POR: ARIEL CASTILLO MIER Y GUILLERMO TEDIO/EL HERALDO
Fruto de un amor intenso, pero incestuoso, traído al mundo por una truculenta comadrona, nació el último Aureliano, el bordón de la estirpe.
Cuando parecía reunir la fortaleza y el voluntarismo de los Josearcadios y la lucidez y la clarividencia de los Aurelianos, tan necesarias para redimir la decadente familia, y rescatarla del abismo de la soledad, su padre, al observarlo con cuidado, encontró que en la parte del cuerpo que desaparece cuando uno se sienta tenía un apéndice anormal: una cola cartilaginosa en forma de tirabuzón y con una escobilla de pelos en la punta.
La agonía de su madre desangrándose tras el mal parto distrajo a todos del destino del niño. Cuando su padre recordó, lo que alcanzó a ver fueron los pedazos pelados de pellejo que las hormigas coloradas, tropezando con una y otra piedra, conducían a su guarida, mientras el furioso viento bíblico que habría de barrer a Macondo de la faz de la tierra intensificaba sus estertores apocalípticos.
Pilar Ternera: La Iniciadora
POR: ARIEL CASTILLO MIER Y GUILLERMO TEDIO/EL HERALDO
Mientras Melquíades es el iniciador de los Buendía en el conocimiento y el saber, Pilar Ternera lo es de la experiencia sexual. Ambas prácticas son, a la postre, las dos grandes actividades que garantizan la supervivencia humana. Pilar Ternera, cuyo nombre parece decirlo todo en el sentido de “sostén”, es el lado por donde la familia Buendía se prolonga hasta la séptima generación, cuando nace el último Aureliano, que es devorado por las hormigas mientras su madre, Amaranta Úrsula, muere desangrada.
Pilar Ternera es la iniciadora sexual de los dos hombres de la segunda generación (José Arcadio y Aureliano, el coronel). Y con cada uno de ellos tiene un hijo: Arcadio y Aureliano José. Y es el primero (Arcadio) el que alarga la sangre de los Buendía, cuando se une a Santa Sofía de la Piedad y tiene con ella tres hijos. Las artes sensuales de Pilar Ternera volverán a aparecer, casi que repetidas en espejo, con Petra Cotes, sabia amante de José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo.
Con Pilar Ternera —que lee las cartas y espanta a las palomas con su risa—, aparece en Cien años de soledad el tema erótico, escamoteado en la relación de José Arcadio y Úrsula Iguarán. Pilar es una empleada de la casa Buendía, violada a los catorce años por un hombre que “siguió amándola hasta los veintidós, pero que nunca se decidió a hacer pública la situación porque era un hombre casado”.
Rechazada socialmente por su rótulo de prostituta, Pilar se mantiene firme en su rol de iniciadora y vendedora de amor hasta el punto de abrir un prostíbulo, después de la muerte de José Arcadio. Al morir, casi a los 140 años, es enterrada sin ataúd, en la sala de baile de su burdel, como era su voluntad, sentada en un mecedor y sellada la fosa con una lápida sin fecha ni nombre.
Francisco el hombre
POR: ARIEL CASTILLO MIER Y GUILLERMO TEDIO/EL HERALDO
García Márquez recoge la leyenda caribeña de Francisco el Hombre, un juglar de más de 200 años, que se vale de sus cantos y un acordeón regalado por Sir Walter Raleigh, en la Guayana, para transmitir noticias de la región, desde Manaure, en La Guajira, hasta los pueblos de la Ciénaga. Úrsula, por ejemplo, gracias a él, se entera de la muerte de su madre en las estribaciones de la Sierra.
Francisco el Hombre es realmente una especie de institución noticiosa, como lo son hoy en día las emisoras de radio. Su fama se sustenta en que había derrotado al diablo en un duelo de coplas cantadas.
La leyenda, dentro del funcionamiento del realismo mágico garciamarquiano, busca enterarnos del origen del vallenato, cuando el canto y su acompañamiento con acordeón surgían de la necesidad de contar, de transmitir, a cambio de unas monedas, información sobre sucesos que podían interesar a los oyentes, en una época en que no se tenía la transmisión de informaciones por medios más modernos.



