CARMEN DÍAZ LO BAUTIZÓ Y SU GARGANTA LO CONSAGRÓ

Por William Rosado Rincones |07/02/2020

La historia de la llegada a estas tierras preñadas de folclor, de Joaquín Cervantes, uno de los coristas más cotizados del vallenato, tiene episodios macondianos, como casi todo lo que está relacionado con este folclor. Su viaje no fue en la comodidad de un bus ni en automóvil alguno, su tiquete estaba reservado para un ambiente enmarcado en la carrocería de un camión maloliente en el que transportaban pieles de ganado que buscaban el rentable mercado de las curtiembres en Barranquilla.

Un chofer de apellido Smucker, quien lo veía diariamente cantando en el ferry de su pueblo, Salamina, Magdalena, le hizo la propuesta para que lo acompañara a Villanueva, La Guajira; el niño que apenas tenía 8 años, ni corto ni perezoso le dijo que sí.
Por eso, el día pactado, antes de que cantara el gallo, el muchacho ya había saltado la cerca de su casa y se acomodó en el planchón donde solían montar los salpresos cueros que emanaban hedores infernales de un camión que llevaba el llamativo letrero de “Sin Dios no hay Nada”.

Atrás había quedado Salamina, con su olor a fango del río Magdalena en donde asomaban orondos las trompas de los caimanes, en donde los pescadores atarrayaban y anzuleaban su esperanza a merced de un golpe de suerte, o de las abundantes subiendas que tenían sus tiempos específicos, ese no era el ambiente que le acomodaba a Joaquín, por eso se embarcó sin saber para donde iba.
Al llegar a tierra guajira, los amigos y familiares del conductor le preguntaron que quién era ese muchacho, él les comentó que era un pelao que se ganaba la vida cantando en el ferry, y que lo había traído para que lo acompañara, enseguida lo foguearon y sorprendidos los que lo escucharon, entre esas una hermana del compañero de viaje, pidió que no lo trajera más a su pueblo que se lo dejaran a ella.

Así fue, el nuevo hogar y familia de Joaquín eran los Smucker, los que vivían en el barrio el Cafetal de Villanueva, La Guajira; allí, Joaquín se encontró con una camada de muchachos que estaban enrolados con la música vallenata porque sus padres eran músicos, tal es el caso de los Zuleta, Los Romero, de los cuales se hizo amigos.
CARMEN DÍAZ LE CAMBIÓ EL NOMBRE
En esa vecindad vivía Carmen Díaz, la mamá de los hermanos Zuleta, esposa del maestro Emiliano Zuleta Baquero y quien se encariñó con el muchacho, que la deleitaba con sus cantos, hasta que lo convenció para que se fuera a vivir a su casa, cuando eso Joaquín se rebuscaba cantando en los colegios.

La propuesta le sonó porque iba a estar más cerca de Emilianito, el hijo mayor de Carmen y Emiliano Zuleta de quien se hizo amigo y con eso se empaparía más de la música, lo que se fue fortaleciendo con otros aficionados como Beto Murgas, Chongo Rivera, los hermanos Romero entre otros. A partir de ese momento el nombre de Joaquín desapareció, Carmen Díaz, con su ojo visionario para la música, lo bautizó artísticamente como ‘Jhony Cervantes’, y así se sigue llamando hasta estos días.

El joven creció, la fama de buen cantante se regó como pólvora, y un buen día lo escucharon cantando unos músicos del grupo de los hermanos Rojano de Fundación y se lo llevaron, la fama de ‘Jhony’ ya era conocida, de ahí que, un dueño de orquesta llamado Lucho Sarmiento se enamoró de su voz y se lo quitó a los Sarmiento, y así fue pasando de mano en mano, entre estas, Hugues Maya y Néstor García.
El maestro ‘Reyes’ Torres toda una autoridad en la música tropical y dueño de la mejor orquesta de los años 60 y 70 en Villanueva y Valledupar se lo llevó a sus toldas, en donde demostró toda su capacidad como vocalista, era para entonces solo cantante de música orquestal, pero el vallenato le estaba guardando el puesto que lo lanzaría al estrellato como corista, en donde obtuvo mejor brillo que, siendo líder en la vocalización de las bandas y orquestas.

ENTRADA AL VALLENATO

“El momento se dio cuando yo le recomendé a un bajista al que llamábamos ‘Calilla’ a Reyes Torres, quien entró a trabajar con nosotros, pero duró poco tiempo y se fue. Una vez para unos carnavales, estábamos tocando en un sitio en Valledupar, y terminamos temprano, y el maestro Reyes me dijo vamos a otra caseta que allá está Alfredo Gutiérrez, y allí me encontré con ´Calilla’ que estaba trabajando con ese grupo. De inmediato llamó a Alfredo y me lo presentó y le dijo que esa era la voz para los coros que necesitaba, de inmediato arreglamos y me fui con Alfredo, pese a la rabia que le dio a Reyes Torres” recuerda Jhonny.

Desde ese momento comenzó a figurar como la primera voz más afinada del vallenato y quien además solía hacer animaciones que se volvieron atractivas en los trabajos de Alfredo Gutiérrez, como esta en el tema ‘La muerte de Abel Antonio”: “Ay Abelito, te fuiste para siempre papi tan lindo como tocaba, pobrecita Juana Montes, oigan su llanto desolado, quien iba a creer que ella era la que la traía los tabacos al pollo”.

Con Alfredo Gutiérrez duró 17 años, pero inexplicablemente, dice que, le cogió rabia a tal punto que es capaz de pasar por encima de él y no lo saluda, y la tiene como una de sus épocas más gloriosas artísticamente, pero en la que peor le fue económicamente. En cambio, habla bien de Jorge Oñate y lo cataloga como el mejor patrón, y con quien también pasó momentos estelares con los hermanos López, con quienes compartió 5 años de trasegar.
De ahí en adelante militó con muchas agrupaciones y participó en infinidades de grabaciones como ‘Cuna Pobre’ con Calixto Ochoa, en donde el sello de su primera voz marcó hitos, hasta que los años comenzaron a cobrar los réditos del comportamiento, del cual manifiesta que el suyo fue sano, solo trago, nada de otros vicios.“probé la marihuana una vez y me fui en vómito” recuerda este corista histórico del folclor, quien admite que, buenas mujeres si pasaron por su vida.

Reconoce como buenos coristas a Juan Piña, al fallecido, Jairo Serrano, ‘Nacho’ Paredes, Marcos Díaz. “Pero el papá de todos fue Ángel Fontanilla, un corista berraco”, sostiene Cervantes, quien anduvo en su peregrinar con la orquesta, El Super Combo Los Tropicales de Venezuela, pero nunca alcanzó a grabar con ellos.

‘Albita’, ‘La Monterrubiana’, ‘La Samaria’, ‘Socorro la Momposina’, ‘Eres tú’, Carmencita, ‘María Vergara’ son algunas de las composiciones de la autoría de Joaquín Pablo Cervantes Osorio, su nombre de pilas, y quien cabalga en los 88 años, pero a pesar que lo aqueja el mal de Parkinson, no quedó desamparado como muchos músicos de su temporada, porque hoy goza de las regalías que le producen esas obras, además, de lo que le genera Acinpro, con eso dice vivir dignamente en su pueblo, Salamina, a donde se devolvió después de haberse volado un día de octubre en medio del aroma de los cueros de vacas de aquel camionero que le cambio la vida, trayéndolo como dice él, a la tierra prometida.

William Rosado, el alfarero de las letras

Por José Antonio Atuesta Mendiola

 “Gladiadores del Folclor” es el título del próximo libro del periodista, locutor, decimero y escritor William Rosado Rincones (Abril 1960- Mayo 2021), que ya está en proceso de edición. Tuve la fortuna de celebrar las bondades de su amistad y sus logros personales y académicos. Me dio el honor de escribir el prólogo, y quiero compartir con los lectores algunos fragmentos.

 En su nativa Valencia de Jesús, las manos infantiles de William Rosado Rincones aprendieron los secretos de amasar el barro para hacer ladrillos; con la debida precaución de contarlos al final de la jornada, decide marcarlos con una letra para distinguirlos de los otros alfareros. Cada día los marcaba con una letra diferente.  Y como se distraía en sus sueños de ser periodista y escritor, sus compañeros de faena lo bautizaron «El alfarero de las letras».

Con paciente perseverancia y disciplina de trabajo nos presenta este libro, en donde describe a un grupo de hombres luchadores en innumerables batallas por la defensa de la música vallenata. El primero de los gladiadores es Alberto Fernández Mindiola, su nombre figura en la génesis del canto vallenato y de otros ritmos caribeños. Fue el primero en grabar la canción ‘Te olvidé’, en 1954, que se convierte en himno oficial del carnaval de Barranquilla. En la década del 60 popularizó los cantos de Rafael Escalona, con el conjunto de guitarras de Julio Bovea. Vale decir que Valledupar está en deuda con este artista. No hay que esperar su muerte para hacerle el merecido homenaje.

Hago una breve digresión para contar que mi admiración por este cantante empieza en diciembre de 1962, cuando mi madre Juana Mindiola, maestra de Mariangola, llega de Valledupar con el álbum ‘Los Cantos vallenatos de Escalona’, y dijo orgullosa: “Aquí canta mi sobrino Alberto Fernández Mindiola, hijo de mi hermana Beatriz y Luisito Fernández, la tarde será para escuchar estas canciones”. Tenía yo nueve años, y mientras escuchaba ‘La casa en el aire’, miraba el cielo buscando en las nubes la casa de Escalona.

Prosigo. Entre los compositores que dan vida a estas páginas, se mencionan: Armado León Quintero, el rapsoda de las montañas de Codazzi, memorable surtidor de anécdotas en las parrandas de Bogotá –década del 60–, muy celebrado por amigos cómplices: Víctor Soto, Pablo López y Pedro García.  Su canción de mayor éxito, ‘Amor ausente’, grabada por Calixto Ochoa y después por Diomedes Díaz.

 Crispín Rodríguez, locutor y compositor de fina melodía y exquisita poesía. Su primer éxito ‘El bello castillo’, en la voz de Jorge Oñate y el acordeón de Miguel López. Su tema más popular, ‘Bajo el palmar’, que lo canta Diomedes Díaz con Colacho Mendoza. Idelfonso Ramírez Bula, autor de ´Rosa Jardinera’, grabada por Jorge Oñate con Miguel López. Apenas le grabaron nueve canciones, y fueron suficientes para demostrar que el artista vale por la calidad de su obra, no por la cantidad. Gustavo Gutiérrez Cabello, padre de la lírica vallenata, que en Valledupar vive, canta sus romances de ternura y cabalga en los paisajes de arreboles y de luna.

Resalta asimismo compositores que con metáforas de acento vegetal y perfume de río cantaron a la naturaleza y al amor: Nicolás Maestre, Juancho Polo Valencia, Luciano Gullo Fragoso y Nicolás Bolaño, compositor éste de ‘Como hacer una canción’, grabada por Armando Moscote y Norberto Romero. Una manera didáctica de explicar que, en el artista, el proceso creativo no procede de los afanes, sino que tiene sus momentos y sus razones.

BLOG DEL AUTOR: José Antonio Atuesta Mendiola
Cel: 3015734205

LA ÚLTIMA CRÓNICA QUE LEYÓ EL PERIODISTA WILLIAM ROSADO

Crónica

El periodista, locutor y presentador del Festival de la Leyenda Vallenata dejó su ejemplo de amor al oficio, a su tierra Valencia de Jesús, y al folclor-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Como en la canción ‘Sueño triste’ de Calixto Ochoa, en esta ocasión el periodista William Francisco Rosado Rincones, no pudo convencer a la muerte que lo dejara vivir otros años, y se lo llevó una mañana de esas donde las lágrimas fueron rocío en los rostros de miles de personas que lo quisieron con el alma.

El periodista, escritor, locutor, presentador, docente y compositor según el reporte entregado por el centro médico murió el 11 de mayo de 2021 a las 3:15 de la madrugada.

Se le apagó la vida al hombre noble, bueno y hecho para triunfar, pero días antes a William Rosado, se le solicitó leer y entregar su concepto sobre una crónica que había surgido referente al propósito logrado por la mujer indigena Teodolinda Gastelbondo Pertuz en su lucha por adquirir tierras para su etnia y no estar deambulando por distintos pueblos. Aceptó, leyó y respondió.

Nunca se olvida aquel lunes 19 de abril, cuando después de leer la crónica ‘La dura lucha de Teodolinda por la dignidad de su pueblo Chimila’, conceptuó: “Muy buena sin tanto recoveco, sencilla, pero con un mensaje claro y directo”.

Lo que no dijo el periodista era que la protagonista de la historia se parecía a él, por las constantes luchas, por la fe y por nunca doblegarse ante nada.

William Rosado puso de luto al periodismo de Valledupar y la región

El amor por la radio

Hace un año con motivo del aniversario número 57 de haber salido al aire Radio Guatapurí William Rosado hizo un relato de este gran acontecimiento aprovechando para contar su amor por este medio. Así escribió.

“Al lado de mi madre Francisca Rincones Bravo, en Valencia de Jesús, le ‘curucutiaba’ su radio Phillips de teclas para ver el hombre que hablaba y cantaba dentro de ese receptor.

Fueron muchas las preguntas que se diluyeron en mi mente infantil, sin que nadie me explicara ese fenómeno: “Es un hombre metido que está ahí”, me decía mi progenitora.

Eso era suficiente para calmar mi curiosidad, pero a la vez me complicaba la imaginación: ¿y a qué horas come y toma agua?, con esa disyuntiva me dormía y despertaba.

Así fuí creciendo apegado a las faldas de una mujer que nunca apagaba su radio, tampoco olvidaba las pilas Eveready blancas que compraba por cajas porque eran más baratas que las rojas, y ya cuando se le agotaban las ponía al pie del fogón para recargarlas mientras venía a Valledupar a comprar más.

Me volví un oyente obligado de Radio Guatapurí, la pasión de mi madre por las noticias y la música no tenía fin, y poco a poco fui identificando voces y programas. Era una seguidora de Huber Claro Quintero y su famoso programa de una firma de pólizas, ‘Clubes la Costa’ en donde recuerdo se ganó un radio más moderno de color gris que reemplazó al negro de teclas”.

William Rosado, cumplió su sueño de presentar desde Valledupar el vallenato para todo el mundo

William, el mundialista

El año pasado con motivo del 53° Festival de la Leyenda Vallenata virtual a William Rosado se le contactó para que presentara el concurso de canción inédita vallenata.

Lo primero que preguntó fue el valor del pago, pero antes se le comunicó que lo iban a ver en todo el mundo, de cuerpo y voz, porque la trasmisión televisiva estaría a cargo de La Caja de Música Live.

Ante esa razón manifestó. “Vea, hasta gratis se hace el trabajo para que me vean en la Conchinchina”.

Al tercer día cuando concluyó la trasmisión estaba feliz porque había recibido mensajes de muchas partes del mundo. Así era el William Rosado, quien nunca escatimó esfuerzo para difundir la música vallenata y escribir de Calixto Ochoa, un libro y una cantidad considerable de crónicas.

Un día muy triste

En el escenario de la tristeza del alma estaba su compadre, colega y amigo Edgardo Mendoza Guerra, quien no encontraba las palabras precisas para dibujar el dolor que sentía. Ante esto escribió.

“No me sorprende para nada cuanta gente te quiere y te recordará. Con ellos y con todos pasaste tus días por esta tierra, cuyos caminos aprendieron tu voz y tus sueños, algunos cumplidos, otros iniciados, algunos soñados como tantas cosas que no hacemos, pero hasta el final las llevamos en nuestros planes como si fuéramos a vivir siglos.

La vida es una brizna en las manos de Dios. De usted, querido compadre, aprendí esa frase, siempre que partía alguno de los tantos seres que tuvieron su amistad y cariño.

Me quedan cien mil recuerdos, mil alegrías, mil sonrisas, mil historias, algunas tan nuestras que cuesta creerlas, y ahora me toca convencerlos solo, cuando no ha sido mi habilidad.

Te lloré un río, o mejor dicho muchos ríos compadre del centro de mi corazón William Francisco Rosado Rincones”.

Adiós al paisano querido

Al casi llegar las horas de la tarde las canciones de Calixto Ochoa sonaban en su honor cuando el féretro hacía su recorrido por las calles de Valencia de Jesús, ese querido pueblo que lo había visto nacer 61 años, un mes y un día atrás.

Allá quedó sepultado el hombre donde estaban sembradas sus alegrías, esas mismas que abanicaron su corazón hasta lograr muchos objetivos y dejar huellas en las arenas del tiempo.

En el cierre de la crónica las letras se fueron agotando porque las lágrimas cubrieron de tristeza el portal del sentimiento. Ante esto era mejor quedarse con su sonrisa dormida en el recuerdo.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

Valencia de Jesús despidió al periodista William Rosado Rincones

El locutor, docente e investigador cultural murió la madrugada del 11 de mayo por secuelas del covid-19.

Con las canciones ‘Charanga campesina’ y ‘Los sabanales’, del juglar vallenato Calixto Ochoa, fue sepultado en el corregimiento de Valencia de Jesús el comunicador social, docente, investigador cultural y locutor, William Rosado Rincones, tras fallecer la madrugada del 11 de mayo en Valledupar. El féretro fue recibido con una calle de honor y banderas de Colombia por parte de sus paisanos que salieron a las calles a darle el último adiós.

El reconocido locutor, de 61 años, estaba hospitalizado en la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, de una clínica de la capital del Cesar desde hace varias semanas al presentar complicaciones en su estado de salud, luego de que fuera diagnosticado con covid-19. 

Rosado Rincones era oriundo del corregimiento de Valencia de Jesús, jurisdicción de Valledupar, y se definía como una persona “extrovertida, amante del folclor vallenato, divertido y parrandero”, como lo reveló en una entrevista que concedió a la periodista Lina Castelar, donde habló de sus inicios en la radio, su familia y su amistad con el también periodista Edgardo Mendoza.

En los 25 años de experiencia en su oficio hizo parte del equipo de varios medios de comunicación como Radio Guatapurí, Cacica Stereo, La Voz del Cañaguate, Vanguardia Valledupar, Caracol Radio, Radio Reloj, El País Vallenato y Diario del Cesar, entre otros.

Además, su conocimiento por el folclor vallenato lo llevaron a ser jurado de la categoría de acordeoneros infantiles en el Festival de la Leyenda Vallenata, así como su presentador oficial. También escribió la biografía de Calixto Ochoa, ‘El mundo de Calixto’, el cual describió como un compromiso con su pueblo, con el juglar vallenato y con él mismo.

William Rosado Rincones era considerado por sus colegas como un maestro de la radio y una persona servicial, tal como lo describió su amigo, el periodista Ramiro Gutiérrez, quien tuvo la oportunidad de trabajar con él durante 11 años en La Voz del Cañaguate.

William como periodista fue lo mejor; era un excelente escritor, tenía una gran voz. Para mí particularmente la mejor voz de lectores de noticias de los últimos tiempos acá en nuestro medio, y como amigo se caracterizaba siempre por su jocosidad, siempre tenía un apunte inteligente para hacerlo reír a uno y con Edgardo Mendoza logramos una gran amistad de cerca de 40 años”, expresó Gutiérrez.

Recordó también que junto a Edgardo Mendoza lo acompañaron en la construcción de su casa en el barrio Villa Miriam, al sur de Valledupar. “La primera piedra para la construcción de su vivienda en Villa Miriam la llevamos él, Edgardo Mendoza y mi persona; fuimos los que lo ayudamos y empezamos a hacer esa casa sin saber de eso y era una jocosidad todo el tiempo. Éramos tres jóvenes y hacíamos algo agradable porque él lo hacía así con su jocosidad”, añadió.

Por último, dijo que la mejor forma de recordar a William Rosado es haciendo periodismo serio y ser buenas personas, tal como él lo era: un hombre servicial y responsable con su trabajo.

Por su parte, su colega y amigo de más de 30 años, Edgardo Mendoza expresó: “Y no pudo más amigo de mi alma; tantos años que hoy parecen pocos, tantos momentos siempre felices, falló tu gran corazón. Queda el recuerdo en nuestras familias y colegas de periodismo vallenato. Cuánto dolor compadre. Imposible olvidarte”.

Entre tanto, su hijo Jorge Rosado en su cuenta de Twitter escribió: “Se me fue mi orgullo, mi ídolo, esa persona que no fue duro con nadie; de hecho, fue muy noble, diferente a lo que se veía físicamente, eso sí, grande espiritualmente como familia, como profesional, cómo amigo. Adiós mi rey, hiciste tu labor aquí en la tierra”.

En Valledupar el gremio de periodistas lo despidió con un sentido homenaje a las afueras de Radio Guatapurí, hasta donde llevaron el carro fúnebre con sus restos mortales. Además, dejaron ramos de flores en la entrada de la emisora para honrar su memoria.

REACCIONES

Paúl Bolaños: Mi corazón dolido por la triste partida de William Rosado Rincones, un periodista brillante, un hombre alegre, buen amigo, parrandero, compositor y cronista de nuestro folclor vallenato”.

-Fundación Festival de la Leyenda Vallenata: “El periodismo vallenato está de luto por el fallecimiento del periodista, escritor y locutor William Rosado Rincones, quien prestó invaluables servicios al folclor vallenato. Paz en su tumba”.

-Mello Castro: “Profundo dolor me genera la partida de William Rosado, un gran periodista de Valledupar, escritor, docente y por sobre todas las cosas un gran ser humano, padre, esposo y amigo. Para todo el gremio periodístico mi más sentido pésame. Dios acoja a William en su reino”.

-Rolando Ochoa: “Con profunda tristeza hemos despedido a este gran amigo, gran baluarte de la radio. La verdad es que Willy aparte de ser un gran exponente de la radio, era un gran ser humano, una persona con un corazón noble y sentía un cariño muy especial porque era seguidor de mi padre y fue una persona que siempre admiró la historia de mi papá”.

POR: CARMEN LUCÍA MENDOZA CUELLO/ EL PILÓN.

DÉCIMAS A WILLIAM ROSADO RINCONES

Por José Atuesta Mindiola

I

Todo el amor por Valencia
William lo llevó en la piel,
fue un caballero fiel
con la luz de su existencia.
El edén de su querencia,
Valencia su pueblo amado,
porque allí fue bautizado
como hermano Nazareno,
en la fe hombre sereno,
cariñoso y recatado.

II

En la amistad y el amor
siempre fue un hombre listo;
de los cantos de Calixto
un amante seguidor.
Estudioso del folclor
de esta tierra de cantores,
conoció los albores
de juglares repentista;
un grande folclorista
con merecidos honores.

III

De tristeza y de pesar
acordeones en conciertos,
en el alma hay un desierto
la muerte nos hace llorar.
Valencia, Valledupar,
todos los corregimientos
expresan sus sentimientos
igual que sus amistades;
grandes fueron tus bondades
faroles del pensamiento.

IV

El dolor de su partida
en un gris amanecer,
por la ausencia de su ser
la familia adolorida.
En el fondo de la vida
la muerte luce su velo,
porque somos de este suelo
los humildes peregrinos;
para el cristiano el destino
es habitar en el cielo.


BLOG DEL AUTOR: José Antonio Atuesta Mendiola
Cel: 3015734205

WILLIAM ROSADO, GRAN FOLCLORISTA

Por José Atuesta Mindiola

William

I
En Valencia Juan Rosado
pidió a Francisca Rincones
que unieran sus corazones,
tiernamente enamorados.
Su hogar siempre respetado
humilde y agradecido,
y entre sus hijos queridos:
William el gran locutor,
periodista y escritor,
y un amigo distinguido.

II
William Rosado Rincones
bajo la luz de un candil
en una noche de abril
recibe mil bendiciones.
Abrigado de oraciones,
su valor filo de espuela
para el trabajo y la escuela:
la honradez eterno brillo,
laboró haciendo ladrillos
y en las ventas de arepuelas.

III
Todo el amor por Valencia
William lo lleva en la piel,
Porque siempre ha sido fiel
con la luz de su existencia.
Es edén de su querencia,
Valencia su pueblo amado,
porque allí fue bautizado
como hermano Nazareno,
y en la fe es hombre sereno,
cariñoso y recatado.

IV
En la amistad y el amor
William es un hombre listo,
de los cantos de Calixto
es amante seguidor.
Estudioso del folclor
de esta tierra de cantores
y conoce los albores
de juglares repentista;
es un gran folclorista
con merecidos honores.

William y Calixto

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola