Bogotá, 14 jul (PL) Un grupo de 200 indígenas de la etnia nasa desarmó el avión Supertucano derribado el miércoles último durante una acción reivindicada por la guerrilla en Jumbaló, norte del departamento colombiano del Cauca, y efectuaron un ritual en el área con la intención de «apaciguar los espíritus de los muertos».
La noticia, reseñada hoy por el diario El espectador, está acompañada de varias fotos y en una de ellas se observa a los nasas con la caja negra encontrada bajo un ala de la aeronave, «a la que asocian con las desgracias que padece la región por cuenta del conflicto armado». Según la nota, los hierros retorcidos fueron llevados a un punto de la zona rural donde no causaran problemas a la población y se espera que este fin de semana sean entregados a una comisión humanitaria.
«Nuestro objetivo es limpiar el territorio, no queremos tener artefactos militares aquí. Esto se convirtió en una competencia por ver quién llega primero a sacar el aparato y es la comunidad la que está en riesgo», explicó Marcos Pechené, coordinador del plan de vida de Jambaló.
Pese a las advertencias de las fuerzas militares de que no se acercaran a la zona, presuntamente minada, los indígenas tomaron esa decisión la víspera, convocados por Pechené; por el coordinador de la guardia indígena, Javier Güegüé, y los dirigentes del cabildo, Hermes Pilcué y Saulo Mestizo.
Con sus bastones de mando y armados con martillos, los miembros de la guardia indígena lideraron las labores de extracción, mientras otros integrantes de la comunidad cargaban, pedazo a pedazo, los restos del avión hasta la carretera, distante unos 150 metros, donde los recogería una camioneta.
Miembros de la comunidad testigos del siniestro dijeron al rotativo que dos aviones Supertucano sobrevolaron la zona rural del municipio en la tarde del miércoles apoyando a las unidades del Ejército que enfrentaban a la guerrilla desde el 3 de julio, cuando esta abatió la torre de comunicación por celular para aislar a la región.
«Acabábamos de almorzar y estábamos en asamblea cuando el avión bajó como para echar la bomba y de pronto vimos una ráfaga que salió de la montaña y luego el avión cayó», abundaron los nasas que permanecían refugiados en una escuela de la vereda Lomalarga, resguardándose de los fuertes combates.
Por su parte, el Instituto de Medicina Legal de Bogotá, adonde fueron trasladados los cadáveres de Andrés Serrano y Oscar Castillo (los dos tripulantes del avión) para practicarles la autopsia, dictaminaron que ambos murieron a causa de un politraumatismo y no por heridas de armas de fuego.
Tras un examen de ocho horas, el director de esa entidad, Carlos Valdes, aseguró que el estudio para determinar las causas del deceso descarta totalmente lesiones producidas por proyectiles.
Sin embargo, Gustavo Serrano, padre del piloto, declaró a la emisora local Caracol Radio, que en las últimas conversaciones sostenidas con su hijo este le refirió que volaban en una misión de apoyo a la seguridad del presidente Juan Manuel Santos en su viaje al municipio de Toribío donde encabezó un consejo extraordinario de ministros.
«Nos están disparando ráfagas por todos lados», le contó. «Esto está muy caliente. Por primera vez, tengo miedo».
El padre del piloto pidió al jefe de Estado colombiano que acepte entablar un diálogo por la paz.
Esta guerra no se gana con balas, subrayó, sino mediante negociaciones. «Usted puede hacerlo, sea humano y piense en estas familias destrozadas», añadió.
