Vallenatos recordaron al juglar Lorenzo Morales

Con diversos actos se celebró el primer aniversario del fallecimiento del juglar Lorenzo Miguel Morales Herrera, nacido en Guacoche, pueblo pequeño como su estatura, pero que tuvo el talante y talento necesario para convertirse en un gigante de la música vallenata.

Moralito, como fue conocido, se pasó parte de su vida montado en un burro y acompañado de su acordeón, esa que le moldeaba su voz para que diera a conocer sus mensajes cantados, especialmente dirigidos a las mujeres a las que nunca dejó de elogiarlas porque muy bien lo dijo: “Las mujeres son la vitamina de la vida”.

A pesar de su larga vida, falleció a los 97 años, nunca dejó de exaltar las hazañas musicales, una de ellas al lado de su compadre Emiliano Zuleta Baquero, quien lo inmortalizó con la canción ‘La gota fría’, que es el vallenato más conocido en el mundo.

Precisamente el maestro Lorenzo Morales hizo alusión a la mencionada canción diciendo: “Al que le van a dar le guardan y mi compadre Emiliano se quiso salir con las suyas, pero al final yo salí ganancioso, aunque con el bolsillo pelao. Nunca peleamos, fuimos excelentes amigos y compañeros de parranda.

Si analizan bien la canción ‘La gota fría’, parece que fuera de mi autoría y hasta muchos todavía me preguntan eso porque en todo el trayecto de la letra aparece es ‘Moralito’ como el inspirador. En fin esas son jocosidades de las canciones y en este caso soy solamente el protagonista, porque de ella no obtuve ni un peso porque mi compadre Emiliano no es que fuera tacaño, sino olvidadizo”.

Moralito, en sus últimos días se la pasaba sentado en una silla de ruedas desde donde contaba cualquier cantidad de veces la historia de su vida que adornaba con una leve sonrisa, además solía expresar: “Ya estoy ni los carros viejos, que no quieren echar ni pa’ lante, ni pa’ tras, y también se me está acabando la gasolina”.

Con esta clara aseveración enseguida pidió a sus familiares que al despedirse de la vida no lloraran, ni se vistieran de luto y que eso sí, escucharan sus canciones, tocaran palmas y bebieran mucho ron. Su señora Ana Romero, sus hijos, nietos y bisnietos no le cumplieron en su totalidad su voluntad.

De todas maneras eran las instrucciones de un juglar, cuya principal plataforma de lanzamiento fueron las largas parrandas donde surgieron la mayoría de sus canciones y los encuentros con eternos amigos. Moralito fue un parrandero de burro, acordeón, abarca, mujer y ron.

Un repaso por el pensamiento de Lorenzo Miguel Morales Herrera, El gigante de Guacoche, es el siguiente:

1. Yo soy Lorenzo Morales, al derecho y al revé. Yo soy quien deja la huella, antes de poner el pie.

2. Mi vida ha trascurrido con calma, con amor, mucha fe y con una larga lista de hijos, donde se hizo realidad aquello de que soy el que dejaba la huella, antes de poner el pie. Tuve mis buenos tiempos de apogeo. Nunca perdí la rutina y siempre me destaqué en el campo del amor. Un acordeonero, cantante y compositor era rey en esa época, y la mayoría de mis canciones las hacía para premiar a las mujeres, esas mujeres que son lo más lindo que Dios creó.

3. El amor es como el combustible que se mete en el pecho y quema hasta el alma. Es una fuerza que no tiene contención hasta que logra llegar al cauce del corazón. Nadie muere por amor, y solamente sucede en las canciones y en las telenovelas.

4. Las mujeres son la esencia de la tierra y el alimento para el amor. El mundo sin mujeres hubiera sido un desastre. Claro, que todo tiene su tiempo, porque al día se le acaban sus horas, sus minutos y sus segundos, a los ríos les pasa la creciente y los momentos de ayer quedan dibujados en el álbum del recuerdo, y hasta las canciones están escondidas en los pliegues de mi acordeón.

5. Nunca olvido esos viejos tiempos. Había abundancia de alimentos, pero ya la cuchara está alta y no hay toldo pa’ tanta gente. Todo ha cambiado, de tal manera que el respeto y la prudencia pasaron a segundo plano, y la violencia toca a todas las puertas.

6. La creación del Festival Vallenato, con la amiga que nunca olvidamos ‘La Cacica’ Consuelo Araújo, el doctor Alfonso López y el maestro Escalona, fue vital para que todos fuéramos conocidos y alcanzáramos los honores que hemos recibido. Mis compañeros compositores, acordeoneros, cajeros, guacharaqueros y demás músicos, han sido la base fundamental para llegar a conseguir muchos premios, como ahora los Grammy, que en nuestra época consistían en aplausos, rones, comidas, mujeres y poca moneda, sí, poca platica.

7. La canción Carmen Bracho fue un episodio bonito que me dio la oportunidad de cantarle al ser más bello sobre la tierra: la mujer, pero la verdad es que mi eterno romance es con la música vallenata. Ese fue mi alimento, que unido a mi acordeón fueron mis eternas compañeras. Esos recorridos en burro y las parrandas inolvidables por pueblos conocidos y desconocidos fue algo que me marcó. Las historias de los pueblos fueron la base de mi inspiración.

8. Dejar de tocar no me aflige porque ya dejé muchas canciones que son mi carta de presentación, incluso hay bastantes inéditas y esto me hace feliz. Mi nombre y mi obra son universales. He sido un abanderado de la música vallenata, y era en el tiempo en que las canciones no valían nada, ahora valen millones y casi no dicen nada. Comprendo que son otros tiempos y hay que aceptarlo.

Acórdate Moralito de aquel día
que estuviste en Urumita,
y no quisiste hacer parada
te fuiste de mañanita…

Tal como se lo profetizó Emiliano Zuleta Baquero, en su célebre canción ‘La gota fría’, el viejo Lorenzo Miguel Morales Herrera, se fue la mañanita del 26 de agosto de 2011, dejando una carga de historias, de canciones y de hijos que hoy exaltan al hombre que tuvo la virtud de dejar la huella antes de poner el pie.

Se despidió el juglar y el amigo, y todo porque la vida es un perfume al viento, siempre se nos va, pero queda el recuerdo de los cantos de Moralito, parecidos a la mujer que se le envía una flor y cada pétalo va adornado con un beso. O cuando se recorre el abecedario de la A hasta la Z y se pinta en versos toda su belleza.

Por :Juan Rincón Vanegas/El Pilón

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