siempre estaba bailando y, obviamente, me rozaba con ese medio de la tarima, de la música. Los festivales de orquesta siempre han sido un bonito recuerdo con un público numeroso y compartiendo escenario con mi papá”, comenta Lauren, una jóven que desde ya se perfila como una voz prometedora y dispuesta a seguirles los pasos a su padre y a su abuelo.

“Mi papá siempre me ponía a bailar, yo no sé si lo hacía bien o lo hacía mal, pero como siempre me he caracterizado por ser una persona extrovertida, yo feliz de que me pusieran allá adelante a bailar”, recuerda jocosamente la también destacada bailarina.

Entre ensayos, viajes de trabajo, giras promocionales y notas musicales, los Acosta se preparan para celebrar el Día del Padre, no en la fecha comercial, sino en una más íntima y familiar.

Fechas ‘sagradas’

Los viajes, las giras y demás compromisos que atañen a la carrera musical que Alci, Checo y Lauren tienen, hay fechas que ellos definen como ‘sagradas’, en las que se reúnen como familia. “24 y 31 de diciembre siempre la pasamos juntos, siempre”, afirman.

Familia que canta unida…

El vínculo que une a los Acosta va más allá de los de sangre, ellos comparten una gran pasión por la música y los escenarios, un amor en común que se demuestran en el canto y en el baile. “Los pininos míos fueron en la casa. Mi papá tocaba el piano, mi hermana mayor, Yaneth, también cantaba muy bonito. Son cosas que van en la sangre, solo que hay gente que lo toma como aficionados y otros como profesionales, como nosotros”, asegura el Checo.

Papá y mamá
Alci asegura que al comienzo fue duro “Yo quería estar con mi señora y con mis hijos pero mi profesión no me lo permitía. Ella fue papá y mamá al mismo tiempo”, afirma.

Con disciplina
Lauren Acosta, quien apenas está comenzando en la música, recibe de su papá y su abuelo los mejores consejos, pero sobre todo, disciplina en el canto.

Por Sue De la Hoz Santiago/El Heraldo
Al Día Barranquilla