Giomar Lucía Guerra Bonilla
La patria se ha ido, sin ruido, previniéndonos de ello el desarraigo, el desorden social, la insolidaridad, se fue sin que nadie haya hecho un gesto o dicho una palabra para retenerla” (Raíces de Existir”-Simona Weill)
Los colombianos padecemos una serie de experiencias dolorosas, causadas a través de un periodo de más de cinco décadas que testifican unas memorias de alteración del orden interno, de la paz ciudadana y de la concordia.
La convivencia entendida como la condición y circunstancia de vivir con otros, demanda una comunicación permanente y la expresión de sentidos y saberes que al ponerse en escena, y al ser desarrollados procesos de conciliación, conducen a una relación armónica entre los miembros de una comunidad.
Por lo cual hay que definir los criterios para la convivencia y el progreso referidos a una manera de pensar, de ser y de hacer, así como las formas de ver y entender el mundo, modos de amar y cómo lograrlas en la relación familiar, en especial la familia desarraigada víctima del desplazamiento forzado, donde es necesario abordar programas de apoyo a la educación pluricultural, adoptar una pedagogía que orienta el ser y el quehacer, la interacción de las personas con su entorno, proteger la libertad sobre la cual debe basarse la organización social, promover la solidaridad con el individuo y el colectivo convocados por el derecho de todos los seres humanos a dar sentido a su existencia.
Desarmar la palabra para no agredir a los demás, actuaciones que pueden desarrollarse en el diálogo social en el hogar, en la escuela, con organizaciones cívicas, sociales, políticas. En la reflexión colectiva, la experiencia compartida, la proximidad cultural. Sin embargo estas políticas son letra muerta si campean la pobreza y la miseria, si no hay solución para los problemas sociales.
Cuando hablamos de la intolerancia, del rechazo al diferente, del desempleo y del subempleo, de quienes destruyen y no cuidan los parques de sus barrios y de paso el medio ambiente, desperdician el agua, tiran basura a la calle que taponan alcantarillados de aguas lluvias, acequias, los ríos, escombros que impiden el uso de las vías, estacionan en sitios peatonales, violan las normas de tránsito, del caos vehicular, contaminan el medio e incomodan al vecino, a los enfermos en los hospitales, al transeúnte, y en general a la ciudadanía con el ruido que producen los vehículos y claxon de los mismos, se require desarrollar estrategias educativas, que son responsabilidad de los gobernantes institucional y de los ciudadanos. Minuto a minuto nos vemos abocados a aplicar la educación informal en todos los espacios, no solo en el aula.
En medio de la angustia y del apremio que genera la situación de emergencia y la magnitud del problema, son muchos las personas que desde su quehacer cotidiano, hacen modestos pero significativos aportes a la reconciliación para la convivencia pacífica, la tolerancia, fomentando la formación integral de las nuevas generaciones, recuperando la identidad cultural, en un proceso de reconstrucción y fortalecimiento del tejido social.
El núcleo familiar tradicional se ha trastocado, la violencia intrafamiliar, la madre cabeza de familia ausente del hogar y/o el padre que no está presente por una u otra razón, y otra serie de elementos de este tenor nos muestran un ambiente no propicio para la educación regular, nada fácil de asumir. Es la madre, la que de pronto ya no puede guiar, dar las bases fundamentales, arrullar, ni amamantar, sino luchar por la subsistencia de su hijo, por el apremio de un trabajo casual.
A veces, si contamos con buena suerte, son las tías, las abuelas quienes aún cuidan a sus nietos, las madres y hermanos mayores que en la cocina de leña de una casa de bahareque de cualquier punto de este herido país, enseñan a las niñas a conocer las tradiciones, desde recetas para preparar las arepas de huevo, de queso, de choclo o de cualquier otra variedad, hasta las formas para acceder a los esferas del saber para no pecar de ignorantes. De pronto es el artesano(a) llámese modista, zapatero, pescador, panadero, músico, cualquiera sea el oficio o arte del que ha vivido generación tras generación, quien con orgullo ocupa parte de su tiempo en transmitirlo a sus descendientes.
De vez en cuando los vecinos unidos que velan por el bienestar de su entorno en reuniones donde acuerdan mejorar sus casas, calles, cuidar los árboles, racionalizar el uso del agua y velar por las buenas costumbres.
Es el maestro, en su cada día, en su lección cotidiana dirigida a niños, niñas y jóvenes quien a diario enfrenta esta calamidad. La de quienes han sufrido el peor de los padecimientos a que puede ser sometido el ser humano: el desarraigo, el que hace perder el derecho a crecer libremente, a jugar, a prepararse para el futuro en un entorno amable y seguro y a pertenecer a un tejido social con que me identifico, que me habla de mis raíces del cual soy actor natural y de la razón de existir, que se trasluce cuando participó en el desarrollo de la vida de mi comunidad, la que conserva vivos los tesoros del pasado y los que proyecto para el futuro vividos como una esperanza, encarnados en el nacer, en el trabajo por la familia y la cooperación por la subsistencia y el afecto.
Para el ser humano el arraigo es vital, la vivienda recobra aquí gran importancia porque brinda protección, en el amparo que da la casa. Alrededor de ella se amplían los círculos protectores de la familia, el pueblo natal, el vecindario. Estas necesidades que son derechos deben ser respetados y atendidos. Es la dignidad humana La Otredad que nos lleva a ser tolerantes, con los de otra raza, religión, lengua, entorno geográfico.
De igual manera los entes gubernamentales continúan trabajando por el retorno de las familias en algunos casos a sus lugares de origen: Tenemos el último caso en La Gloria (Cesar), caso de la parcelación de Bosconia, 180 familias desplazadas vuelven a sus veredas en la Jagua, Incoder adquiere tierra en Manaure para 28 familias procedentes de distintas partes del país.
Sería importante que la Secretaría de Educación con la Universidad Popular del Cesar (UPC) Facultad de Educación y otros organismos, abordaran una reflexión sobre el enfoque pedagógico para encontrar un camino hacia laeducación multicultural en nuestro escenario educativo, que tenga como objetivo elaborar una alternativa pedagógica de aprendizaje cooperativo, que ofrezca los espacios necesarios para la realización de los procesos de interacción, socialización, comunicación, reflexión, resolución de tareas culturales, que constituyan fuentes de aprendizaje.
Donde además pueda darse:
Una búsqueda sobre los procesos conducentes al crecimiento y desarrollo humano
El dialogo con la comunidad educativa
Adopción de una cultura de resolución de conflictos en la perspectiva de la paz.
Retomar la familia como célula vital de la convivencia social y tener el amor como fuente esencial.
Conocer la población y el territorio donde estamos y al que pertenecemos y crear y fortalecer lazos de afecto e identidad con el pueblo o la ciudad.
Conocer las normas cívicas, políticas y sociales vigentes y los cambios que se han originado en la comunidad
Preparar para la prevención y tratamiento de conflictos, recuperando y practicando los juegos tradicionales y la literatura oral, utilizando juegos de roles, obras de teatro, juego cooperativos, simulaciones y otros métodos interactivos de capacitación.
