La guerra es la negación de la vida. Para los que andan en la montaña, camuflados de guerreros, ningún bosque es madriguera para sus letales hazañas, porque hasta la mansedumbre del árbol es espina que les sangra la piel. Viven en permanente vigilia, como el cazador que teme ser cazado; se ocultan de su propia sombra, ellos saben que la guerra reduce el territorio al tamaño de los pies. Es el tiempo del cambio, es el tiempo del compromiso de vivir y ponerle fin al conflicto armado.
El tiempo de vivir, es el tiempo de ser honesto con la patria, de cumplir a cabalidad con las funciones que nos corresponden. El tiempo de vivir es el tiempo compartir más con la familia, de celebrar la vida, de respetar las leyes y de practicar la cultura ciudadana.
Es el tiempo de diagnosticar y buscarles soluciones a los factores sociales que son generadores de violencia. Es el tiempo de la inversión social, de proteger la industria nacional, los agricultores y los ganaderos. Es tiempo de fomentar alternativas de trabajo y desarrollo en los desplazados, las comunidades rurales, los pequeños campesinos, los desempleados urbanos y la juventud desorientada. Es tiempo de mejorar el presupuesto de la educación, de adecuar y reparar de manera oportuna la infraestructura educativa.
Pero, también es el tiempo de la seguridad y de la de la justicia: eficiente, trasparente y ecuánime. La razón primigenia de La Ley, es defender la vida y los derechos ciudadanos; por lo tanto, los legisladores y los que aplican la justicia no pueden dejarse tentar por el Síndrome de la Tauromaquia, que es la tendencia manifiesta de defender al victimario por su jerarquía social (el torero) y de olvidarse de la víctima (el inerme toro). Pero tal parece que este Síndrome es la tendencia oficial, ahora de los altos funcionarios del Ministerio de Justicia se escuchan voces: que las cárceles no pueden llenarse de conductores borrachos; pero son indiferentes ante las denuncias de los familiares de numerosas víctimas que por culpa de los conductores borrachos están los cementerios repletos.
Estos funcionarios, también pregonan que el hacinamiento de cárceles es un detrimento excesivo contra los derechos humanos, por lo tanto no se pueden penalizar tantos delitos. Es decir se les entrega licencia a los delincuentes para que sigan gozando de la impunidad; pero se olvidan que lo constitucional de un Estado de Derecho para castigar a los que delinquen en contra la vida, es construir mejores cárceles con las condiciones fundamentales para la resocialización de los detenidos.
Es tiempo de que el Estado sea el primer defensor de los ríos, los mares, los bosques, el aire para que todos los colombianos disfrutemos el Derecho Constitucional de tener un ambiente sano, y por ende a la tranquilidad de celebrar la vida sin el asedio de la delincuencia.

