Celebraron argentinos Día de la Tradición

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Buenos Aires, 11 nov (PL) Los argentinos celebraron con diversas actividades el Día de la Tradición, instaurado en homenaje a José Hernández, autor del poema Martín Fierro que narra la épica del hombre trabajador de campo, el gaucho.

Celebrado cada 10 de noviembre, en esa jornada se destaca la cultura gauchesca la cual se refleja en la comida más típica, la carne asada, en el mate que se bebe a toda hora, en la guitarra o “vigüela” heredada de España y que siempre acompaña los ritmos y melodías característicos de esta cultura y tradición.

El gaucho, dedicado a cuidar y a llevar en largos viajes el ganado vacuno, apareció casi en simultáneo con las primeras vacas y caballos, traídos por los conquistadores españoles.

La expansión de la ganadería en la zona pampeana argentina dio letra a su música, relatando sus infortunios, sus esfuerzos, sus amores y las persecuciones por parte de los ejércitos de la poderosa Buenos Aires.

Martín Fierro es el nombre del gaucho que relata su vida en el poema de Hernández. Una vida que, en un comienzo trascurre con trabajo de sol a sol, pero que puede disfrutar del humilde rancho que levantó, de su mujer y de sus hijos.

Pero, un día, junto con otros gauchos, Martín Fierro es llevado por la fuerza, condenado apenas por ser pobre, a prestar servicio militar en un fortín, una de esas precarias construcciones que controlaban la frontera frente al territorio aún indígena.

Avanzaba el estado capitalista en el siglo XIX con la integración temprana de la economía argentina a las necesidades del imperio Británico, y avanzaba la frontera ganándosela a los indios a sangre y fuego.

Allí en el fortín, Martín Fierro y muchos otros como él, padece hambre, frío, soporta duros castigos y nunca recibe el miserable salario prometido.

Por eso, luego de varios años decide huir. Regresa a su tierra pero no encuentra ni rancho ni familia, lo han despojado de todo. Perseguido por la policía, Martín Fierro vive huyendo hasta que decide buscar refugio entre los indígenas.

El poema gauchesco comenzó a publicarse en fascículos en 1873 y tuvo inmediata adhesión popular a pesar del extendido analfabetismo: se leía en voz alta en las pulperías donde los hombres se reunían apeándose de su caballo y bebían un trago.

El contenido testimonial y las profundas reflexiones sobre la amistad convirtieron a la obra de Hernández en inmortal.

La obra tuvo numerosas publicaciones ilustradas, filmes, incontables congresos y conferencias para analizarla y ha sido traducida a más de 40 idiomas, inclusive al quechua y al Braille.

José Hernández murió en 1886, época en que llegaban las primeras oleadas inmigratorias de europeos pobres que asustaron a las oligarquías y los latifundistas.

Esos, que habían denostado al gaucho por “vago y pendenciero” lo convirtieron en la figura-síntesis de la argentinidad.

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