al son de la cumbiaVera Sofía Núnez, de tres años de edad, es una niña con síndrome de Down, estimulada con musicoterapia.

Dos estudiantes de Bellas Artes diseñan programa terapéutico con música folclórica 22 personas con déficit cognitivo se benefician de la iniciativa.
José tiene 16 años y representa ese uno de cada 1.000 colombianos que nace con Síndrome de Down. Él recorre de lunes a viernes junto a su madre, Isabel Díaz, el trayecto que separa el barrio las Trinitarias, de Soledad, del kilómetro 10 de la vía a Puerto Colombia. Allí 80 personas con distintas patologías de desarrollo, como él, reciben un tratamiento especial.

Entra al salón de musicoterapia con un sombrero tricolor que dice Colombia. Explora la habitación con los ojos agrandados por los lentes  y fija la vista en la tambora que sobresale entre los demás instrumentos.

Detrás del piano, el profesor de música, en este caso, también terapeuta, y los cuatro pacientes con síndrome de Down esperan su sesión conjunta.

El piano suena en el acorde  de la menor y sol mayor de una marcha de cumbia. Se detiene la música e inicia el conteo: “Uno, dos, tres, cuatro”, retoma la marcha y José, que sostiene firme las baquetas, sigue el ritmo con precisión en la tambora: cuatro golpes por compás.

José es moreno, como su madre, pero mantiene las características compartidas de los niños que nacen con el síndrome: es de cara achatada, nariz y orejas  pequeñas y cabello lacio, aspecto replicado por la trisomía del cromosoma 21.

cumbia“Yo lo tuve a los 42 años, el otro día le pregunté a un   doctor que si por eso nació el niño así y él me dijo que no, porque había personas jóvenes que con el primer hijo también les pasaba”, cuenta Isabel, que ahora tiene 56 años y espera, como la mayoría de los días, que José termine las terapias.

Musicoterapia y folclor

La valoración de este caso de síndrome de Down, así como otros relacionados con déficit cognitivo, como autismo y el trastorno de atención e hiperactividad, son abordados de manera integral en la Fundación Cambiando Vidas, tal como lo explica el neurodesarrollista Jorge  Mercado.

“La musicoterapia no es una receta médica aislada, está articulada por un componente médico y científico desde las terapias de psicológica,  fonoaudiología, las de tipo  conductual y ocupacional’’, afirma Mercado.

Desde esa perspectiva interdisciplinaria, en la que la música adquiere una aplicación clínica, Walter Cepeda y Andrés Brochero, estudiantes de Licenciatura en Música de la Universidad del Atlántico, diseñaron un programa aplicado al proceso de aprendizaje de los niños y jóvenes con déficit cognitivo  de la fundación.

cumbia 2Durante la investigación previa y la ejecución del programa, unos 22 casos fueron atendidos, entre ellos, José y sus compañeros del taller de música.

En el salón hay desde flautas, guache, tambora, guacharaca y otros instrumentos del folclór Caribe. “Estos han reemplazado reconocidas aplicaciones de musicoterapia como la del ‘Efecto Mozart’ debido a que el programa tiene en cuenta la memoria musical y el contexto de la población”, explica Walter Cepeda, uno de los investigadores.

“En la memoria musical común del departamento del Atlántico está muy presente la cumbia como  elemento que hace parte de la experiencia individual”, afirma Cepeda.