Por Pedro Quiroga Jiménez *
La Habana (PL) Por tercera ocasión, la Fiesta de la Cultura Iberoamericana -en la nororiental provincia cubana de Holguín- dedicará sus jornadas a la República Argentina, que estará representada por una amplia delegación de intelectuales, músicos, bailarines y promotores culturales.
Distante de la capital unos 730 kilómetros al Este, la llamada Ciudad de los Parques se alista para celebrar, del 24 al 30 de octubre, la 18 edición de un proyecto integrador de eventos teóricos, artísticos, comunitarios y socioculturales que propicia el diálogo y el intercambio entre las naciones.
A propósito del encuentro, la embajadora del país suramericano en Cuba, Juliana Marino, conversó con Prensa Latina sobre importantes aspectos que marcan el desarrollo sociocultural contemporáneo en aquella nación y acerca del encuentro iberoamericano.
-¿Qué acciones realiza Argentina para promover sus valores culturales en el mundo, particularmente en Latinoamérica?
-Primero que todo, un poco de historia. A partir del mandato de Néstor Kirchner y después del último gran desastre de la década neoliberal, se empezó a recuperar en el plano institucional una vocación distinta para revalorizar nuestra cultura. Aquella década no comenzó en 1990, sino mucho antes, con las dictaduras militares, y lo que hizo fue arrasar con los valores y las expresiones populares.
Desde el 2000 hasta el 2002 se apreció que había potencial pues, tras aquella impresionante crisis, se vio a la sociedad discutiendo en asambleas -un fenómeno no muy estudiado todavía, y muy importante-, y la existencia de recursos sociales para comenzar una recuperación de todo el plano de la cultura.
Paralelas a la definición de un proyecto de país diferente, que empezaba a formularse y verbalizarse pero no cerrado, sino abierto, empezaron las medidas del presidente Kirchner abrevando en la propia fuerza política de la que provenía, con tradición nacional y popular.
En ese marco también se reiniciaron las alianzas con países vecinos -porque en otras décadas, Argentina supo tener alianzas, pero siempre con gobiernos democráticos, de raíz nacional y popular.
Kirchner comenzó una reconstrucción hacia adentro y de las alianzas que se iban dando con diferentes liderazgos y proyectos nacionales y populares en cada país.
Se originó también una dinámica diferente en los foros regionales existentes, por ejemplo, en el Mercado Común del Sur (Mercosur). El Mercosur Cultural ha sido un gran dinamizador de las políticas culturales hacia dentro de cada uno de nuestros países, y en su conjunto. Ello también se ha visto reflejado en las Cumbres Iberoamericanas.
En esas integraciones, el aspecto cultural recorre varios planos y líneas de trabajo: una, la institucionalización de las políticas; otra, vinculada a la generación de la libertad de expresión y creación de la diversidad intentando que la institucionalización no mate la creatividad, y ese es el debate permanente en los distintos foros regionales.
La cancillería argentina tiene una dirección cultural que apoya y sostiene en muchos casos la presencia de nuestra cultura en el mundo. Los presupuestos siempre son una frazada corta, pero vemos que se van distribuyendo los bienes equitativamente.
En ocasiones anteriores se elegían los escenarios vidrieras internacionales, aunque en Argentina todos los trabajadores de la cultura no aportan mucho a esas vidrieras, sino a la integración con expresiones comunitarias y a la promoción de los no consagrados, del talento desconocido.
La secretaría de cultura tiene un funcionamiento ágil, muy imbricado con la intelectualidad y con algunos centros que se han creado. Vale agregar otro elemento: las condiciones creadas por la celebración de los bicentenarios de la independencia; se generaron condiciones impresionantes para la institucionalización, la creación popular y la participación del conjunto de la sociedad.
En nuestro caso, la expresión artística y cultural de esa celebración fue inolvidable, con más de dos millones de personas en las calles de Buenos Aires, donde se recuperaron la historia, los pueblos originarios, las batallas por los derechos humanos y la situación de la mujer y los trabajadores, con la participación de conjunto. Entonces, se creó la Casa del Bicentenario, que sigue funcionando como ámbito institucional cultural.
Por fortuna, tenemos una Presidenta (Cristina Fernández) con una gran lucidez, que lleva adelante una política de imbricación del plano político con los planos cultural y social; todo se entrecruza y de por sí genera una movilización de las fuerzas culturales. Argentina hacia el exterior, en particular hacia América Latina, está trabajando mucho con el conjunto de países.
-¿Cuáles son las tradiciones populares de mayor arraigo en su país y cómo se preservan para las generaciones venideras?
-Nuestro país tiene regiones muy definidas y con productos culturales diferentes, y hay tradiciones que se mantienen, muchas de ellas ligadas a ritos de los pueblos indígenas y a diversas formas de producción.
En esas provincias del interior, el folclore está más extendido en la sociedad que en las grandes urbes. Lo que más se ha extendido es el tango, particularmente en los jóvenes.
Las grandes urbes tienen lugares (que llamamos Milongas) donde se baila el tango todos los días de la semana, en los que las personas van desde las 11:00 de la noche hasta las 4:00 de la mañana del siguiente día, y luego se parten a trabajar.
Allí va el turismo también, pero los milongueros son argentinos, fundamentalmente. Los argentinos van a las Milongas a bailar, no van en busca de pareja -aunque se la pueda encontrar-; el gusto es por el baile, el tango es una tradición que en Argentina tiene mucho arraigo y se ha extendido al resto del mundo porque, además de su música y de su forma (que es una danza sensual, erótica), el abrazo -que es fundamental- está considerado como una forma de expresión que le hace bien a las personas.
Hace ya unos años el tango se trabaja con la tercera edad, por el abrazo y porque se camina; se ha extendido lo que se llama tango al piso, el tango de salón, aunque lo que se ve está más vinculado al tango show.
En el interior también subsisten las peñas de música criolla y se bailan las danzas folclóricas, hay un apego a estas últimas. Cuando visito a los jóvenes argentinos que estudian acá en Cuba, los que son del interior, sobre todo los de las provincias del Norte, saben bailar mucho nuestras danzas tradicionales.
Entre las músicas populares tenemos el rock nacional, muy importante social y políticamente, porque marcó una época, y la marca todavía. Tenemos aún a muchos de esos intérpretes que estamparon en sus letras la situación que vivió el país, y eso convirtió al rock nacional en una tradición, sumado al patrimonio inmaterial de la cultura argentina. Todavía hoy, el rock significa un arma para la juventud que, instintivamente, fue desarrollando una resistencia a la penetración cultural.
Otra tradición es el mate, muy extendido, que tiene que ver con nuestra idiosincrasia de juntarnos, reunirnos y compartir, conversar durante largas horas.
Tenemos también el juego del truco; un juego de cartas muy argentino, muy particular, se juega mintiéndole al adversario sobre las cartas que uno posee, con mucha picaresca, muy vinculado a lo que son nuestros relatos populares.
Argentina tiene apego a tradiciones religiosas y a vírgenes. Por ejemplo, la devoción a la Virgen de Luján, en ese pueblo, se ha convertido en un fenómeno social.
Luján está a más de 50 kilómetros de Buenos Aires, y en su fecha, la gente va caminando desde la capital hasta allí. Las personas salen de Buenos Aires al mediodía, y llegan a Luján en la mañana del día siguiente.
-Precisamente, ¿cómo usted aprecia el tema de la religiosidad en la vida social argentina?
-Una cosa es la religiosidad y otra son las religiones y creencias. En 2009 se hizo una encuesta nacional que arrojó que el 90 por ciento de la sociedad es creyente. La religión predominante sigue siendo la católica, pero disminuyó a poco más del 70 por ciento y aumentaron las iglesias evangelistas.
En sentido general, la sociedad no está apegada a las iglesias, ni a los ritos, ni al dogma. De todas esas personas, sólo el 23 por ciento va a la iglesia o sigue sus obligaciones. De cada 10 argentinos, nueve son creyentes; de estos últimos, siete son católicos y el resto se divide entre evangélicos y judíos. Algunas personas, más o menos el 30 por ciento, sostuvieron haber visitado una vez al curandero.
-¿Y qué hay de las religiones aborígenes o indígenas?
-Sobre todo en el interior, en el Sur, los aborígenes siguen manteniendo sus expresiones. Los mapuches, con sus ceremonias vinculadas a sus dioses. En el Norte -el noroeste, donde la religiosidad es muy grande- se da el sincretismo con la religión católica; el origen de esa fe tiene que ver con el santo que quiso quedarse en aquel lugar, como sucede con la Virgen de Luján.
Está, por ejemplo, el Señor del Mailin en la provincia de Santiago del Estero, es un culto católico de raíz indígena, pero muy arraigado.
Hay santos y vírgenes en cada zona. En la provincia de Salta, hace cuatro años iba la gente porque aparecía la virgen allí, y le hablaba a algunas personas. En una fecha determinada, la virgen aparece y se comunica con las personas, según refieren los creyentes. Ha ido mucha gente a estudiar ese fenómeno social y se impresionan con la energía que allí se respira.
También se venera al Gauchito Gil y la Difunta Correa. El primero, una suerte de bandolero benefactor de los pobres; la segunda, una mujer que murió en el desierto con su hijo, pero este sobrevivió porque su madre siguió amamantándolo después de muerta. Son personajes populares y mitológicos.
En Argentina, además, han existido y existen los curas sanadores, que hacen imposición de manos sobre el cuerpo del enfermo.
Había un cura sanador, cerca de la ciudad de Rosario, al que acudía la gente para recibir esa energía especial. Aunque la encuesta dice que el 30 por ciento de las personas admitió haber ido una vez al curandero, yo he podido constatar que son muchos los que acuden a ellos, o a comunicarse con las vírgenes.
La religiosidad está imbricada con la cultura popular y las expresiones artísticas.
En la provincia de Jujuy hay una escuela que reproduce imágenes de los Ángeles Arcabuceros, arcángeles que la iglesia católica impuso a los indígenas como miembros de ejércitos celestiales que venían en su ayuda. Son bellísimas las pinturas indígenas sobre esos personajes.
-¿Qué importancia le concede al hecho de que la XVIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana sea dedicada a su país?
-Para nosotros constituye un honor y reviste mucha importancia. Es un modo de acompañar esta especial etapa que vive Argentina; se reconoce la sensibilidad y la capacidad de la política social que lleva adelante nuestra Presidenta (Cristina Fernández).
Pronto se cumplirán 10 años de haber retomado en Argentina la idea de la Patria grande, y por otro lado está nuestra batalla por la recuperación de las Islas Malvinas.
Quiero significar la presencia en Holguín del programa La voz de los sin voz, creado en 2005 por el pianista Miguel Ángel Estrella, embajador argentino en la Unesco.
Ese material se presentó con un gran espectáculo en el (bonaerense) teatro Colón y, aunque tiene que ver con una voluntad muy personal, lo que hace es rescatar de las comunidades sus expresiones culturales, genera intercambios, capacitación, enseñanza y vínculos.
Sus protagonistas son actores sociales genuinos, auténticos, y de eso se trata, de buscar la autenticidad, la originalidad, vitalidad y reconstrucción de los orígenes. Estoy encantada de que ese programa venga a enriquecer y vuelva a nuestro país más enriquecido.
Vale felicitar, además, a la gente de Holguín, porque logran una circulación de conocimientos y un dinamismo impresionantes. La Fiesta de la Cultura Iberoamericana no pretende ser un ámbito elitista sino todo lo contrario, un ámbito que recoge todos los saberes de todas las culturas y todos los creadores, abre espacios a expresiones culturales comunitarias muy genuinas y la interrelación de los países me parece formidable.
*Periodista de la Redacción Cultural de Prensa Latina.
