EL TINAJERO

Por José Atuesta Mindiola*

La biofilia es la victoria de la vida contra las actitudes violentas; es la vitalidad concomitante del crecimiento ético y estético en el ser humano. El biófilo irradia luz interior; camina lejos de las sombras de la injusticia, de la arrogancia, del fanatismo y la violencia.

La biofilia es el respeto por la vida y por las leyes creadas para exaltar los derechos y los deberes ciudadanos. El biófilo tiene espíritu democrático, escucha y dialoga, respeta la diversidad social e ideológica; además, acata y cumple las normas, y a sus contradictores no los estigmatiza como enemigos.

La biofilia es la pedagogía de la paz, de la solidaridad, de la verdad y el reconocimiento por los otros. El biófilo no hace trampa ni cambia las reglas en la mitad del juego para salir vencedor, es como el buen padre que orienta a sus hijos por la honestidad y les enseña que el dinero no es todo, porque después terminan haciendo todo por dinero.

Nuestro país necesita que la biofilia sea siempre una actitud en la conciencia y en los sentimientos de todos los colombianos, pero en especial de los gobernantes, legisladores y empresarios. Un gobernante iluminado por la conciencia biofílica tendría como prioridad trabajar con eficiencia y eficacia por sus gobernados; el nepotismo no estaría en sus libretos; las obras de su administración tuvieran el sello oficial y nunca la publicidad de la imagen personal. Los legisladores ejercerían a cabalidad sus funciones de ser guardianes de las leyes, de los bienes del Estado y de la defensa de las comunidades. Los empresarios vieran a sus empleados no sólo como fuentes de riquezas, sino también como personas que requieren mejores condiciones laborales y salariales para satisfacer las necesidades básicas de su familia.

Si los comandantes de los grupos armados se dejaran tocar por la biofilia, entenderían que Colombia está hastiada de tanta sangre inocente derramada. Los miles de muertos combatientes, supuestos militantes e inocentes, en nada contribuyen con los ideales de paz y justicia social.

Desafortunadamente, todavía hay colombianos que viven proscritos de la biofilia, sus conciencias atiborradas de odio y ambiciones de poder, generan actitudes de guerra. Los que se autoproclaman guerreros son pobres gestores de la necrofilia, desean que siga la muerte cabalgando en los sórdidos jinetes que huyen de la paz. Los necrófilos invitan a la guerra, porque ellos saben que los que ponen el cuerpo a las balas no son sus hijos ni sus familiares cercanos, son otros, y los áulicos hipnotizados por el fanatismo aplauden los terrores de la exaltación a la muerte.

Al presidente Juan Manuel Santos lo invitamos a seguir con sus gestos biofílicos de buscar propuestas de acercamientos con todos los grupos armados ilegales para que la gran mayoría del pueblo colombiano no dejemos de soñar con el fin del conflicto armado. Las llaves de la paz no se pueden tirar al fondo del mar, hay que mantener la posibilidad de abrir la puerta para encontrar la luz que venza la oscuridad de la violencia.

Por José Atuesta Mindiola/El Pilón