… si encuentro“ un hoyito con agua, le siembro árboles para que brote más agua, crezca y se convierta en rio…”(Palabras de un indígena arhuaco)
La mañana era propicia, el amanecer maravilloso. Salimos bajo una tenue llovizna que semejaba un velo de cristal, rumbo a Pueblo Bello, no por las peligrosas trochas
La mañana era propicia, el amanecer maravilloso. Salimos bajo una tenue llovizna que semejaba un velo de cristal, rumbo a Pueblo Bello, no por las peligrosas trochas
y vías de antes, sino por una buena carretera. La suave y húmeda brisa acariciaba nuestro rostro, brindándonos una agradable sensación de frescura, de libertad. El verdor y la frondosidad de los arboles (cedros, robles, guayacanes, aguacates, níspero, corazón fino, entre otros) nos hablaban de la lluvia que riega y bendice la tierra, así como el canto alegre de cotorras y perdices. El ambiente sonreía.
Llegamos al ansiado lugar, por esa calle larga, larga que termina en la “ollá” (¿Sera así como se escribe?) que es la parte más baja del pueblo. A lado y lado de la calle principal las hermosas casas campestres una muy bien conservadas, otras en estado de abandono, pero con jardines resplandecientes.
Nos esperaban en las hosterías la Helenita, finca que fue de la familia Martínez Pimienta, hoy propiedad del señor Manuel Montaño. Fuimos directo al quiosco, donde muy rápido salieron a relucir las hamacas, colgadas de los horcones. El ambiente invitaba al descanso, al solaz. El impresionante colorido de los jardines con su diversidad de especies florales, semejaba un mosaico multicolor: rosas, hortensias, begonias, azucenas, lirios, cayenas, viuditas, trinitarias y variedades de la familia de las exóticas heliconias
Llegamos al ansiado lugar, por esa calle larga, larga que termina en la “ollá” (¿Sera así como se escribe?) que es la parte más baja del pueblo. A lado y lado de la calle principal las hermosas casas campestres una muy bien conservadas, otras en estado de abandono, pero con jardines resplandecientes.
Como alfombra, la grama “…verde que te quiero verde…” y alrededor las cabañas: unas con terrazas, otras con corredores y hamacas colgadas, la de mas allá con balcones desde donde uno se extasía observando el paisaje. Ahí el Cerro de la Cruz
como guardián protector, por acá los cultivos de guaduas, mandarinas, maíz, caña dulce y como fondo el murmullo del rio. Esos ríos que son parte del sistema hidrográfico de la Sierra Nevada de Santa Marta y que riegan alrededor 74.000 hectáreas del municipio de Valledupar y más de 12.000 en el municipio de Pueblo Bello. Los mismos ríos en los que nuestros compositores se han inspirado.
Excelentes anfitriones el señor Montaño y sus colaboradores. El a pesar de su avanzada edad, permanece en envidiable actividad para complacer a sus huéspedes. Conoce la importancia del trabajo: “Si te abruman preocupaciones y angustias, trabaja. Los éxitos se logran trabajando, trabajando mucho. ¿Sufres decepción? Disípalas trabajando: la tristeza y la laboriosidad no logran vivir juntas…” (¿Franklin?).
Pueblo Bello está enclavado en la Sierra Nevada de Santa Marta, en este hermosísimo paraje es posible el reencuentro con uno mismo, la armonía interior, descansar al conta cto con la naturaleza. En las horas de la tarde tomamos el camino hacia la represa a disfrutar de un baño agradable. ¡Que lugar tan precioso! Cae el agua burbujeante, formando una bellísima cascada, adornadas sus orillas por perfumados heliotropos, plantas medicinales de las cuales cada uno recogió hermosos ramos, hasta hubo quienes coleccionaron semillas para hacerse bonitos collares
De regreso al pueblo un atardecer con arreboles. Tiene razón el Maestro Escalona “…dicen que el arco iris dizque nace en la Nevada, cerca a Valledupar…” en el camino nos encontramos con indígenas. Ellas con su lento y seguro caminar tejiendo mochilas llenas de ensueños e ilusiones, uno de los símbolos de nuestra identidad. Ellos hacen un alto en el camino para compartir el “hayo”, aptitud que simboliza amistad y fraternidad
Después de una cena frugal, llegó la noche y con ella la hora de los cuentos y los
chistes. ¡Que memoria tan buena la de estos niños! Cuatro y nueve añitos y que facilidad de expresión. Lo heredan del abuelo dice la madre y además ustedes saben cómo son los niños de hoy… Con dificultas nos llego el turno a los mayores y comenzamos a contarles cuentos de Tío Conejo, Tío Tigre y uno que otro de Rafael Pombo, no tuvimos eco en nuestro auditorio infantil… y llovía y llovía, como en la canción.
El talan, talan de las campanas de la iglesia nos despertó a las 5:30. Salimos a saludar algunas amistades y en busca de un café tinto calientito, cultivado y recogido por los indígenas, secado al sol en los patios, tostado en plato de barro, molido y preparado en casa. Endulzado con panela criolla y jengibre para darle sabor agradable, consumido sorbo a sorbo cerca al fogón, escuchando el crujir de la leña y la agradable conversación de esta gente que nos brinda calor humano.
Pueblo Bello, no solo cuenta con una alta producción de café (22%) a nivel departamental, sino que es muy reconocida su calidad para exportación. Fue instituido como municipio mediante ordenanza N° 037 de 10 de diciembre de 1997. Algunos documentos nos informan que “Don Francisco del Campo en 1947 fundó la población de Pueblo Nuevo de Valencia, hoy Pueblo Bello. El teniente dio cuenta de
los continuos ataques de los Chimilas a las poblaciones situadas en las riberas de los ríos Ariguani, Chinchicua y San Sebastián… afirma el doctor José Francisco Socarrás en Apuntes sobre la Historia de Valledupar.
Después de la Primera y Segunda Guerra Mundial fue refugio y presidio de algunas familias alemanas. Resultado de la violencia liberal – conservadora llegaron pobladores de los santanderes y de distintas regiones del interior del país, que lograron estabilizarse allí. Este bello pueblo sigue haciendo honor a su nombre.
En “La Floresta” De la Rosa afirma al referirse a Valencia de Jesús: “…Su fundación fue en la Sabanas de Ariguani, rio así llamado, y estaba el pie de la Sierra de San Sebastián de donde los despoblaron los caribes, viniéndose sus vecinos a morar en la Sabanas de Poponi, donde hoy se llaman…” se presume que es el lugar donde hoy esta Pueblo Bello. El viajero francés Luis Striffler en su visita a San Sebastián en 1876 encuentra a Pueblo Viejo en estado de abandono, por los continuos ataques indígenas, se ven obligados a desplazarse hacia Valencia de Jesús
Datos de su repoblamiento nos informan sobre las familias de Valledupar que tenían allí fincas ganaderas, cultivos y explotación de caña, como los Pupo, los Pumarejo, Baute, Castro, Monsalvo. El cambio de nombre de Pueblo Viejo a Pueblo Bello por los años 1920, se le atribuye al poeta Cesar Mestre
Por su agradable clima y bello paisaje tuvo auge como lugar especial para el descanso. En la década de los 40 ejerció atractivo para los barranquilleros, ciudad de donde venían con frecuencia algunas familias que establecieron allí su residencia, Orlando López y Néstor Ballesteros. Era tal la afluencia de turistas de la mencionada ciudad que un periodista la denomino “El Barrio Frio” de Barranquilla. Ellos fueron los cultivadores de la naranja “guasinton”, llamada “ombligona”. En 1950, el capitán Alonso de La Rosa pensó que el número de viajeros ameritaba transporte aéreo Valledupar, Barranquilla, Medellín y adaptaron como pista de aterrizaje la calle principal de Pueblo Bello. Con el tiempo disminuyó la afluencia de visitantes, entre otras causas por el estado inseguridad.


MUY BUENA CRÒNICA GIOMAR, SIGUE CONTANDO ESTAS HISTORIAS PARA QUE NO SE LAS LLEVE EL VIENTO Y DESAPAREZCAN DEL PLANETA TIERRA.
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