Por: Raúl Bermúdez Márquez/El Pilón
La ruta del Sol, el macropoyecto vial de doble calzada que en cinco años deberá acortar el tiempo de recorrido terrestre entre Bogotá y la Costa Caribe en más de 10 horas y que aumentará de manera significativa las posibilidades competitivas del país en materia de comercio exterior, es una iniciativa que ha contado con la bendición mayoritaria de empresarios, autoridades gubernamentales del orden nacional y territorial y de la opinión pública en general.
Claro!, ¿quién, que no haya sufrido algún chasco con las enormes mulas que se movilizan por la troncal –que la sabiduría popular las ha rebautizado como “borradores”-, no estará feliz con el hecho de que algún día ya no corra el riesgo de que después de cualquier curva se tope de frente con uno de estos vehículos que en su vertiginoso desplazamiento desarrolla enorme cantidad de movimiento, capaz de triturar literalmente a un vehículo liviano?.
El Departamento del Cesar, es el territorio que mayor kilometraje tiene en el proyecto. De los 788 kilómetros que van desde Honda hasta la Ye de Ciénaga, 311 lo cruzan desde San Alberto hasta el puente del rio Ariguaní, en los límites con el Departamento del Magdalena. A esa extensión hay que agregarle más de 100 kilómetros de su territorio que están previstos en el mismo proyecto de doble calzada que va desde el Carmen de Bolívar hasta Valledupar. Hasta ahí todo parece color de rosa. Pero, en el transcurso del desarrollo de las obras han surgido varios problemas. Por ejemplo, en el tramo 1 que va desde Villeta hasta la población de Guaduas, uno de sus principales escollos es la aprobación de una licencia ambiental teniendo en cuenta que en el trazado original del proyecto una parte de la vía atraviesa por la reserva forestal de San Francisco. Pues bien, después de muchas discusiones, la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) confirmó la licencia ambiental para esta parte de la obra, pero la condicionó a que el consorcio que tiene a su cargo el proyecto presente las soluciones técnicas y las medidas de manejo ambiental para prevenir y mitigar problemas en el ecosistema de la región.
Esta situación abre la puerta para que firmas perdedoras en la licitación evalúen una posible demanda, pues se tendrá que renegociar el valor inicial del contrato, de $2,5billones. En el Departamento del Cesar hace unos días Corpocesar se vio obligada a proferir una resolución de suspensión de la obra, en un tramo del sur, porque los constructores están devastando el bosque nativo para proveer postes con destino a un cerramiento. Y esos, son problemas que con la exigencia de la implementación de las medidas correctivas por parte de las autoridades ambientales pueden superarse.
Pero existen otras situaciones que tocan con lo social que no han sido analizadas con el rigor y la profundidad necesaria. Por ejemplo: ¿Cuál será la suerte de las comunidades asentadas a lo largo de la ruta del sol que subsisten del expendio de toda suerte de artículos comestibles o artesanías de la región? ¿Qué se tiene previsto para garantizar que las altas velocidades que se generen en la vía no multipliquen el número de peatones o animales muertos que cruzan la vía de un lado al otro? ¿Realmente el agricultor que cultiva el café orgánico en Pueblo Bello o el aguacate en San José de Oriente, podrá llevar sus productos hasta la ruta del Sol, si las vías secundarias o terciarias que se lo permiten siguen siendo unos caminos de herradura intransitables?
La UPC, la universidad de la Guajira y la Universidad de Antioquia bajo la figura de una Unión Temporal ganaron una convocatoria de Colciencias para llevar a cabo un estudio que posibilite el desarrollo de nuevos materiales para utilizarlos en vías terciarias, provenientes por ejemplo, de las explotaciones mineras. El proyecto tiene un costo de 6000 millones de pesos. Sería ideal que los respectivos entes departamentales se vincularan al estudio para ver de qué manera se resuelve uno de los principales cuellos de botella de la competitividad agrícola y pecuaria de las regiones, como lo es, el desastre en que se han convertido las vías terciarias y secundarias!
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