Pese a los años Los Playoneros del Cesar siguen ‘batallando’ con un repertorio de antaño que ‘oxigena’ en parte en enrarecido ambiente comercial en que ha caído el vallenato.(Foto: William Rosado/VANGUARDIA)
Sostenerse por casi cincuenta años en la música vallenata es una admirable labor que la ostentan pocas agrupaciones de este ritmo folclórico.
Por eso  hay que ‘quitarse el sombrero’ ante el conjunto  ‘Los Playoneros del Cesar’, un grupo que pese al avance de las nuevas generaciones, todavía tiene el brío para montarse a las tarimas y devolver el tiempo con obras antológicas que abrieron el camino para que esta expresión musical hoy tenga el privilegio de ser una de las mas apetecidas en Colombia.

En esta gesta hay que destacar a dos figuras que vienen desde la misma fundación de la agrupación, y aunque los años han pasado y las tonalidades han cambiado, sus voces siguen despertando el delirio de quienes los escuchan: se trata de Rafael Sánchez Molina  y Néstor Martínez.

Su nacimiento
En 1965 nació este conjunto, conformado en un principio por el acordeón de Ovidio Granados y las voces de Luciano ‘Gullo’ Fragoso, Miguel Yaneth, Rafael  ‘Wicho’ Sánchez e Isaac Carrillo, posteriormente se vinculó Néstor Martínez.
“La perseverancia y el juicio es el secreto, antes los músicos éramos personas con disciplina esto tal vez es los que nos mantiene activos pese a los años” sostiene ‘Wicho’ Sánchez, quien aparte de vocalista fue fundamental en aportarle composiciones a las grabaciones de su grupo, como: ‘Campesina Ibaguereña’, ‘La Bogotana’,  ‘El Buey Mariposo’ ‘Penas Negras’, ‘La Bogotana’ entre otras,  las cuales todavía entona con el mismo sentimiento de los años mozos.
Néstor Martínez, el otro ‘titán’ de la historia playonera, plasma su ‘huella’ en el grupo como lo hacían los novillos en el playón de ‘Urbanito’ Castro, esta historia de Rafael Escalona, motivó a Martínez a componer el canto titulado ‘El Cimarrón’, que lo mantiene vigente en el folclor y que lo canta con ganas y fuerza en los entarimados.
Estos dos veteranos vocalistas son conscientes que la música ha cambiado y que su repertorio es más un aliciente a los recuerdos, que un incentivo a los movimientos corporales de los asistentes a los espectáculos, por eso les es de satisfacción que la gente no se mueva ante sus interpretaciones y que al final de cada pieza se desborden los espontáneos aplausos del reconocimiento al esfuerzo de sostener los pilares del folclor.
Los demás intérpretes generacionalmente más nuevos que Sánchez y Martínez, están amoldados al repertorio playonero y sincronizadamente brindan un concierto respetable.
Son parte de este referente histórico de la música, el acordeón de Marcos Jiménez y los percusionistas Alfredo Calderón, Wilson Peña, Hernán Padilla, todos dueños de una experiencia de rigor con muchos artistas vallenatos.
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William Rosado Rincones/VANGUARDIA