Diomedes Díaz ha vivido una serie de percances de los que ha salido airoso muy a pesar de lo complicado de algunos, lo que hace pensar que ‘El Cacique’ es un hombre de suerte.(Foto: Archivo/VANGUARDIA)

Diomedes Díaz Maestre es un hombre de suerte; emerger de un poblado desértico en el sur de La Guajira, en donde su primer trabajo era cuidar chivos para luego instalarse en el corazón de un pueblo que le dio fama y dinero a través de su aporte musical, es sin dudas una clara razón para pensar que es un ser blindado por los dioses, tal y como lo ha cantado: “Pero me acompañó la suerte”.

Para escribir sobre la vida de Diomedes hay que detenerse un largo rato, en unos episodios donde esa suerte ha cambiado el sabor de las mieles del triunfo por el trago amargo de las vicisitudes que lo han tambaleado, pero es ahí cuando parece haberle ‘alquilado’ una estrofa a un tema  de su paisano Máximo Móvil: “yo me siento lo mismo que un laurel que a nacido a la orilla del Cesar, la corriente lo puede tambalear, se sostiene y no se deja caer”.

Los momentos de placer de ‘El Cacique’ son inversamente proporcionales a los ratos en los que la vida lo ha llamado a un ‘puyengue’ disciplinario, como para indicarle que los extremos en las celebraciones no son buenos y que hay que pararse a meditar; en efecto, éstos últimos  tienen una tendencia  que indica que en la balanza hay instantes en que se equiparan la felicidad y  las penas.

Tres décadas cantando
En ese trasegar de más de tres décadas  en el plano folclórico, Díaz Maestre ha tenido momentos en los  que le ha tocado ‘bailar con la más fea’, pero son ocasiones  en las que  su ave fénix se levanta y sigue su aleteo cuando muchos creían ver esparcidas las cenizas, a muchos les hace pensar esa recuperación, que Diomedes ‘tiene las siete vidas del gato’.

Esta expresión popular del refranero acuña perfecta con el reciente accidente sufrido por el artista, donde nuevamente “la muerte tiene que esperar, porque  nos es tanto que uno se muera, sino lo que dura muerto” como lo ha expresado.

Esa serie de  incidentes físicos y sociales por los que ha pasado ‘el hijo de Carrizal’, comenzaron desde los inicio de su carrera, cuando le tocó sufrir en carne propia la partida de su tío Martín Maestre, con quien dio sus primeros inicios en la música, en esa ocasión su primer carro, una camioneta Ranger, colisionó con un montículo en la vía a su pueblo y allí pereció su mentor: Diomedes salió ileso.

Muchos años después, la muerte no le entregó ‘tiquete’ en el fatídico viaje en el que tres de sus compañeros de grupo, Juancho Rois, Rangel Torres y Eudes Granados, fallecieron en un percance aéreo en una presentación extra que realizarían aprovechando una gira con el cantante por Venezuela.

Lío jurídico
Pero sería la extraña muerte de una de sus seguidoras, Doris Adriana Niño, el golpe que más puso a tambalear su carrera, cuando debió enfrentar un duro proceso donde la sanción moral sería más punzante que la decisión de los tribunales, en ese trance estuvo en ocasiones fugitivo y después detenido, una tensión que lo llevó a otro ‘concierto’ adverso: La enfermedad del Guillan Barré.

Esa serie de traspiés en su vida lo llevaron a componer una de las letras donde replica su angustiosa experiencia:
“En una cárcel lejana donde quedé reseñado,
allí estuve sindicado por una mala jugada,
después caí en una cama por mas de un año acostado,
pero aquí estoy parado con mi fanaticada
Me fue posible cantar después de tanto dolor,
con un poco de emoción que hace tiempo no sentía, ay,
te doy las gracias, Señor, por darme sabiduría,
no quedé solo ni un día y eso fue lo mejor,
también te pido perdón y la bendición sagrada
pa esta gente que me quiere y que yo quiero con el alma”

Otra etapa
Superado ese impase comenzó una segunda etapa de su carrera para tratar de recuperar el espacio que había dejado huérfano, para además fortalecer su pecunio el que había sufrido un duro resquebrajamiento, por la parálisis y los pagos a la defensa que asumió su caso.

Estando en ese intento, lo sorprende otra enfermedad que obligó una intervención quirúrgica para corregir unas fallas cardiovasculares y de ahí también se paró cuando muchos temían lo peor.

Esta es la camioneta en la que se transportaba ‘El Cacique de La Junta’ en el reciente percance que por poco le cuesta la vida cuando se dirigía a una de sus propiedades al norte de Valledupar. Al final después de el diagnostico de varias costillas rotas, se recupera en Bogotá. (Foto: Archivo/VANGUARDIA)

Ahora una vaca o el estallido de una llanta casi que lo manda a ‘Las Nubes’ para siempre, pero otra vez su Virgen del Carmen lo cubrió con su manto muy a pesar de que no le comprado ni un ladrillo para la iglesia que prometió construirle, si lo paraba de la cama donde lo postró el Guillan Barré.

En fin, Diomedes sigue siendo un ídolo con suerte, tanto así que dice se le puede cumplir un aparte de su primer disco grabado en el año 1977:

Si no nos mata una peste
nos vamo’a morir de viejos
nos vamo’a morir de viejos
si no nos mata una peste
si no nos mata una peste
nos vamo’a morir de viejos”.

Publicada por
WILLIAM ROSADO RINCONES/VANGUARDIA