Por: José Atuesta Mindiola/El Pilón
El río es un viejo camino que anda como una gigante serpiente entre barrancos y rocas para germinar y embellecer la tierra. El encanto del paisaje de Mariangola es el río. Éste baña la parte oriental del pueblo. Fue caudaloso en invierno y en verano conservaba la vitalidad y sus aguas corrían sin detenerse. Su nacimiento es en el cerro La Señora en las estribaciones de La Nevada, cerca de Pueblo Bello, y a pocos pasos de su origen recibe las quebradas ‘Las Gallinetas’, ‘San Rafael’ y ‘El Ruido’, y después de 25 kilómetros de recorrido cruza por el sur para desembocar en el río El Diluvio.
En Mariangola los niños disfrutaban y se deleitaban en las frescas corrientes, y las mujeres con sus tinajas desfilaban por la mañana para recoger el agua de beber. En el puerto del Camino Real, las mujeres y los niños se bañaban; los hombres lo hacían más arriba en el ‘Pozo de los Castro’. Nadie padecía de sed. Cuando el verano se prolongaba y disminuía la transparencia de la corriente, en un recodo del pozo brotaba un manantial donde se recogía el agua para el consumo. Las orillas del río eran adornadas de la exuberante sombra vegetal y la diversidad de pájaros cantores. Llegar a su cauce era un referente poético de contemplación. El poeta Luciano Gullo le cantó: Bonito es llegar al puente ‘e Mariangola/y ver cómo corre el agua de ese río/la arboleda que lo adorna con su sombra/lo bendice con goticas de rocío/.
Hoy el paisaje es desolador. Sólo se ve en el cauce una solitaria estera de piedra, rodeada de algunos arbustos tristes. La naturaleza nos está cobrando los errores. El afán depredador nos hizo olvidar la alianza vital entre los árboles y los ríos. La belleza vegetal fue cegada por el ruido de la motosierra; el cauce fue azotado por los volteos y los tractores que saqueaban arena y piedra; la dinamita y el barbasco de inescrupulosos pescadores extinguieron los peces.
Ahora la situación es crítica. Si ayer dijimos que el río estaba escuálido y melancólico, que caminaba como un animal cansado. Hoy decimos, con la tristeza apretada en el corazón, que está casi muerto. Unamos nuestros esfuerzos para salvarlo. Es urgente hacer que retorne a sus años dorados. La tecnología permite canalizar sobre el inmenso pedregal, a fin de que las aguas vuelvan por su cauce. Es urgente implementar programas de reforestación, educación ambiental y vigilancia permanente para la recuperación del río, para esto es necesario el apoyo de Corpocesar, la Alcaldía de Valledupar, la Gobernación del Cesar y las fuerzas vivas de la comunidad.
Mariangola está padeciendo de sed. Del acueducto, a veces no llega ni una gota de agua, a pesar de que la bocatoma está en la parte más alta, aproximadamente a 5 kilómetros del pueblo, donde todavía el río tiene corriente, no obstante que algunos dueños de fincas se pegan de la tubería para regar sus potreros. La comunidad clama para que se abstengan de abastecer por estos díaslos regadíos, a fin de permitir que el pueblo que se provea del agua para las necesidades básicas del hogar.
