La rueda de cumbia en Barrio Abajo sirvió como telón de fondo para un intercambio cultural sin precedentes.
Barrio abajo, diez y treinta de la noche. El tum, tum, tum, tum, rítmico y poderoso del tambó retumbaba con insistencia mientras un grito de gozo colectivo se dejaba sentir en medio de la algarabía ¡eeeeeeeeeeeee! Tum, tum… ¡guepajé, guepajé, ay ombe guepajé! Seducidos por el embrujo de las gaitas, las maracas, la flauta e’ millo y el guache, los danzantes ejecutaban el rito ancestral que invitaba al cortejo bajo la luz de la luna.
Tum, tum, tum. Su majestad la cumbia erigida como reina madre proclamaba su mandato, las polleras ondeaban al viento resistiendo el embate de las brisas locas y el sacudir furioso de las caderas, mientras la rueda humana que danzaba alrededor de los músicos se dejaba llevar por la conspiración del tambor y sus secuaces y no fue el simple rumor del Carnaval, fue su bulla, su escandaloso frenesí que se presentaba desnudo, directo y franco en la más sincera de sus expresiones.
Así fue el primer contacto que tuvieron algunos de los 20 periodistas y varios de los maestros que participan de la Beca Gabriel García Márquez de periodismo cultural que fue convocada por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano en alianza con el Ministerio de Cultura de Colombia.
Los reporteros nacionales y acompañados por los que llegaron de diversos lugares del planeta hicieron su inmersión en una de nuestras manifestaciones del Carnaval como debe ser, de primera mano, palpando, tocando, bailando, bebiendo, untándose la piel, abriendo los oídos, compartiendo entre la gente, en uno de los barrios más tradicionales y populares de esta ciudad carnaval, porque en Barranquilla desde ya, se respira, se come y se bebe Carnaval.
El escritor y periodista estadounidense Jonathan Levi, uno de los coordinadores del taller, fue de los primeros que cayó bajo el mandato de los tambores y se lanzó a la rueda humana que giraba al compás de la flauta e’ millo y a golpe de tambó.
El gringo, como se dice por estas tierras, se vaciló la cumbia, correteó polleras y velas encendidas, sin reparos ni prevenciones, porque cuando suena la música en Carnaval, todas y cada una de las impuestas fronteras culturales se vienen abajo y sobre todo si estas en Barrio Abajo, en una esquina efervescente donde en Carnaval solo mandan la alegría y su majestad la cumbia. “Es fabuloso ver cómo disfrutan todos en un gran círculo, lo he visto en New York, pero de una forma diferente”, dijo Levi.
El golpe de tambor sincronizado como un gran corazón, palpitaba al mismo ritmo de todos los corazones que disfrutaban de la música y la danza, mientras los periodistas culturales de distintos países y continentes se embelesaban con la energía y el disfrute desbordado de los barranquilleros.
El puertorriqueño Héctor Feliciano, otro de los coordinadores de los módulos del taller, quien ha trabajado como corresponsal cultural en Europa para los diarios norteamericanos The Washington Post y The Los Ángeles Times, fue uno de los que más disfrutó de esa gran fiesta en mitad de una calle, en pleno corazón del Barrio Abajo. Como habitante de esa república que es el gran Caribe, entiende un poco los códigos con los que el pueblo barranquillero manifiesta su alegría y su Carnaval. “Es la primera vez que veo algo así, con la rueda en pleno centro de la calle y los músicos ahí.
Entiendo que es una búsqueda de recapturar la tradición y eso me parece fabuloso. En Puerto Rico también se hace una rueda muy parecida en las fiestas de San Sebastián, es una manifestación muy fuerte de la cultura popular donde todas las clases sociales se juntan, es un poco como acá”, dijo, antes de ser ‘raptado’ por un pollera sin ‘placas’ que lo arrastró hasta el centro de esa rueda perfecta de brazos, velas, y sombreros vueltiaos.
¡Ueeeeeejuuaaaaa! Gritaba la muchedumbre con los brazos levantados como clamando al cielo, mientras la húngara Eszter Vörös, periodista y hábil intérprete del bandoneón, luego de dejarse seducir por los sonidos de la flauta e’ millo, intenta explicar las emociones que les transmitió la danza y el goce de la música. “Es como una fuerza, como una energía que tiene ese ritmo. Es fantástico, por un momento no sentí ni el tiempo ni el espacio. La verdad es la primera vez que participo porque siempre que voy al extranjero me dedico a grabar con mi cámara y solo miro y no participo. Fue muy emocionante”, apuntó esta mujer que lleva en su corazón la nostalgia del tango y el sabor del arrabal.
La esquina más popular de Barranquilla. El reconocido estadero La Troja es sin lugar a dudas, como muchos de sus asiduos lo manifiestan, la esquina de los barranquilleros, porque así como la Arenosa tuvo su novia emblemática, la inolvidable Esthercita Forero, de esa misma manera la ciudad tiene ya su esquina preferida y para Jaime Abello Banfi, el director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, era clave que los invitados le tomaran el ‘pulso’ a la ciudad en Carnaval y nada más sensato para ello que un buen rato en esta especie de goce pagano, donde se goza a golpe de cerveza, ron, salsa brava y bembé, en una esquina que prácticamente es de todos sus visitantes.
Pronto llegará, el día de mi suerte sé que antes de mi muerte… fue la canción de bienvenida a una Troja repleta a rabiar donde no se podía caminar. Sin sillas, ni mesas donde sentarse, al grupo no le quedó otra posibilidad más, que el famoso plan bordillo bajo las luces del semáforo.
Elizabeth Méndez Berry, la periodista canadiense, radicada en New York y de ascendencia latina, sorprendió al grupo cuando se fajó a botar ‘candela’ por los pies, bailando salsa al mejor estilo de los salseros caleños. “No es raro porque mi mamá es caleña y esto hace parte de mis raíces y lo disfruto mucho”, aseguró.
“Esto se hace bajo la mejor invocación. Estamos aquí por Gabo. Esto significa pasión por el periodismo, pasión por el Caribe colombiano y su cultura popular. Esta es una experiencia intercultural formidable. 16 países, 16 universos diferentes y mira que todos están fascinados con lo que vivieron”, dijo Jaime Abello Banfi.
Del caribe aflora bella, encantadora, con mar y río… sonó la insigne canción del Joe que significa tanto para los barranquilleros y aunque sería ingenuo afirmar que cambiarían sus grandes metrópolis por este pedazo del Caribe. Cuando la noche ya envejecía y menguaban las energías justo cuando sonaba la canción, me gustaría poder consignar que corearon a voz en cuello aquel coro en Barranquilla me quedo, alto y fervoroso pero no fue así. Lo que sí quedó claro es que a la gran mayoría, y me atrevo a decir que a todos, esta experiencia les resultó fascinante y extraordinaria y sus corazones se quedaron sincronizados con ese gran tambor que palpita en esta tierra.
Periodismo cultural
La Beca Gabriel García Márquez de periodismo cultural se divide en tres módulos de trabajo: Música, Cultura popular y Literatura.
Todos los módulos están bajo la coordinación del maestro de la FNPI Héctor Feliciano y del periodista estadounidense Jonathan Levi. Además, en cada módulo participan expertos invitados, nacionales e internacionales. En total son 20 periodistas que se dividen en dos módulos de 10 integrantes cada uno. Cada grupo permanece dos semanas en Colombia. Un primer grupo trabajó en el módulo de Música; El segundo grupo trabajará en el módulo de Literatura, a finales de enero, y todos juntos trabajarán en el módulo de Cultura Popular, a mediados del mes. Los comunicadores vienen de España, Nigeria, Hungría, Argentina,Perú, India, entre otras latitudes.
Por Carlos Polo/El Heraldo
