ballet-cuba-chinaPor Martha María Sánchez

La Habana, 23 jul (PL) China y Cuba fusionaron talentos artísticos en una gala por la amistad que contó con la presencia de los presidentes de ambos países, Xi Jinping y Raúl Castro.

Bailarines de las compañías nacionales de ballet de los dos pueblos consiguieron la víspera una comunicación perfecta mediante la danza.

La china Zhang Jian asumió la esencia del Romanticismo en el segundo acto de Giselle con una delicadeza gestual que la ayudó a anular su peso corporal en manos del hábil partenaire cubano, Dani Hernández.

El temible ejército de las wilis, el espanto del personaje de Hilarión ante la muerte, el idilio entre Giselle y Albretch, brindaron una escena digna de cuentos de hadas en el Teatro Nacional de esta isla caribeña.

En el pas de deux Esmeralda primó la gracia de los chinos Wang Ye y Su Ruichen, resaltada por una versión coreográfica dispuesta por el norteamericano Ben Stevenson para exhibir a la bailarina, y si esta tiene una técnica correcta, línea de pies elegante, saltos y extensiones, la obra reluce.

A Ye dan ganas de exclamarle linda durante su paso por la escena, pues más que bailar salió a dar un paseo divertido y alegre.

Con Danzantes, coreografía de Alicia Alonso, seis estupendos bailarines del Ballet Nacional de Cuba (BNC) ampliaron el vocabulario técnico de la función.

Estheysis Menéndez, Dayesi Torriente, Gabriela Mesa, Roberto Vega, Luis Valle y Adrián Masvidal, se dieron el lujo de jugar con una variedad de saltos, giros y extensiones, patrimonio de una élite de jóvenes y evidencia del desarrollo metodológico de la escuela cubana de ballet.

Los coterráneos Amaya Rodríguez y Víctor Estévez entregaron prestancia en el pas de deux de El corsario, pero la pieza más singular de la velada llegó inmediatamente después con el título de Sacrificio, una creación del joven coreógrafo chino Fei Bo, cargada de un dramatismo exquisito.

La entrega de Qiu Yunting y Zhang Yao permitió hasta cierto punto compartir la espiritualidad de dos seres que se debaten entre el ser y no ser, el ideal y la realidad, lo imposible y lo inevitable, con una dosis de teatralidad impactante.

El pas de deux de Don Quijote cerró con broche de oro esta gala pues la primera bailarina cubana Viengsay Valdés junto al chino Ma Xiadong esparció alegría y no redujo un ápice de su temperamento latino, que pareció encantar al acompañante.

Xiadong ostentó grandes saltos, mientras la Valdés experimentaba con el virtuosismo, otra vez hizo gala de su dominio corporal en balances sostenidos sobre una punta de pie e intercaló giros de complejidad con una sonrisa pasmosa.

La Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, bajo la dirección de Enrique Pérez Mesa, acompañó con agrado cada una de las obras.