Sancti Spiritus, Cuba, 19 jun (PL) Una de las herencias de la cultura taina está representada hoy en los bohío -casas de campos- que existen en las montañas del Escambray en esta central provincia cubana.
Para Alejandro Romero Emperador, delegado de la Fundación de la Naturaleza y el Hombre Antonio Núñez Jiménez, ese legado de los aborígenes sigue formando parte del paisaje y la vida rural del país.
Al adentrarnos en la campiña espirituana aparece este museo natural, entre la vegetación surgen los bohíos pintadas de blanco, con su jardín con rosas, mariposas (flor nacional), orquídeas y crotos.
La modernidad NO ha podido cambiar el gusto del campesino por una vivienda amplia y fresca de tablas de palma real y techo de guano, con portal de tejas rojas, afirma el investigador.
Con el paso del tiempo la población -en su mayoría campesina- construyó chozas simples, con recursos naturales para proteger a su familia de las lluvias y el sol.
Este modelo de casa tradicional, explicó, es tomado también por los hacendados en los siglos XVIII y XIX para crear los llamados barracones donde hacinaban a sus esclavos.
Las chozas nativas eran circulares, con la cubierta en forma de cono -el denominado caney-, o rectangulares -bohío- con techos de dos a cuatro vertiente o aguas elaboradas con elementos naturales.
Romero precisó que la vivienda tradicional cubana sigue formando parte de la vida rural a pesar de la modernidad.
El hombre de campo -comentó- seguirá empleando la madera dura, los cujes, el guano, las yaguas de palma y tejas para su vivienda de mayor durabilidad y confort.

