Hay una constante heroica casi digna de un canto de gesta y es la que los Caciques que lucharon con denuedo por el almo terruño, aún después de la invasión-fundación fueron de la estirpe bravia Coyaima o Tupes.
Coroponaimo o Koroponaimo, el primero, en 1565, es decir, 15 años después de la fundación de Valle de Upar, tomó el poder y encerró al dominador hasta sucumbir.
Después, Konaimo o Conaimo, hijo mayor del anterior, en 1580, al mando de su emplumado y temerario ejército Tupe- Chimila tomó el mando del conglomerado. Su origen Tupero no admite equívocos. Y el célebre Francisquillo, el indiecito que tomado por los españoles y obligado a estar a sus servicios en Santa Marta, después de conocidas las tácticas, estrategias y secretos del conquistador, retornó a su lar nativo y se convirtió en el vengador de la raza dando numerosos asaltos y batallas y dio también muerte al propio Ambrosio Alfinger. El verraco indio también era Tupe Coyaima u Orejón.
Y PERIGALLO, el mas importante de todos por su condición de hombre de mando, de gobierno, de estadista se diría hoy, ya asentada a plenitud la dominación española, en 1616, se tomó el poder, estableció su gobierno independiente durante 4 años, único caso en América y fue necesario reunir tropas de todos los cantones, Cartagena, Riohacha, Santa Marta, Maracaibo y Chiriguaná para poder vencerlo y así muerto se les escapó, y se les metió a la historia de Colombia y de América.
Pero pongamos a conceptuar a los que vieron u oyeron sobre el teatro de los lejanos acontecimientos, acerca de la tribu de la cual suponemos depender.
Don Juan de Castellanos, el fecundo poeta cronista de la gesta española, hace la mejor descripción de esa raza Caribe:
“Hay dentro de Upar muchas naciones en lenguas y ritos diferentes pero todas de fieras condiciones y de estos son Los Tupes más valientes”.
“El Virrey Eslava en informe al Rey también confirma que “son los indios Tupes o Coyaimas los más terribles”. Y más cerca en los tiempos, el señor José M. Martínez en 1824 en informe al Gobernador de Santa Marta, quien lo solicitaba a petición del Vice-Presidente General Francisco de Paula Santander, ante los reclamos por asaltos y refriegas continuas que sindica a Los Tupes de estas tropelías: “Esta tribu de Los Tupes o Coyaimas que tanto dolor de cabeza dio a las autoridades coloniales y que obligó al Rey a gastar ingentes sumas de dinero”.
¿Cuál acto, cuál gesto, qué acción destacar en tan prolongado interregno? Yo escogería el del Cacique Perigallo, estudiado por Antonio Araujo Calderón y cantado, en casto de gesta, como la canción de Rolando, por Santander Duran Escalona, por haber tenido la osadía, la audacia y la avilantez, en plena dominación española, de haber formado en Valledupar, en nombre de la Nación Tupera, un Estado independiente, de 1616 a 1619.
Queremos hacer relevancia de que históricamente la tribu Coyaima, Tupes, Orejones o Tomocos tuvo más vivencia, mas incidencias en el periplo de Valledupar después de la conquista y recién iniciada la colonia, que la misma tribu Chimila. Su leyenda, aún la que se ha sincronizado con su folclor, como la del 29 de abril, nació de una acción tupera.
La canción del valor
De Santander Duran Escalona
Invoco a los espíritus del viento,
De la guerra, de la paz y el amor!
A las sombra de los antepasados
Y a la poesía futura de un cantor!
Para que cante la gesta de mi pueblo
Cuando no existía ni el eco de mi voz
Y hallan pasado los siglos y la historia
No sea contada por el conquistador.
Coro
Me sobra el valor
Para lanzar de esta tierra sagrada
Al blanco invasor
De voz guerrera y desafiante espada.
Sigiloso como el tigre en la llanura
He llegado, al frente de mi Nación
Soy Caribe, indio soy, de raza pura
Y conquistar Valle de Upar es mi ilusión.
Soy el último cacique de Los Tupes
Perigallo! El indomable! El gran señor!
El guerrero señalado por los dioses
Para hacer temblar de espanto al español!
Coro
Me sobra el valor…….
Entre hechizos anoche el brujo cantaba
Que ha surgido de la hoguera una visión:
Triunfaremos para ser ejecutados
Cuando dé su contra ataque el invasor.
No me importa si la muerte es mi destino
Solo ofrezco como herencia a mi Nación
El orgullo incomparable de ser libre
Aunque tenga que pagar con mi extinción.
Coro
Me sobra valor…….
Aníbal Martínez Zuleta/El Pilón

