Por Donaldo Mendoza

    «Valledupar, tu folklore al desnudo». Ese es el título completo de un libro de 70 páginas, publicado en 2024 por el médico bacteriólogo Orlando Velázquez García, un barranquillero, ya centenario, que arribó a la villa del Valle de Upar en 1964; y allí se quedó, enamorado del Valle, de su gente y su folklor. Llegó a mis manos este pequeño volumen gracias a la cortesía del educador y escritor José Atuesta Mindiola.

    Dos infrecuentes virtudes llamaron mi atención, entrado ya en lectura: la filantropía y el profundo sentido de la ética y la moral que enaltecen la vida del médico Orlando Velázquez García; de la primera da fe la anécdota que evoca una conferencia dictada en el colegio Loperena, hace muchos años: ante un auditorio de estudiantes de último grado de bachillerato, el doctor preguntó si alguno de ellos desearía estudiar en Estados Unidos (donde Velázquez se había graduado). Más de veinte alzaron la mano; al final, dieciséis viajaron a EE.UU. El 50% de los gastos los cubrió el doctor Velázquez. Quince profesionales regresaron a Valledupar graduados de distintas carreras. La otra virtud de Orlando Velázquez es el alto concepto de la ética y la moral, que me hizo entender lo del «desnudo» en el título.

    En efecto, el médico Velázquez ‘desnuda’ cierta clase política que durante años ha gobernado la ciudad y el departamento. “No tenemos políticos capaces de favorecer con honestidad y responsabilidad el progreso regional”. Asimismo, quedan mal parados en el ejercicio administrativo y legislativo: como ‘servidores públicos’, que cabalmente no lo han sido, fungen de ‘nuevos ricos’ y ‘grandes empresarios’…con la ‘piñata’ del dinero público. Y de la pluma, pasa Velázquez al pincel de la caricatura: “…dormidos, reposando en espectaculares hamacas, pensando en compañeros de fórmula para la próxima campaña”.

    El médico sale de ese aire contaminado y respira aire fresco con el recuerdo de personajes típicos que han alegrado las calles y plazas de Valledupar, con originales ocurrencias y picardía cotidiana. Algunos de ellos con apelativos dignos de cantos vallenatos: «Bartolo toca la flauta», «Diego te coge, Pío», «Paco la Burra» … Pero, sin duda, con quien agotó el médico Velázquez los adjetivos del afecto fue con Consuelo Araújo Noguera, quizá el personaje más influyente de Valledupar en el último siglo. Amigos de una vida y cómplices en muchas empresas, siendo la más importante la creación del Festival Vallenato. Con Consuelo, todos los recuerdos se le volvieron «nostalgia»: Mujer impetuosa, aguerrida, de mente ágil, memoriosa, sabia, de temperamento fuerte, sin pelos en la lengua para cantarle verdades a cualquiera, dominante y astuta; una autodidacta que hacía ruborizar a académicos e intelectuales. Y de una acerada voluntad para servir a Valledupar y la región.  

    Quiso el medico Orlando Velázquez García cerrar su libro de recuerdos con el poema “La luna de abril de mis romances”, del educador y poeta José Atuesta Mindiola, dedicado justamente a Consuelo Araújo Noguera. En empatía con este médico de cálida y amorosa alma, dice el poeta: «Amé el sol festivo en las perennes trinitarias,/ el bosque amarillo vigilante de los sueños/ y el pájaro invisible en el eco de la ausencia».

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BLOG DEL AUTOR: *Donaldo Mendoza

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