blackpool tower and promPor Julio Hernández *

La Habana (PL) Desde su inauguración en 1889, la torre Eiffel, símbolo de la Exposición Universal de París de ese año, atrajo las miradas de todo el mundo por el desafío tecnológico que significó para la época, pero para el pueblo de Blackpool, en Inglaterra, implicó emprender la construcción de una obra similar.

En ningún sitio se siguió este acontecimiento con tanto interés como en Blackpool, un tranquilo balneario de unos 15 mil habitantes en las costas del mar de Irlanda, cuyos habitantes se entusiasmaron con la idea de tener una torre como la de la capital francesa.

Lo asombroso es que emprendieran la tarea tan rápidamente: la obra comenzó el 29 de septiembre de 1891 y la inauguración tuvo lugar el 14 de mayo de 1894, o sea, tan sólo dos años y siete meses después. A pesar de ello no pudo batir del récord de la torre Eiffel, concluida en 1889, luego de dos años, dos meses y cinco días de trabajo.

Tampoco pudo superar las dimensiones de la elegante obra parisina, que con sus 312 metros de altura fue durante 41 años la mayor estructura del mundo.

La de Blackpool se quedó en 158 metros, y tal parece como si se tratara de una Torre Eiffel truncada, pero aún hoy sigue siendo una de las construcciones más altas en Inglaterra y cuando está iluminada con sus 10 mil bombillas es digna de admirar incluso a muchos kilómetros de distancia.

La idea original fue del alcalde John Bickerstaffe, quien había regresado de París con la obsesión de dotar a su pequeña ciudad con una atracción similar. La obra fue encargada a los arquitectos James Maxwell y Charles Tuke, quienes paradójicamente murieron antes de su conclusión.

Los que acudieron a la inauguración el 14 de mayo de 1894 pagaron 12 peniques por entrar al recinto y subir hasta el punto más alto. Pero más de un siglo de inflación después cuesta 13 libras esterlinas (unos 20 dólares), y a pesar de todo más de medio millón de visitantes cada año están dispuestos a pagar esa cifra.

Ello parece ser resultado de otros atractivos del complejo, tales como un acuario, un circo levantado entre los cuatro pilares de la tierra, un salón de baile, un museo de cera, y un mirador en la cima, llamado el Blackpool Tower Eye.

Cuando el frío viento que a veces sopla desde el mar de Irlanda sobrepasa los 70 kilómetros por hora el acceso queda cerrado al público.

Para los amantes de las fuertes emociones existe en la cúspide un piso de cristal, formado por dos capas de vidrio laminado, por el que se debe caminar sobre el vacío para llegar al otro lado, mientras a uno divisa debajo el mar y la avenida costera.

Blackpool, por lo demás, no es sólo la famosa torre. Es también una ciudad que cuenta ahora con unos 150 mil habitantes a alrededor de una hora de viaje en auto desde Liverpool, que en el pasado fue famoso por su intensa actividad portuaria y ahora se enorgullece por haber visto nacer a The Beatles.

Para un caribeño la playa de Blackpool, con el tono oscuro de sus arenas y el gris de su mar en invierno, no ofrece muchos atractivos y pensar incluso en la perspectiva de introducir un pie en el agua da escalofríos.

Pero para los ingleses de Manchester, Liverpool, Preston, Bolton y otros de los condados del noroeste inglés, que no pueden aventurarse a más lejanos y exóticos parajes, los entretenimientos de este centro de veraneo pueden ser excitantes, tal como lo sugieren los millones de turistas del patio que visitan Blackpool cada año.

Las autoridades municipales han tenido que ingeniárselas en la creación de atractivos en la localidad, además de la torre metálica, con el fin de poder competir con los paquetes de viajes turísticos a destinos más soleados en el extranjero que ofrecen los turoperadores a los ingleses deseosos de experimentar otros climas.

Una curiosidad de esta ciudad es su trazado junto al mar, que se extiende de norte a sur desde el embarcadero de Fleewood hasta Starr Gate a lo largo de 18 kilómetros. Este trayecto está cubierto por un sistema de tranvías de dos pisos, que corren entre el mar y la avenida costera conocida como Promenade (El Paseo).

Esto resulta muy eficiente puesto que los barrios de esta alargada ciudad casi nunca están lejos del litoral, por lo cual el recorrido conduce a los pasajeros hasta una distancia razonable de sus hogares.

La avenida costera se ilumina a ambos lados con mil colores en el otoño para tratar de atrapar a turistas tardíos y a otras decenas de miles de visitantes que acuden a la ciudad para admirar las Iluminaciones que semejan edificios, animales, paisajes y flores y frutas, además de encender de luz su más emblemático símbolo.

Esta torre, que resultó en una Eiffel trucada y que comenzó como el sueño de un viejo alcalde en el siglo XIX, ha pasado a la historia no sólo como una curiosidad, sino también como una fuente de atracción y de ingresos que ha permitido a los lugareños sortear las dificultades de los tiempos de crisis.

* Periodista de la Redacción de Servicios Especiales de Prensa Latina