La edad del vallenato

Por Abel Medina Sierra – Investigador cultural.

La pregunta espinosa

En días recientes, uno de mis estudiantes de la cátedra de vallenatología de la licenciatura en música de la Universidad de La Guajira, me lanzó una pregunta espinosa; la cual le surgió al escuchar en un documental a un distinguido vallenatólogo sostener que, cuando los europeos llegaron a nuestro territorio del Caribe colombiano, ya estaba la música hoy llamada vallenato. El estudiante, me preguntaba entonces ¿Cuándo nació el vallenato? Me propongo, no solo responderle al estudiante, sino compartir con los lectores mis apreciaciones y acotaciones sobre el brumoso tema.

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¿El vallenato se tomó el mundo?

Por Abel Medina Sierra

El 8 de marzo pasado, se conmemoró a través de publicaciones por parte de algunos actores del vallenato, 54 años de lo que se tiene como una profecía de Consuelo Araújo Noguera, ya que en 1968 publicó en su columna “Carta vallenata” del diario capitalino El Espectador, la siguiente frase que se ha hecho famosa “El vallenato, con el tiempo, se impondrá en el mundo”. Uno de los que recordó en grupos virtuales que la profecía se había cumplido “al pie de la letra” fue el radialista de Valledupar Celso Guerra, también he leído varios escritos en los que se comparte esta opinión de Guerra.

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Los retos virtuales, nueva piqueria vallenata


Abel Medina Sierra | DIARIO DEL NORTE | Febrero 14, 2022

Darianna Griego, una riohachera de solo 15 años, hija del guitarrista y productor Luis José ‘Sombe’ Griego y, rama de una estirpe musical con origen en Tomarrazón, sacudió en estos las redes sociales que siguen los acontecimientos musicales del vallenato. Esta joven cantante aficionada, comenzó a visibilizarse en el mundo del vallenato por una práctica que se ha vuelto recurrente y propia de los post milenials: los retos.

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LA “ESENCIA” DE LA MÚSICA VALLENATA

Abel Medina Sierra

Cada vez que se enciende el debate sobre si una canción o formato es o, no vallenato, surge la palabra “esencia” como tema ineludible. Los melómanos o actores de la vallenatía, sacan a relucir esta palabra para dar a entender que existe un punto de referencia, una raíz o polo de base y que la cercanía o distancia con relación a éste, es lo que define si una canción es no vallenata. “Es que el Binomio de Oro, innovó pero mantuvo la esencia”, “es que esa canción no tiene la esencia vallenata”, “es que la nueva ola perdió la esencia”, son frases que resultan de este tipo de coloquios informales.
Se apela tanto a este argumento que, muchos, entre los que me incluyo, se han preguntado – ¿Y cuál es esa tan cacareada esencia? Pero, ninguno de los “esencialistas”, suele explicar esto, parece ser que la vaguedad fuera el principal atributo de esa esencia. Tanto así que, algunos ya han llegado a sostener que no existe, porque nadie la conoce. Es natural que, si ni siquiera los expertos son capaces de reconocerla, los que no tienen ese saber situado lleguen a pensar que se trata de un mito.
El músico y docente Roger Bermúdez, en uno de los coloquios de cátedra compartida en vallenatología del programa de licenciatura en música de la Universidad de La Guajira, nos entusiasmó mucho pues tomó el toro por los cachos y anunció que va a demostrar musicológicamente, cuál es esa esencia. Desde ya, me declaro a la expectativa y ojalá sea pronto.
Mientras tanto, vayamos aportando al debate. En algunos géneros musicales, en los cuales solo hay una forma, como el bolero o merengue dominicano, es más fácil identificar esa esencia en el patrón rítmico. Pero, en el caso del vallenato, existen cuatro formas festivaleras o tradicionales y muchas más emergentes. Así que, si para algunos, esa permanencia rítmica del paseo, son, merengue y puya es la esencia, qué pasa cuando emergen nuevas formas, que aunque no la acepten en los festivales no es que dejen de ser vallenatas. Allí ya no se puede aplicar esos patrones rítmicos como esencia.
Por otra parte, si para algunos, la esencia es una manera de tocar el acordeón, sería bueno acudir a la tesis de Roger Bermúdez según la cual, “el vallenato no es un formato organológico, sino un lenguaje”. Y le concedo toda la razón, porque hemos escuchado tantas veces el género interpretado por guitarras, arpas, dulzainas y hasta con chiflidos como nos recuerda el coleccionista Álvaro Ibarra. Así que la esencia tampoco está en el acordeón, la caja y la guacharaca (Luis Enrique grabó varias producciones sin caja). Se podría pensar que es una manera de cantar, pero es mucho lo que ha cambiado del canto recio de los primeros juglares, al estilo afinado y colorido de la generación de Oñate, Orozco, Diomedes o Zuleta, pasando por las voces almibaradas de Nelson Velásquez, Amín Martínez o Alex Manga hasta llegar al fraseo urbano de un Kaleth Morales. Si ponemos el foco en la estructura de la canción, encontramos que hay muchas rupturas entres las canciones de cuatro versos simétricos y octosílabos del periodo campesino, luego a las quintillas y sextillas con versos de arte mayor, asimétricos y con estribillos de Escalona y Don Toba; luego pasa el lirismo trovadoresco y de intimismo subjetivo de Gustavo Gutiérrez o Rosendo Romero; un periodo sensiblero hasta llegar a una nueva ola con canciones jergales, con exacerbado machismo y letras ligeras. Es decir, no es claro qué ha permanecido en lo organológico, el canto ni la composición, no asoman tan claras las esencias, son más las contingencias.

Leyendo en estos días, encontré una respuesta de la cantante Aida Villa, hija de Abel Antonio, la cual coincide con la que le escuché a mi contertulio Luis Eduardo Acosta Medina en el programa radial La polémica, en el que también discutimos este tema: la esencia es el sentimiento que subyace en cada canción (como lo expresa Sergio Moya: “el sentimiento de vuelve canción”). Frente a esto, surgen interrogantes: qué pasa cuando la canción es meramente narrativa, no nace de ningún estado de ánimo. Tampoco hay sentimiento, sino interés en una canción que “fabrica” un autor porque se la encarga un intérprete o la crea solo para participar en un festival y ganarse unos pesos. Hay canciones con historias ficticias, autores que cuentan lo que le ocurrió a otra persona, así que no siempre habrá sentimiento ni siempre la esencia será que cantan emociones o vivencias reales del autor.
Se ha demostrado ya que la mayoría de canciones vallenatas no son narrativas, así que esa forma expresiva tampoco es la esencia; que no todo vallenato nació en los campos y potreros, luego no depende de dónde se hace y que, si algunos creen que la poesía es su principal polo, no sé qué tiene de poesía canciones vallenatas como “La puerca”, “La perra”, “La yuca y la tajá”, “La espelucá” o “Me tiene pechichón” (más conocido como “El hombre es como el perro”).
Nos toca esperar que, desde la musicología nos den las respuestas que hasta ahora nadie tiene. Lo que sí he notado es que, los melómanos desde su habituación y su experiencia sonora, toman posiciones y aceptan como vallenatas algunas ofertas, otras no tanto, lo que quiere decir que sí tienen una línea divisoria, imprecisa, pero existente. Por ejemplo, si se trata de una nueva forma, al menos debe permanecer la instrumentación. Si el paseaito lo graban sin acordeón, caja y guacharaca, ya borra todo nexo. Y si cambia totalmente la instrumentación, los patrones rítmicos o las formas ya legitimadas deben permanecer. Es decir, para que sea aceptado como vallenato, algún rudimento debe mantenerse, como dice Zuleta “El maco se suelta de las patas cuando está agarra`o de la cola”, una forma provinciana de parafrasear la tesis de Schenker de la conciencia permanente en la música, que puede explicar que en el vallenato no hay una esencia única e inamovible, sino contingente.

Abel Medina Sierra

EL VICHE COMO PATRIMONIO, ¿OPORTUNIDADES PARA NUESTRO ‘CHURRO’?

Abel Medina Sierra | Septiembre 24, 2021

Nos volvieron a brincar adelante. Se avisparon primero y picaron antes que nosotros. Las comunidades afro del Pacífico colombiano, específicamente las de Valle del Cauca, Cauca y Chocó, quienes sí han sabido aprovechar que los últimos 5 ministros de Cultura son de esa región, metieron el golazo al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, quienes en días recientes, avalaron la postulación de saberes y tradiciones asociados al viche del Pacífico para que inicien el proceso de declaratoria como patrimonio inmaterial de los colombianos.

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Francisco El Hombre y la búsqueda del diablo

Abel Medina Sierra.*

El 14 de abril se cumplieron 172 años del natalicio de Francisco Moscote Guerra (1849), nacido en el caserío El Tablazo, corregimiento de Galán hacia el sur de Riohacha. Francisco “El hombre”, hijo de José del Carmen “Checame” Moscote y Ana Juliana Guerra es el héroe cultural más emblemático de la comarca germinal de la música vallenata, en su honor hoy el segundo más importante festival del género vallenato lleva su nombre. De igual forma, tres bienes de interés cultural exaltan su nombradía: el mausoleo en el cementerio de Villa Martín donde vivió gran parte de su vida y falleció, la tarima de la plaza Alfonso López donde se han coronado la mayoría de reyes vallenatos y la escultura del maestro “Cochise” Maya en la glorieta o round point de Riohacha.  Se han n intervenido estas dos últimas obras pues en Valledupar se inauguró la nueva plaza con una tarima Francisco El Hombre con nuevo diseño mientras en Riohacha una escultura colosal que remplaza la casi “enana” que lució por muchos años la glorieta de la calle 15.

El nombre de “Franco” como aún lo llaman los viejos de Machobayo o Villa Martín, ha sido tema de polémica, disputas territoriales, celos y hasta de negaciones. Para algunos, se trata de un mito fundado por García Márquez en “Cien años de soledad”. Su historia de un posible encuentro con el demonio en un lugar cercano al cruce de La Florida en vísperas de navidad, es considerado uno de los relatos fundacionales de la música vallenata en su estadio folclórico, le confiere la calidad de símbolo de la juglaría, la piquería y de representar la victoria del bien sobre el mal a través del arte musical y los prodigios de un humano, de allí que su historia es la leyenda musical por excelencia del vallenato (recordemos que la leyenda vallenata, no es musical sino religiosa).

Por mucho tiempo, surgieron algunos relatos paralelos que nos hablaban de tres Franciscos. El primero de ellos, naturalmente, Francisco Moscote. También Ciro Quiróz y Tomás Darío Gutiérrez   en sus libros “Vallenato, hombre y canto” y “Cultura vallenata: origen, teoría y prueba” nos revelan que Pedro Nolasco Martínez, juglar de El Paso y padre de Samuelito Martínez, dice haber sostenido un duelo musical con Satanás, del que nació su merengue “El maligno” en el cual narra “Eso se puso feo/el mundo se oscureció/Cuando yo le recé el credo/Fue que se me retiró”. Aunque Nolasco no se llamaba Francisco, su relato de piquería con el Maligno hacen que Quiróz lo mencione como “otro” Francisco.

Por su parte, Quiróz menciona como el tercer Francisco “El hombre” al acordeonero y autor de El Difícil, Francisco “Pacho” Rada. Esta tercera versión, menos creíble, viene de un libro escrito por Pachito Rada Ortíz, hijo del juglar, titulado “Historia de un pueblo acordeonero”. La obra trata de postular la tesis que Francisco Moscote nunca existió y que el real “Hombre” es Pacho Rada, narra también un fabulesco episodio de encuentro con el Diablo. De allí que esta “tradición inventada” hoy corre como verdad en la zona de Ariguaní donde aseguran que Rada es “El Hombre”

Menos mal que el viejo Pacho era más serio que su hijo, porque en 1985 el lingüista e investigador Rito Llerena, en su libro “Memoria Cultural del vallenato” entrevista a Pacho Rada y le pregunta sobre este episodio. El viejo Pacho fue categórico: “esa es una mentira que se inventó mi hijo Pachito”. El viejo Pacho, reconoce que si tuvo el diálogo musical con un acordeonero al que nunca vio, pero que eso no quería decir que era el Maligno ni que él era Francisco El Hombre.

Ahora viene una disputa más reciente. Como quiera que ya muchas personas me reconocen como “vallenatólogo”, me han llegado versiones. En dos ocasiones, descendientes de Nandito Rivero, “El Cubano” que se asentó en Caracolí, me han dicho que el Demonio de Francisco tiene nombre y que era Nandito que ese día pasaba por esos caminos. No hace mucho, en un conversatorio al que asistí en Fonseca, se me acercó un señor para aseverarme también, que el tal Demonio derrotado por Francisco era su bisabuelo Luis Pitre y que su familia estaba segura de eso.

Lo anterior demuestra que no solo el nombre de Francisco se lo han disputado, ahora la identidad del Demonio también tiene quien la reclame. En la tradición oral la verdad es relativa así que no hay nada absoluto, puede ser cierto o no. Francisco nunca vio la cara de su retador, así que la intriga sigue para conocer la identidad de quien tuvo con Francisco la piquería más famosa del vallenato. Se busca al Diablo porque ya sabemos cuál es el verdadero Francisco.

* Abel Medina Sierra

medinaabelantonio@gmail.com