DESDE LA BARRERA

RODRIGUEZ-GUSTAVO-2¡Pobre Colombia!

Por Gustavo Rodríguez Gómez

Alguna vez se decía en esta columna que el territorio que ocupa lo que hoy es  Colombia, siempre ha estado en guerra: desde cuando llegaron los españoles hasta nuestros días, la violencia se ha enseñoreado del suelo patrio.
Pero esa no es la única calamidad que sufre o ha sufrido el país; también ha sido presa de la corrupción administrativa y de su hija bastarda, la impunidad. El narcotráfico ha sentado sus reales aquí; las guerrillas (antiguas y nuevas), el paramilitarismo (de antes y de ahora), la violencia estatal (perenne), el feudalismo (de antaño y de hogaño), la continua depredación ambiental, la consuetudinaria indolencia de gobernantes, legisladores y jueces, y hasta la misma pasividad del común de las gentes, han logrado que Colombia sea un país con una desigualdad social aberrante, con un maltrato infantil abominable, con una violencia intrafamiliar galopante, etc.
Aquí, en Colombia, hay leyes para todo lo imaginable, pero las argucias de los litigantes dan al traste con las buenas intenciones de las mismas.
Las reformas tributarias sólo buscan cargar impositivamente al asalariado, a la mediana y a la pequeña empresa; en tanto que a los grandes monopolios comerciales e industriales, el mismo Estado les ayuda a evadir la responsabilidad del gravamen.
En el área de las pensiones, el asunto no es mejor, pues una minoría privilegiada (el 0,1%) tiene asegurada una gran mesada que equivale al 80% del valor total del pago de jubilaciones mensuales, mientras que el 99,9% restante sobrenada con pensiones que oscilan entre 1 y 4 salarios mínimos y recibe en total solamente el 20% restante. Además, en Colombia  existen, cerca de cinco millones de colombianos de más de 60 años de edad, que carecen de este derecho.
Adquirir vivienda a crédito, se ha convertido en un calvario; ya que los tres únicos bancos que existen en Colombia (los demás fueron absorbidos por éstos), condenan a sus clientes a pagar, de por vida, mensualidades que poco abonan al capital, gracias a las argucias de los legisladores.
La justicia en ocasiones sube la venda que tapa sus ojos en pos de la imparcialidad, para así poder sesgar sus decisiones en razón del mejor postor, y no de la equidad que debe regir sus actos.
Y, así, podríamos seguir desenrollando esta madeja de casos y de cosas que mantienen a la nación en un ir y venir de tumbo en tumbo, que cada día apabulla a la  mayoría de sus habitantes.
Como si fuera poco, el Senado reelige al peor procurador que ha tenido el país: un individuo que exonera a amigos y conmilitones y sanciona a sus oponentes, propios o de su amo de turno y, además, pretende volver confesional la Constitución Nacional, hasta llegar a convertir el pecado en delito.
Mientras tanto, los de siempre, lloran como nenas lo que no supieron defender como hombres: la posesión del mar territorial frente a Nicaragua y, ahora, pretenden que Colombia desconozca el fallo de La Haya, después de haber perdido hace años el derecho a no ir a litigio; pues cuando en el 2007 Uribe podía denunciar el Pacto de Bogotá, se negó a hacerlo.
Consecuentemente, ¡Pobre Colombia!

Valledupar, 4 de diciembre del año 2012/El Pilón
grg1939@yahoo.com

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