Este enigmático personaje, a pesar de no haber tenido estudios escolares, y mucho menos universitarios, fue respetado y admirado por indígenas y blancos. Su sola presencia infundía respeto y don de mando. Era alto, de tez blanca y su vestimenta lucía siempre impecablemente blanca, parecía un sacerdote tibetano.
Fue quizás el mamo más sabio que ha tenido la etnia arhuaca. Su verbo era la verdad, lo que más adelante le ocasionaría grandes dificultades. Se le conoció como Duane, pero su nombre era Juan Bautista Villafañe Mestre, hijo de la indígena Raimunda Villafañe y el vallenato Vicente Sebastián Mestre Villazón.
Nació en algún lugar de la Sierra Nevada de Santa Marta el 24 de junio de 1895. Como Mamo podía predecir el futuro, cazar y bautizar a los miembros de su tribu, designar el nombre a los niños, lo que hacía por inspiración. Además, poseía conocimientos curativos que ejercía a través de las plantas medicinales.
Desde enero de 1915, en Nabusimake existía una edificación similar a un monasterio dirigida por capuchinos catalanes que se dedicaban a evangelizar y a educar a los niños arhuacos, guajiros y motilones, pero, según el testimonio de varios líderes, el propósito principal de educar se desparramó.
Los niños mayores de cuatro años eran arrancados del seno de sus familias para llevarlos al “orfelinato o internado” como se llamaba la edificación y allí les cortaban el pelo, los despojaban de su vestimenta original y los vestían como un niño de raza blanca. Además, les prohibían hablar su lengua y sus familiares no podían visitarlos. Era poco el tiempo que le dedicaban al estudio, los mantenían ocupados en las labores de la granja, y rezando dos y tres horas diarias, de modo que un niño para aprender el abecedario empleaba entre tres y cuatro años. Cuando aprendían a hablar el español y adquirían la mayoría de edad (de acuerdo al concepto de los religiosos) los casaban, presentándose casos en que los novios no eran de la misma etnia, de este modo perdían su lengua y sus costumbres.
En una ocasión, Duane llegó de improviso a Nabusimake y observó que una niña india se dirigía hacia el rio cargando en sus brazos algo envuelto en unos paños blancos; la interceptó y le preguntó en su lengua sobre lo que llevaba cargado, ella nerviosa al identificar al interrogante, le dijo que una monja le había ordenado botar lo que llevaba al rio. El malicioso Duane destapó el envuelto, y qué sorpresa recibió, se trataba de un recién nacido muerto de color blanco y ojos azules.
Irritado empezó a contar en el pueblo lo que había descubierto. Más tarde, bajó a Pueblo Bello y contó lo mismo: «Las monjas del orfelinato abortaban y después mandaban a botar los niños al rio, que no eran las indias, sino las monjas y los curas los protagonistas porque las criaturas eran de color blanco y ojos azules”.
La noticia llega a Valledupar, y Duane es denunciado penalmente por injuria y calumnia. Como el concordato con la Santa Sede estaba en ese momento en pleno vigor, la Iglesia tenía mucha influencia sobre las autoridades, así que una comisión conformada por el inspector y dos agentes de la policía se dirigieron a Nabusimake donde capturaron y amarraron a Duane a un árbol. En ese momento, Duane dijo a quien lo custodiaba fijamente: “Amarra bien que con las manos que amarras a Duane, no volverás a amarrar a otro,”.
Fue trasladado a Valledupar, luego a Santa Marta y, finalmente, a Bogotá, donde estuvo en una prisión cerca a Monserrate. Conoció a Quintín Lame, quien a través de sus influencias consigue que lo liberen.
Tuvo una descendencia numerosa con varias mujeres, alrededor de cuarenta hijos. Vivió en varios sitios de la Sierra Nevada de Santa Marta: en Nabusimake, Mamancana y Sogrome, en cada lugar que vivía hacia construir una bóveda. A la edad de setenta años, enfermo, fue trasladado a Valledupar, donde lo intervino quirúrgicamente el médico Alcides Martínez Calderón. Desahuciado de un cáncer estomacal muere en Sogrome el 22 de abril de 1965, allí por petición suya es sepultado en una cueva, recubierto de piedra, sentado como si estuviera meditando.
Las palabras que dijo en Nabusimake el día que lo capturaron y amarraron al árbol, hicieron eco en sus captores: el árbol se secó a los pocos días, como si una fuerte descarga eléctrica le hubiera quemado la sabia, y los policías tuvieron un fin horrible: al que lo amarró se le torcieron y secaron las manos y el otro murió hidrópico, hediondo y con el cuerpo lacerado por la lepra.
Duane siempre tuvo conocimiento de las irregularidades que cometían los capuchinos con su comunidad, pero se enfrentó solo ante un enemigo poderoso y protegido por el estado.




Autor: Arnoldo Mestre Arzuaga.
Cesar Emilio Sánchez Vásquez
Miembro Editor de la Academia de Historia del Cesar

