Por Mary Daza Orozco

Había fiesta en la ciudad. Veintiuno de diciembre de mil novecientos ochenta, aniversario de la creación del departamento del Cesar. Apareció El Diario Vallenato, un tabloide creado por Lolita Acosta Maestre. Con una excelente diagramación y un muy buen manejo del idioma, el periódico se convirtió en una escuela para la mayoría de los periodistas de aquí, en un laboratorio en donde aprendieron a vivir la noticia y a darla a los demás. Obtuvo un premio Simón Bolívar. Sin embargo, su existencia sólo fue de veinte años. La maquinaria y todo está en su lugar, permanece como a la espera de que haya un resurgimiento, pero lo más importante es que no se ha borrado del recuerdo y del afecto de todos los que fuimos sus lectores y colaboradores; su historia hace parte del patrimonio periodístico de la Costa Atlántica.
Lolita Acosta trabajó con la Fundación de la Leyenda Vallenata, allí puso de manifiesto su capacidad y tesón, ella nunca ha sentido temor ante cualquier trabajo y lo hace con eficiencia y entrega. Ahora cuando iba por el mundo llevando a los niños acordeoneros, cantantes, pequeñitos juglares a regalar música vallenata fresca y esperanzadora, y cuando iba precisamente a recibir un premio por esa su labor, la detiene, en su periplo cultural, una fastidiosa enfermedad.
Y con ese talante de fortaleza que siempre ha demostrado la enfrentó y es seguro que la vencerá con el mismo valor como escapó de las balas de un sicario cuando se quiso acallar su voz de periodista innata.
He querido hoy, antes de que acabe el mes de mayo, hablar de ella que ya es abuela, que ha sido madre luchadora y entregada y como hija su amor lo ha hecho extensivo a sus tíos que con ternura acogió bajo el amparo de su casa.
Hoy está en la clínica, no porque su estado se haya agravado sino porque se le están practicando unos procedimientos que hablan de mejoría,  con buenas noticias como dice su hija Eliana Ananay: comienza el proceso de evaluación de cómo ha actuado el tratamiento, luego volverá a casa y con la misma fuerza de siempre saldrá adelante, a seguir con la misión cultural que se ha propuesto,  con su risa inimitable a alegrar a quienes la rodean a vivir la vida descomplicada como ella se la ha trazado.
Lolita Acosta Maestre es la madre que destaco en este mes que está lleno de devoción, de amor, de reconocimientos, de flores y de regalos, ella es todo eso y más, y el mejor homenaje que se le puede brindar son nuestros buenos deseos para que en breve tiempo se alce con el triunfo de la batalla más difícil que ha tenido que enfrentar.
Al pensar en su fortaleza recuerdo el poema de Marge Piercy: “Una mujer fuerte es una mujer esforzada /Una mujer fuerte es una mujer que se sostiene de puntillas y levanta unas pesas mientras intenta cantar Boris Godunov… / Una mujer fuerte es una mujer “manos a la obra” limpiando el pozo negro de la historia. /Una mujer fuerte es una mujer empeñada en hacer algo que los demás están empeñados en que no se haga. / Una mujer fuerte es una mujer que sangra por dentro. / Una mujer fuerte es una mujer que se hace a sí misma fuerte cada mañana mientras acumula por cada batalla una cicatriz”.
Lolita es una mujer fuerte. El Pilón