Jorge Robledo OrtizJorge Robledo Ortiz

La experta en lenguaje Lucila González de Chaves presenta una entrevista con el poeta antioqueño Jorge Montoya Toro y rememora la obra de Jorge Robledo Ortiz.

Lucila González de Chaves

Jorge Montoya Toro. Su producción literaria es la concreción de la problemática de la existencia hecha de duda y dolor; pero, también de fe, amor y esperanza.

(Titiribí  1921 – Medellín  1989). Periodista, catedrático, abogado, ensayista y poeta. Siempre fiel a los valores del espíritu. Sus labores culturales fueron innúmeras: director de Extensión Cultural Municipal, Secretario de Educación de Medellín; director de la Biblioteca de la Universidad de Antioquia y de su Revista, director de El colombiano literario. Subsecretario de Obras Públicas.

Hace años, en un ameno encuentro, el poeta nos habló de su poesía y de otros aspectos culturales.

La entrevista:

-Doctor, ¿qué concepto le merecen la técnica, la temática, el lenguaje de los poetas jóvenes?

“Admiro a los poetas jóvenes, porque haciendo caso omiso de toda técnica y, a veces, careciendo de temática, usan un lenguaje para ellos poético y para los demás, ininteligible”.

¿Hay continuidad entre los poetas de ayer y los de hoy?, si  no existe, ¿qué genera esa diferencia?

“Quizás haya continuidad entre los pocos supérstites que quedan de la poesía de antes. En cuanto a los que pretenden cultivar hoy tan exigente género literario, considero que aparecen como generación espontánea y, por ende, es imposible que en ellos se dé una prolongación genético-lírica”.

-¿Existen hoy poetas, en los cuales perduren el parnasianismo y el simbolismo franceses? o, por el contrario, ¿cuáles son las características diferenciales?

“El parnasianismo y el simbolismo fueron movimientos que aparecieron en Francia después del Romanticismo. El primero se apoya en las artes plásticas; el segundo, en la música. Suma de ellos y de otros ingredientes fue el Modernismo, cuya figura máxima en las letras hispanoamericanas es Rubén Darío, con su innegable incidencia sobre la gran poesía española de su época”.

“Pasado el momento histórico y las circunstancias estéticas que hicieron posible la aparición de las tres tendencias mencionadas, son ya otros los rumbos que ha tomado la poesía. Uno que otro poeta de nuestra época sigue apegado a los cánones por ellas preconizados. La mayoría los desconocen, les niegan trascendencia y hasta los ridiculizan”.

-¿Qué valoración reciben en nuestro medio los poetas, entre ellos Jorge Robledo Ortiz?

“En nuestro medio, esencialmente pragmático, son pocos los valores poéticos respetados y admirados. Se insiste en nombres como los de Epifanio Mejía y Gregorio Gutiérrez González, Porfirio Barba Jacob, Ciro Mendía, Carlos Castro Saavedra, entre otros. Ello, según el gusto de cada cual. Respecto  la prolífica y reiterativa obra de Jorge Robledo Ortiz, son muy variadas las opiniones, que oscilan entre una admiración casi idolátrica y la censura a lo que muchos consideran obsesiva repetición temático-costumbrista”.

 -¿Se siente realizado como poeta? ¿Cómo surgieron sus maravillosos sonetos?

“Sentirse plenamente realizado en los campos de la literatura y el arte es bastante difícil. Como algún poeta afirmaba, lo más bello es lo que no se ha escrito. En mi caso, no sé hasta qué punto valgan mis producciones. A mí me satisfacen algunas de ellas. Para muchas personas  -críticos y simplemente vulgo-  son mejores mis prosas que mis poemas. Otros, me niegan todo valor lírico. Es, pues, cuestión de gustos. En cuanto a mis sonetos, algunos de ellos incluidos en Antologías y textos de Español y Literatura, son el fruto de varios años de experiencia poética. Decir si los considero buenos, malos o regulares, no me corresponde. Sólo sé que he escrito según mis particulares maneras de ver la vida y la belleza”.

-Muchos artistas se hacen conocer por medios tan poderosos como la televisión; ¿por qué los poetas no disponen de esos medios de difusión para acercarse al público?

“El poeta es tímido por naturaleza. En muchos casos, incapaz de decir sus propias obras ante el público. Quizás, dicho factor sumado a cierto menosprecio existente en la actualidad hacia la poesía, contribuyan a que los medios de comunicación masiva cierren sus puertas a los poetas o les restrinjan al máximo su aparición ante el público. Indudablemente, interesa más hoy la narrativa en sus diversas manifestaciones”.

-¿Cree usted que Gabriel García Márquez, nuestro Premio Nobel, ha opacado a los narradores de hoy?, o  ¿es, por el contrario, un patrón de identificación, o  un mito?

“El caso García Márquez daría para hablar mucho. Su narrativa se halla ubicada dentro de una notable tradición, que linda en muchos aspectos con nuestra incomprendida Crónica de Indias, comienzo innegable de la épica americana. Como todo lo que tenga que ver con este continente inmensurable y tremendo, en los campos de las bellas artes y, en especial, en la plástica y la literatura, existe un común denominador que podríamos llamar barroco por lo desmesurado, colorístico y acumulador de elementos constructivos”.

“Sólo el transcurso del tiempo -supremo mensurador de valores estéticos-  dirá de su valía y de la dimensión de su mensaje. Por ahora, contentémonos con gustar algunas de sus páginas, sápidas a trópico y a realismo-mágico, descartando de paso algo de su selvática profusión de personajes, sitios y reminiscencias, con indiscutible raigambre en lo mejor de la novelística europea y norteamericana”.

-¿Qué ha representado para las letras colombianas y aun, latinoamericanas, el poeta Eduardo Carranza?

“Eduardo Carranza fue un gran poeta, tanto por su actitud ante la vida como por su producción lírica. Con Jorge Rojas encabeza la significativa nómina de integrantes del movimiento de Piedra y Cielo, que reúne voces dispersas de la poesía colombiana, por ese entonces nuevas y, diríamos, jóvenes, de diversa acentuación lírica, pero con un común denominador de rebeldía e inconformidad”.

“Carranza es el punto de arranque de una lírica que, desbordando lo tradicional y manido, va en procura de un acento diferente e inconfundible. Negarle a Carranza su condición de poeta  -como algunos se han atrevido a hacerlo-  es desconocer profundamente lo que significa la palabra poesía. Está bien que se discrepe de ella, o de su orientación, o de su aparente nebulosidad y desasimiento de lo circundante y tangible, pero hay que respetar a quien cantó, a su manera, los grandes misterios del corazón, de su tierra y de su cielo propio”.

-Y ¿qué les dice usted a quienes escriben poesía, y también, a quienes son solo lectores?

“A quienes todavía, y en un medio poco propicio, insisten en escribir poesía, porque la sienten y   encuentran en  ella   un desahogo   o   un   paradójico

estremecimiento-pasividad de la existencia, les decimos que persistan en su actitud, así ella les traiga mortificaciones, incomprensión y, a veces, hasta una especie de ostracismo social. En lo tocante a los lectores, ellos son quienes escogen gustar de la poesía, así como saborean otra clase de manjares. El género, estilo, escuela o modalidad es ya de su incumbencia y de su formación estética, o de una simple intuición de lo esencial poético”.

-¿Qué, de usted, queda escrito?

“Entre libros y folletos, he publicado los siguientes:  Sombra de Aire (sonetos); Trébol de cuatro hojas (Antología de la poesía universal breve);  Y hay una espina entre la flor (sonetos); Breviario de Amor (prosa lírica); Antología Universal de la Poesía Amorosa (más de trescientos autores, desde Oriente hasta nuestra época); Panorama de la Literatura Indígena Americana (poesía y prosa, en su mayoría precolombinas), en colaboración con el Ministro de Cultura de Nicaragua el excelso poeta, Ernesto Cardenal. Trece sonetos de amor  y muchos ensayos”.

Soneto para un sencillo amor
Me gustas porque sí. Sencillamente
mi corazón te quiere. No hallaría
la palabra de íntima alegría
que te expresara lo que mi alma siente.
Y yo te quiero así. Tan simplemente
como el agua al paisaje; como el día
a la rosa que alza su ufanía
frente a la primavera floreciente.
Te amo con sencilla transparencia,
con un amor apenas insinuado
que se vuelve silencio en tu presencia.
Con un tan dulce corazón herido
que si no te dijera que te he amado,
lo sabrías oyendo su latido.
 
Nuevo soneto a Cristo
 
Aquí estoy, mi Señor. Soy la pavesa
que queda del incendio de la llama.
Soy el adolorido porque ama.
El que busca tu aliento de tibieza.
En Ti, mi soledad muere, y empieza
la plenitud que tu bondad derrama.
Dame la paz que el corazón reclama.
Entrégame tu lumbre de pureza.
Si prenda pides de verdad, te entrego
mi corazón, de amor crucificado
en el crisol divino de tu fuego.
Soy pavesa, lo sé. Rescoldo helado.
Me abrumaba tu luz, y anduve ciego.
Me rescató el raudal de tu costado.
(El poeta Montoya Toro tuvo la gentileza de insertar este artículo-entrevista, como prólogo, en su  libro Breviario de amor y otros poemas).

Jorge Robledo Ortiz

En su producción hay una acción unitaria y un diseño interior, mediante los cuales su alma se dilata y exaltan la vitalidad y los sentimientos del lector, con un soporte brillante: el musical manejo de la palabra y de la imagen. No sería exagerado decir que  Robledo Ortiz (1917 – 1990), el poeta antioqueño, está muy cerca de ser un simbolista.

Su verso tiene la característica de concretar su interioridad en imágenes: símiles, metáforas, personificaciones, alegorías, paradojas y, algunas veces, en brillantes hipérboles. De esta manera, su alma se nos ofrece en asordinado canto.

Actualmente, el afán de mostrar crudamente la realidad pugna por liberarse de las normas poéticas que son, ante todo, musicalidad y mensaje.

Casi todo lo nuevo quiere moverse con sus propias fuerzas y su reducido vocabulario, de ahí la poesía un poco extraña, rezada, sin ritmo, sin puntuación y con mensajes cabalísticos (o sin ningún mensaje).

Un crítico francés expresó alguna vez esta reflexión, que no puedo olvidar: “Crear belleza (poesía) no es hablar de la rosa, es hacer que la rosa florezca en el verso”. Y agregó:

“La poesía nace de la entraña misma del ser. Es la vida que se prodiga con generosidad en la creación artística, pulsa con amor en cada una de las cosas humildes y, luego, despierta resonancias en el lector de cada verso”.

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