08galerxxx001_big_ce¿Vivir solo lo condena a quedarse solo?

Hay quienes aman vivir solos, pues así logran un recinto de paz. Solo tienen su energía y eso hace que no tengan qué discutir con otra persona, más que con ellas mismas cuando algo se extravía. Tampoco temen que alguien desordene sus cosas, pues son los propios autores de su orden. Pero, ¿hasta qué punto acostumbrarse a vivir solos los lleva a quedarse solos ante su falta de tolerancia?

Qué delicia. Llegar a la casa y encontrarse consigo mismo. Sin discusiones de terceros, sin rendir cuentas a nadie, sin hacer planes que no quiere solo por complacer a la pareja. Quizá solo lo espere su mascota, que conoce muy bien sus estados anímicos y pocos dolores de cabeza le genera.

Y es que para los que aman vivir solos no hay nada mejor que ser dueños de sus propias reglas.

No tienen por qué darle explicaciones a alguien, ni discutir porque quieren comer en el cuarto, porque no quieren lavar la loza sino hasta el día siguiente, o porque sencillamente no se les antoja organizar ese día el apartamento. Si no quieren levantarse de la cama sencillamente no lo hacen.

Está también el caso de la persona psicorígida, que ama vivir sola porque no quiere poner a prueba su grado de tolerancia.

Estas son grandes razones que los llevan a defender a capa y espada las pocas ganas que les da convivir con alguien.

Pero esto no quiere decir que sean personas que no tengan pareja, que no establezcan relaciones emocionales. Lo que sucede es que su espacio personal es demasiado importante, casi que inquebrantable, y no se ven estableciendo reglas de convivencia.

Algunos dicen de dientes para afuera que quizá llegue el momento de querer compartir un espacio con alguien, establecer una familia, pero no es un proyecto cercano. Por ahora aman llegar a la casa y encontrar paz, cocinar lo que quieren, ser dueños de su tiempo y de su espacio.

Ahora la pregunta es: ¿hasta qué punto vivir solo puede condenar a una persona a quedarse sola?

Expertos explicaron si se puede ceder a este tipo de espacios o quizá la tolerancia es cada vez sea más mínima y terminen solos por miedo a que un tercero llegue a romper sus reglas y su tranquilidad.

Cuidado con las señales

1Invitar a alguien a su apartamento y sentir angustia por cualquier movimiento que atente su orden.

2Cuando tiene siempre una justificación para evitar que esa persona, siendo su pareja, se quede en su casa.

Preguntas y respuestas

Juan Manuel Blanco D.

Coach de vida

¿Una persona que lleva mucho tiempo viviendo sola, se puede adaptar a la soledad, hasta el punto de acostumbrarse y te-ner miedo de compartir su espacio más adelante?

Debemos empezar por decir que la vida es un equilibrio. La soledad realmente no existe. Somos seres sociales y existe un espacio vital que es el nuestro, para pensar, para reflexionar. Y ese espacio es como el agua para nuestro ser. Es absolutamente necesario, pero tenemos amigos, familiares, una mascota, los vecinos, pareja. En fin, difícilmente estaremos solos.

Pero si hablamos respecto a la pareja, es una decisión, que no significa por ello vivir en soledad.

Las relaciones de pareja son un juego de necesidades, de llenar vacíos, algunos las llenan con otro tipo de espacios, desde reunirse con amigos, teniendo relaciones sexuales esporádicas, pero tienen en su “soledad”, su mayor tesoro.

Por tanto le abrirán espacio a una relación de pareja cuando lo necesiten, antes para qué. Si no hay el vacío no lo buscarán.

Generalmente este vacío se crea por estereotipos culturales y sociales, todo el mundo anda con alguien y yo no, se dicen, hasta el punto de “antojarse”.

Quien no tiene este tipo de problemas, solo entrará a una relación de pareja cuando desee compartir su propio yo.

“No existen situaciones destinadas, existen circunstancias y creencias personales y sociales que nos llevan a creer que no podemos vivir en pareja. Los seres humanos por genes somos seres que vivimos en comunidad”: Carlos Alberto Salazar, terapeuta de pareja.

1“No me gusta el ruido, las familias numerosas. Eso me espanta”

Hay personas que aman la tranquilidad. Detestan los gritos de los niños, las conversaciones a todo grito, incluso, esos encuentros de familias numerosas, donde uno grita, el otro responde, o donde todos hablan a la vez. Eso les espanta. Y quizá, porque no crecieron en esos espacios y prefieren el silencio, la pausa, los planes íntimos, quedarse en casa.

Definitivamente se trata de estilos de vida, de crianza, de aprendizajes diferentes.

Es claro que una persona con familias numerosas, acostumbradas a cumpleaños, fiestas todos los fines de semana, amará una pareja que entre en esa misma sincronía. De lo contrario, será un dolor de cabeza para el que las detesta y para la que ama los planes familiares.

Precisamente, las personas que aman vivir en un ambiente de paz y tranquilidad, huirán de este tipo de relaciones.

Frente al tema explicó el terapeuta de pareja, Carlos Alberto Salazar, que “estas personas, más que quedarse solas deben encontrar a alguien que viva de la misma forma. Si está acostumbrado o acostumbrada a vivir en familia y llega a la vida de un solitario, el llenarlo de presencia en su hábitat puede saturarlo y aburrirlo”.

2Amo mi espacio: Mi pareja en su espacio, y yo en el mío

Esta es una de las alternativas que más ha tomado fuerza. Sobre todo, si se vive en una ciudad ajena a la de origen, por cuestiones laborales, pero cada uno tiene su apartamento.

Los dos disfrutan el apartamento de la pareja, pero solo de manera esporádica. Cada uno tiene sus propias reglas, se es tolerante por unos días con la pareja, y así cada quien puede disfrutar su espacio, a solas, también.

Muchos podrían decir: “amo la libertad”. Por eso no se ven compartiendo el mismo espacio. Entonces, ¿hasta qué punto la relación se estanca? ¿No evoluciona? ¿Y si una de las partes se aburre ante este panorama?

El coach de vida, Juan Manuel Blanco Delgado, explicó que “se debe ver como una negociación de necesidades. Eso es señal de que eres una persona que ama la libertad y que ese es tu estilo de vida. Debes revisar si la otra persona lo respeta, lo comparte y está dispuesta a aceptarlo”.

De encontrar una negativa por parte de la pareja ante ese estilo de vida, hay que entrar a revisar qué tanto se está dispuesto a ceder para continuar una relación.

3Mi espacio vs. una relación con proyección

Precisamente de eso se trata. De poner en una balanza hasta qué punto quiere seguir por la vida solo, o hasta qué punto está de acuerdo con establecer nuevas reglas, negociar, lograr acuerdos de convivencia, compartir en pareja un mismo espacio.

“Lo que debemos tener claro es que no es un destino, es una elección. Hay quienes eligen quedarse solos”, explica el coach de vida Juan Manuel Blanco Delgado.

Frente al tema explicó el terapeuta de pareja Carlos Alberto Salazar que “es importante entrar a revisar cuál es el temor que lo lleva a no querer compartir su espacio, pues muchas veces es efecto de una mala experiencia, o de una convicción errónea incrustada a lo largo de la existencia”.

Enfatizó Salazar que si no es cuestión de temores, si simplemente es una elección, si ama ese estilo de vida, si “es una opción consciente y no producto de una tarea de terceros arrastrada en el tiempo, es respetable”.

¿Cómo lograr acuerdos?

Quizá tenga miedo a abrir su espacio a esa persona. Y mucho más, si lleva tiempo solo, y ahora le cuesta adaptarse.

La invitación del terapeuta de pareja, Carlos Alberto Salazar es: Reconozca que tiene el problema. Analice cuáles son esas cosas que más le molestan de compartir su espacio con alguien para empezar a hacerlo con amigos de confianza que le ayuden.

Finalmente pase a hacerlo con la persona que le interesa. Establezca reglas de convivencia. Sea consciente que la tolerancia, la comprensión y la adaptación irán de la mano con el fortalecimiento de la relación.

Publicada por PAOLA BERNAL LEÓN/VANGUARDIA