La profesionalización de jóvenes músicos aficionados, gestores en los años 1990 de una nueva ola en el proceso histórico del rock nacional, devino al final de la década y con mayor vehemencia entrado ya el siglo XXI, en una “migración” al ámbito del pop latino, en el que descollaron importantes figuras de origen colombiano.
Entre otras, Marbelle, Maia, Andrés Cepeda, Shakira, Ilona y para el caso puntual de esta nota, Fonseca, conformaron sus agrupaciones con base en músicos que pocos años atrás habían cocinado su talento en la escena underground coronada en el festival Rock al Parque.
El trabajo discográfico “Corazón” (2005) de Juan Fernando Fonseca, por ejemplo, contó en varias canciones con la participación del guitarrista Alejandro Gomescasseres, quien había conformado la agrupación “Ciegos sordomudos” y desfiló durante varios años como integrante de los “Aterciolepados”. En el mismo disco, aunque solo en una canción, participó el bajista Juan Carlos Padilla, quien sin embargo fungía como director musical de la banda que por entonces acompañaba los conciertos de aquella brillante estrella del llamado “tropipop”.
Juan Carlos Padilla, virtuoso intérprete del bajo, compositor, arreglista, productor, músico integral de formación autodidacta, es en la actualidad capaz de desenvolverse con soltura en el rock, el pop, el jazz y la llamada música erudita o clásica. Pero en principio, como muchos aquellos que nacieron a lo largo de los años 1970, su corazón se entregó al rock y en el ocaso de los 80 alcanzó cierta relevancia la primera formación de su grupo “Bangladesh”, con el que transitó en bares y pequeños conciertos de la capital hasta 1997 cuando publicaron su único disco, “Queso parmesano”.
Radical, al ver la mencionada migración de sus colegas, Padilla se negó a seguir aquellos pasos y denigró de los mismos, sin conocer aún el sabor de las palabras que pocos años adelante tendría que masticar con calma. La calma que le daba haber emprendido nuevos rumbos durante el primer lustro del siglo, que le llevaron a profundizar en el jazz junto a su grupo “Phainos”, a la par con el cultivo del rock con la banda “Ardila Lunch”. De manera que se consideraba un músico maduro al momento de aceptar la dirección musical de la banda de Fonseca, de la que, no obstante, desistió a los pocos años, en lo que el mismo músico considera “una ruptura de carácter ideológico”.
Con la publicación del disco “Danza mestiza”, Padilla tomo parte del interés experimental con base en patrones rítmicos del Caribe colombiano y el jazz, al abordar una instrumentación poco común en el contexto colombiano: saxofón, bajo, batería y percusión (conga y tambor alegre). Ese disco hace parte de un conjunto variopinto de aportes plasmados en discos como “Prueba y error” de Andrés Correa, “Sala de espera” de María Vanedi, y “Naoh”, disco a nombre de Gina Savino y su cuarteto, constelación de cuatro grandes músicos colombianos: Padilla en el bajo, Jaime Andrés Castillo en la guitarra y Pedro Acosta en la batería, a más de la encantadora vocalista.
Juan Carlos Padilla es una sorprendente figura musical, lejana del brillo estelar pero de imponente e ilustrativo desempeño en diversos frentes de ese difuso ámbito musical denominado independiente. La solidez de su formación musical y filosófica, hacen de él uno de los grandes desconocidos músicos colombianos.
Un resumen en su vida en Grandes Músicos Colombianos. Domingos 10 am – 12 m. Repetición martes 10 pm – 12 am. Radio Nacional de Colombia, colombiología al aire.
JOSÉ PERILLA
