Luis Napoleón de Armas P.

Las constituciones se ponen a prueba cuando los hechos fácticos contrastan con sus textos; una cosa es su articulado y otra el devenir histórico. La CPC, modelo 91 es autonomista y garantista de los derechos, tanto de los tradicionales que vienen con la génesis de la Nación, como de los que se han conquistado. Las luchas indígenas y agrarias que se libran en el Cauca son tan viejas como la historia de Colombia desde la conquista española. Los indígenas caucanos no están allí por azar ni porque escogieron vivir allí; no, ellos son refugiados de la conquista que los perseguía para exterminarlos, y solo allí, en esos apriscos e inaccesibles territorios, pudieron protegerse y garantizar la vigencia de su raza. Tan inconexa se encontraba esa región, que bien pudiera ser, hoy, otra república así como Ecuador lo es. De hecho, el Cauca tuvo su propia constitución; los criollos que poblaron la altillanura de Popayán, que ostentaban alcurnia, no se sentían muy granadinos y más bien, superiores a ellos; su mentalidad era obtusa y explotadora; fueron los mas grandes esclavistas del territorio granadino; eso explica que la mayoría de los apellidos de los afrodescendientes nuestros sean caucanos, pero prestados: Córdoba, Valencia, Lozano, Rentería, son unas muestras de esta herencia esclavista. Para los aristócratas payaneses, la presencia de los indígenas siempre la vieron como un problema: no eran blancos como ellos y ocupaban los baldíos que ellos consideraban suyos. Ahí comenzó la lucha por la tierra, el latifundio desvelaba a los payaneses y por eso siempre quisieron expulsar a los verdaderos amos, los aborígenes. Esta ha sido el problema eterno del Cauca, la tenencia de la tierra, que 500 años después del descubrimiento del continente, sigue atrasado con la misma mentalidad feudal que va más allá de las encomiendas. Para esta clase, que aún mantiene las estructuras mentales del esclavismo, ¡hay de José Hilario López!, siempre ve a los indígenas como enemigos cuando no de terroristas. Las estructuras feudales del Cauca han sido las causas de su desarrollo; la contradicción entre la tenencia de la tierra y sus usos, no se ha podido resolver; el Estado ha sido permisivo y por eso los conflictos no cesan en esa región, agravados con la presencia de narcos, guerrilla y delincuentes de todo tipo, hollando el hábitat de los nativos. La solución tiene que ser política y social; el memorial de agravios de los indígenas ya tiene moho, pero nadie lo lee; sus peticiones no se resuelven por medio de las armas; aquí lo importante y destacable no son las lágrimas de un militar por no poder descargar su fusil y producir muertos, el producto de la guerra; es mas importante el río de lágrimas que los indígenas han derramado por siglos, en la búsqueda de un derecho mínimo: vivir en paz en sus propios territorios. El presidente Santos no se debe dejar presionar por los vientos de guerra del uribismo, encarnado ahora en el Puro Centro Democrático, cuyo credo es la guerra y la tierra arrasada. Rechazar a un mediador imparcial como Baltazar Garzón y ponerlos a conversar con Iragorri, un matarife indígena, es un insulto para ellos. Es preferible pelearse con Uribe y no con los nasa, los más colombianos de todos. Los medios también deben ayudar analizando el problema con objetividad; es vergonzoso que hayan destacado páginas enteras a las lágrimas de un militar habiendo tanto llanto en las montañas caucanas. napoleondearmas@hotmail.com