
Cada vez usan menos en Colombia los espacios callejeros para celebrar parrandas vallenatas, con lo cual se corre el peligro de que desaparezca un medio importante de transmisión de conocimientos y prácticas musicales, consideró la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), tras asociar esa problemática al impacto del conflicto interno.
Además, una nueva variante está marginando al género tradicional, advirtió la institución.
Tal ritmo surgió de la fusión de expresiones culturales oriundas del norte del país, entre ellas las canciones de los vaqueros del Magdalena Grande, los cantos de esclavos africanos y las manifestaciones danzarias de los pueblos indígenas radicados en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Asoman también en esas melodías elementos de la poesía española y el uso de instrumentos de origen europeo.
El vallenato nació en una vasta región enmarcada por los ríos Magdalena, Cesar y Ranchería, el mar Caribe y las estribaciones de la Serranía del Perijá, hace más de 200 años.
Según apuntes históricos está presente desde hace centurias en la región sabanera de los departamentos de Bolívar, de Sucre y de Córdoba; interpretado con el acordeón diatónico, la guacharaca y la caja.
Su popularidad permitió que se extendiera a todas las demarcaciones de Colombia y naciones como Panamá, Venezuela, Ecuador, México y Argentina.
El vallenato es una herramienta que fortalece el tejido social del Caribe colombiano y ha permitido por muchos años divulgar a través de sus letras, las vivencias y anécdotas de los pobladores, subrayaron expertos.
Entre sus renovadores sobresale el samario Carlos Vives, congratulado con el Grammy Latino 2016 a la Mejor Canción del Año por La Bicicleta, interpretada a dúo con la barranquillera Shakira.
En 2010 las músicas de marimba y los cánticos tradicionales del pacífico sur alcanzaran igual reconocimiento, avalado por la Unesco.
Por Prensa Laina
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