colombia-pazBogotá, 18 dic (PL) Mil 200 representantes de la sociedad civil colombiana dan continuidad hoy al foro de desarrollo agrario integral (enfoque territorial), un diálogo abierto y plural, sostenido por quienes viven la realidad rural cotidiana, sus problemáticas y contradicciones.

El tema corresponde al primer punto de la agenda abordada en La Habana, Cuba, en la mesa de diálogo entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, con la tierra como eje central y causa generadora del conflicto armado que perdura en el país desde hace casi medio siglo.

La sociedad civil como protagonista de un ejercicio de paz, cuyo saldo alimentará y enriquecerá las conversaciones entre las partes, se trata del primer mecanismo de participación ciudadana propuesto por la mesa de conversaciones bilaterales.

La tierra como elemento central enfocado desde una mirada múltiple que, en opinión de sus participantes, derivará en líneas de consenso para construir una paz con justicia social, tangible y duradera.

«Estamos convencidos de que la sociedad colombiana sentirá el peso de esta responsabilidad y mostrará su capacidad de dialogar y superar diferencias mediante el diálogo», dijo la víspera, al inaugur el foro, el representante de las Naciones Unidas en Colombia, Bruno Mora».

A ese organismo y a la Universidad Nacional (UN) se les confió la responsabilidad de diseñar un evento en el que sectores de la sociedad pudieran discutir y presentar propuestas y visiones concretas del desarrollo rural integral.

De ahí la participación de organizaciones campesinas e indígenas, de afrodescendientes, de víctimas y desplazados, partidos políticos, movimientos políticos y sociales, grupos defensores de derechos humanos, ongs, sindicatos, programas de desarrollo y paz, iniciativas nacionales y regionales de desarrollo y paz, iglesias, sectores juveniles y gremios empresariales, entre otros.

En declaraciones a Prensa Latina, monseñor Héctor Helzo, de la Pastoral Social, afirmó que las iglesias de varias regiones del país conceden gran importancia al proyecto de construcción de una eventual paz futura, para la cual es preciso revisar primero a fondo y buscar soluciones al problema agrario y la extrema pobreza asociada a él.

Es indispensable, dijo, una propuesta de articulación de los diálogos en distintos niveles, y crear plataformas para los campesinos en un mundo globalizado. Hay que redimir al campesinado colombiano, marginado desde tiempos inmemoriales, opinó.

Heriberto Díaz, de la Mesa Nacional de Unidad Agraria (MUA), uno de los ponentes en el foro, manifestó que el campo necesita «políticas públicas que fortalezcan la institucionalidad del sector agropecuario y el apoyo a la economía campesina».

De acuerdo con el informe nacional de desarrollo humano del año 2011 realizado con apoyo de las Naciones Unidas y citado varias veces en el evento, en los municipios definidos como de alta ruralidad las personas con necesidades básicas insatisfechas ascienden al 74,66 por ciento.

Para sus habitantes, lo primordial es la soberanía alimentaria y la autonomía en esta materia, lo cual requiere, según la MUA, excluir al agro de cualquier Tratado de Libre Comercio.

Tal opinión la calzan estudiosos del tema, pertenecientes al Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la UN. «La experiencia demuestra que, cuando hay un TLC entre países con economías asimétricas, el hambre crece siempre en el país en desventaja, en este caso Colombia», sostienen.

El campo requiere una profunda reconstrucción, argumentan los representantes de la MUA, que debe encauzarse, a su juicio, mediante políticas que garanticen el acceso a créditos, comercialización de sus productos, educación y formación técnica, desarrollo de infraestructuras, producción y reproducción de semillas nativas, vivienda digna, agua potable y acceso a la salud.

Junto con eso, garantizar una protección especial al ambiente, que permita la recuperación de los campos y ecosistemas y libere a los territorios de cultivos transgénicos.

Para las comunidades de alta ruralidad, la paz solo es concebible de la mano del disfrute pleno de los derechos humanos. Solo de esa manera, plantean, «se pondrá fin a las múltiples causas y conflictos sociales, económicos y políticos que dieron origen a la confrontación armada».