GUSTAVO GUTIÉRREZ CABELLO SIGUE ESTABLE Y DE BUEN ANIMO

El Instituto Cardiovascular del Cesar dio a conocer el segundo parte médico sobre la salud del compositor vallenato GUSTAVO GUTIÉRREZ CABELLO, quien está actualmente hospitalizado por covid-19

Según informó la clínica en el comunicado, Gutiérrez Cabello continúa hospitalizado en la institución y si bien cuenta con un diagnóstico de Infección Respiratoria Aguda, su condición de salud es estable.

“Su condición continúa estable, con muy buen ánimo y recibiendo manejo de su condición respiratoria. Sin embargo, aún requiere continuar en monitorización, manejo médico y terapias respiratorias”, informó la clínica.

Desde la institución de salud desearon al compositor, que fue hospitalizado el pasado martes, una pronta recuperación. De igual manera, familiares y seguidores del folclor han elevado cadenas de oración por su recuperación.

Crónica: ‘Rumores de viejas voces’, de Gustavo Gutiérrez, el poeta romántico del vallenato

Por: Juan Rincón Vanegas– @juanrinconv

-‘El flaco de oro’, en el año 1969 se coronó como el primer rey de la canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata y 13 años después volvió a repetir el triunfo-

Gustavo Enrique Gutiérrez Cabello.Valledupar, Cesar, 12 de septiembre de 1940.

Gustavo Gutiérrez Cabello, el hijo de Evaristo Gutiérrez Araújo y Teotiste Cabello Pimienta, desde muy joven tuvo la virtud de convencerse que la vida sin amor no tiene ningún sentido. De igual manera, en sus canciones se descifra el más extenso poema cantado por donde corre un mundo lleno de nostalgias, tristezas y pocas alegrías.

Definitivamente es el hombre solitario que le canta a su Valledupar del alma y muy bien lo afirma con toda sinceridad. “En el transcurso de mi vida me he ido volviendo más melancólico y más triste por los años. Eso sí le agradezco a Dios que me otorgó el talento justo a mis pretensiones y eso vale todo el tesoro del mundo”.

No se podía ingresar al objetivo de la historia porque el poeta romántico y soñador continuaba exponiendo sus razones de vida. “Yo soy una persona común y corriente: sencillo, simple y me catalogo cariñoso. Me gusta la tranquilidad, estar solo y rodeado de pocas personas. Nunca estuve deseoso de fama y popularidad, y he tratado de eludirla hasta donde es posible, pero llega un momento en que es imposible”.

Siguiendo a toda carrera por sus comienzos como compositor expresó. “Mi inicio fue producto de un desengaño, quien lo iba a creer, pero es la verdad. Mi primera canción la hice por unos celos cuando contaba con 19 años. A ese desengaño le hice una letra que titulé ‘La espina’, y como con la poesía no me iba bien le puse música y la estrené con el acordeonero Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza”.

Continuó diciendo. “Dicen que mi primera canción es ‘Suspiros del alma’, pero esa fue como una especie de ensayo porque para mí la primera es ‘La espina’, que me marcó toda la vida, una marca indeleble que me grabaron inicialmente las orquestas de Pacho Galán y La Billos Caracas Boys”.

Valledupar, novia inmortal

Una buena cantidad de canciones de Gustavo Gutiérrez giran alrededor de Valledupar, la Capital Mundial del Vallenato. Esa donde ha vivido precisamente en todo el corazón de esta bella tierra, la plaza Alfonso López. Exactamente en sus palabras lo plasmó con total claridad.

“Valledupar es mi novia inmortal, la más fiel de todas, la que nunca me produjo desengaños, ni celos. Siempre está ahí inmutable y la contemplo hermosa en el pasado, el presente y la contemplaré hermosísima en el futuro. Yo diría que mi gran amor es Valledupar”.

Enseguida entró a dar una explicación precisa sobre la canción ‘Rumores de viejas voces’ que lo catapultó a la gloria del folclor vallenato, al ser el primer ganador en el año 1969 del concurso de la canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata.

“Hace 52 años gané con esa canción que hice cuando ví que Valledupar estaba cambiando. Comenzaban a pavimentarla, se tuvo la primera invasión en ‘Las tablitas’, hoy barrio Primero de mayo. Iba creciendo como algo ineludible porque el progreso no se podía contener, pero hice la advertencia que ojalá nunca cambiara su sentido musical, ese de las vivencias cantadas porque se perdería el encanto de esta amada tierra”.

En ese momento del diálogo llegó la memorable frase de ‘La Cacica’, Consuelo Araujonoguera. “Yo quiero que se mantenga viva y perenne la lámpara votiva de la fe en nuestra música vallenata, en nuestros valores, en nuestro sentido de pertenencia para que cuando pasen los años podamos decirle a Valledupar como Gustavo Gutiérrez Cabello: Rumores de viejas voces de tu ambiente regional, no dejes que otros te cambien el sentido musical”.

De otra parte, en el año 1982 Gustavo Gutiérrez volvió a saborear su segundo triunfo en el Festival de la Leyenda Vallenata con la canción ‘Paisaje de sol’ que después grabara Jorge Oñate con Juancho Rois, donde vuelve a enmarcar a Valledupar.

Así cuenta la historia de la célebre canción. “En aquella ocasión estuve en el corregimiento de Atánquez con motivo de la fiesta del Corpus Christi, y en la tarde al regresar a Valledupar vi un maravilloso paisaje de sol que me llamó mucho la atención. Ya en horas de la noche con toda esa vivencia me senté a hacer la canción que tuvo la mayor proyección en el mundo vallenato”.

Sin dar espacio a más nada cantó uno de los versos. “Traigo la esperanza del hombre alegre de aquel cantor, que en versos y flores mitiga el alma, mata el dolor. Las nubes descansan en la serranía y al bajar al Valle llueven de alegría. Aquel paisaje nació sobre una tarde de sol y allí el destino marcó el sendero de mi canción. Y desde entonces yo soy romántico y soñador, porque no puedo cambiar la fuerza de mi expresión”.

Música a las poesías

Dentro de las confesiones de Gustavo Gutiérrez, está que se inició como poeta y después le añadió la música.

Gustavo Gutierrez Cabello sigue cantando y anorando a su viejo Valledupar

“Antes de componer música vallenata hacía poesías. Lo que pasa es que la poesía es un género en el aspecto escrito que ante la actitud de la vida existe y es hermosísima, pero no comercial y de una vez pensé que llegaba más al público poniéndole música. Entonces en vista de que con la poesía ví que no iba a pasar nada, fue cuando me nació la idea de ponerle melodía a mis letras y casi todas tienen rima y las puedo declamar”.

Al final cuando la charla era larga, la poesía giraba alrededor de las palabras, los cantos eran la mayor fuente de inspiración y ahora más que nunca teniendo una vida calmada que le produce quietud espiritual, él agradeció especialmente el más grande homenaje que le hicieron en el Festival de la Leyenda Vallenato del año 2013. Entonces se aprovechó el instante para invitarlo a recordar una de sus canciones y se quedó con ‘El cariño de mi pueblo’, esa que lo pinta de cuerpo entero con su flacura a cuestas.

Es la verdad porque en esos versos expresa con el corazón en la mano que es un honor que todos lo quieran, es el gran placer que le regala la vida y que muchos desearían. Así es el poeta cantor que ha tenido momentos felices de esos que nunca se olvidan. Además, que lo más bello para él es regalar ternura hasta sentir el cariño de la gente de su pueblo.

Eso sí, teniendo en cuenta que como en la canción ‘Rumores de viejas voces’, no se puede dejar que otros le cambien a Valledupar su sentido musical. “Ese es mi clamor”, recalcó Gustavo Gutiérrez.

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BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

LA HISTORIA DEL CONCURSO DE LA CANCIÓN INEDITA DEL FESTIVAL VALLENATO TIENE UN LUGAR ESPECIAL EN EL BARRIO SIMÓN BOLÍVAR

Por Félix Carrillo Hinojosa

Todas las tardes, en una esquina sobre un sardinel y una piedra gigante se empezó a gestar el movimiento de unos pelaos que buscaban la música y esta a su vez, se dejaba acariciar por los sonidos de violinas, guitarras y una que otra amanecida llena de melodías, unas reconocidas y otras en nacimiento.

Los hijos de Blanca Cotes y Ciro Carrascal se apasionaron por la guitarra y sobre ese instrumento empezaron a transitar, en la búsqueda incesante de saber más sobre esos sonidos que salían de la pulsación de sus dedos sobre esas cuerdas de nailon.

Mientras Omar Geles y Wilfran, eran unos niños y el primero trataba, ante la insistencia de su madre Hilda Suárez de aprender a tocar acordeón, sin saber ellos ni nosotros en lo que se convertirían.

Mi casa se volvió de la noche a la mañana, en el lugar predilecto donde era buscado por Jorge Oñate, quien confió muchas veces en mi visión en la unión con Colacho y Juan Rois, al tiempo que incursionaba en el mundo de componer canciones.

Una tarde de febrero de 1978, nos encontramos en esa esquina musical. Allí estaban Poncho y Millo dándole a la música. Los dejé que tocaran y en un descanso les dije, «yo compongo». Se sorprendieron. En ese grupo estaban Luis Martínez y Elberto López, ya fallecidos. Después de escucharme, se entusiasmaron y le dieron su aprobación al paseo «Adiós infancia» que fue defendida por Luis Martínez, la segunda voz y guitarra de Millo y el acordeón de Numa Bateman, con la que se llegó a la final junto a Río Badillo del primo Octavio Daza Daza.

Ahí comenzó la historia de ellos y la mía, donde fui durante cuatro años consecutivos, finalista de la canción inedita, obras defendidas por Jorge Luis Ramos y el acordeón de Franco Rois.

Esto abrió un espacio para todos nosotros. Alfredo Gutiérrez y el furor guajiro me grabaron y empezó hace más de cuatro décadas el tránsito de nosotros por la música. Ellos se quedaron en el lugar de siempre y yo, viajé a un sitio andino que me ha dado todo.

Poncho y Millo han sido victoriosos. En 1983 defendieron el paseo «Yo soy el acordeón» del malogrado compositor Julio Díaz Martínez, con el que lograron el primer puesto. Dieciséis años después, obtuve el primer puesto con el son «Mi pobre acordeón», donde canté mi obra con el acordeón de Beto Jamaica, grabado por los Niños vallenatos del Turco Gil.

Millo se presentó en ese concurso años después y obtuvo el tercer lugar con un son y ahora nos sorprende con un Merengue ingenioso, que a manera de crónica musicalizada, recoge sin mofarse, el retrato oral de un personaje inmenso del mundo vallenato como lo es Jorge Oñate.

«Las vainas de Oñate» es un paso a paso sobre los decires de un cantante, que siempre dejaba en sus expresiones, una reflexión más allá del sentir folclórico de nuestra cultura, a las que muchos trataban como algo sin sentido, pero que si nos adentramos en ese mundo aterrizado, encontramos que en más de una de ellas, Jorge Oñate tenía razón.

Ese canto de Millo tiene un poder actualizador, que bien vale la pena ahondar. Si lo graban hoy, mañana o después, siempre tendrá vigencia, porque es un retrato vivo que le puede hablar a futuras generaciones, de todo lo que él decía.

No dudo un segundo en vaticinar, que al ser grabado por un artista de nuestra música vallenata, se convertirá con el pasar del tiempo en un clásico.

Retrato a mi compadre Jorge, brincando y lleno de alegría, diciendo «ese canto lo grabo yo». Ya él no está como tampoco el primo Lucho Castilla, para que su risa estruendosa le diera la aprobación a ese buen merengue»-

Fercahino

Félix Carrillo Hinojosa

LA HISTORIA QUE EL NUEVO REY VALLENATO NO QUIERE QUE LE RECUERDEN

  • La celebración de José Ricardo Villafañe por ser el primer indígena en coronarse es opacada por la golpiza le dio a su exnovia Nohamis Suárez en un ataque de celos.

Por: Las2orillas | octubre 19, 2021

Desde hace 18 años los Villafañe, una familia indígena arhuaca, ha bajado en una procesión de ocho horas desde la Sierra Nevada de Santa Marta hasta Valledupar para acompañar a José Ricardo Vallafañe en búsqueda de la corona más deseada: la de Rey Vallenato. Los tutusoma, esos característicos gorros del pueblo indígena, han sobresalido en el Parque de la Leyenda Vallenata todos estos años adornando uno de los palcos. La esperanza siempre estuvo puesta en el representante de la familia, que ha dedicado su vida a tocar el acordeón.

José Ricardo Villafañe parecía estar destinado a alcanzar la gloria. Y no era para menos con los maestros con los que ha estudiado los secretos del vallenato: Andrés El Turco Gil, José María Chema Ramos y Juan Davidl El Pollito Herrera dedicaron horas al joven arhuaco.

En 2005, José Vicente acompañado de su papá, el líder arhuaco Vicente Villafañe en el festival Cuna de Acordeoneros en Villanueva, La Guajira

Sin embargo, la música no lo ha sido todo y su apellido hoy pesa no solo en la Sierra sino en toda la Costa Caribe, donde los Villafañe se han ganado fama de defensores de la naturaleza, pero también de aventajados políticos. El papá del acordeonero es el abogado José Vicente Villafañe, un reconocido líder arhuaco, miembro de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI) y delegado de la Confederación Indígena Tayrona. Su tío es Danilo Villafañe, reconocido líder indígena de la Sierra Nevada que ha liderado importantes luchas ambientales, pero al mismo tiempo ha abanderado proyectos como el Six Sense, el hotel de lujo siete estrellas que en 2011 Juan Manuel Santos propuso construir en el parque Tayrona.

El apellido Villafañe tiene peso propio. Danilo Villafañe intentó ser senador con la Alianza Verde en 2014 aunque fracasó. Desde entonces se ha dedicado a  invitar a la Sierra a importantes empresarios como los presidentes de Argos, Grupo Bolívar o Alpina, una costumbre que se convirtió en una convocatoria anual de  empresarios y políticos para hablar sobre la filosofía ancestral del pueblo arhuaco. Ese alcance entre los grupos económicos le ha dado un gran reconocimiento a Villafañe, quien ha sabido usar esa influencia tanto al interior del país como en el extranjero, dando conferencias en Estados Unidos y Europa de manera recurrente.

El sello Villafañe ha ayudado a abrirse camino en el mundo de la política en donde la participación de minorías cada vez tiene un peso mayor. Y José Ricardo Villafañe no ha sido la excepción. Además de su temprana vocación musical hizo carrera a una temprana edad en la oficina de Asuntos Étnicos en la Gobernación del Cesar a donde llegó cuando tenía 22 años. En el 2020 culminó la carrera de Contaduría Pública en la Universidad Popular del Cesar y rápidamente saltó a la Registraduría Nacional de Valledupar. Hoy estudia Licenciatura en Música.

Considerado un relacionista público, Villafañe no se quita su traje blanco arhuaco, la mak-u- (manta blanca), el tutusoma y la mochila. Esta imagen lo ha llevado a tocar en conciertos de Carlos Vives, quien lo ha invitado personalmente para que entone el acordeón para él. Villafañe también ha recibido apoyo del Ministerio de Cultura y ha cultivado amistades de tanto peso como el mismísimo registrador Alexánder Vega o el ministro de Defensa Diego Molano.

Desde hace algunos años, Villafañe es amigo del ministro de Defensa

Después de 18 años de intentos, por fin el pasado 17 de octubre en la tarima Francisco El Hombre, José Ricardo Villafañe fue coronado Rey Vallenato. Sin embargo, su coronación no causó el estupor que acostumbraba a tener el reconocimiento en el público. Muchos aseguraban que había mejores candidatos, pero el verdadero reproche a la elección de Villafañe era por una demanda que pesa en su contra en la Fiscalía, un lunar que no puede ocultar.

En la madrugada del primero de noviembre de 2020, la novia de Villafañe, Nohamis Carolina Viana Suárez, de 22 años, lo denunció ante la Fiscalía por el delito de lesiones personales. Borracho y en una escena de celos, José Ricardo la golpeó severamente en un hotel de Valledupar. El único pecado de Nohamis fue contestar la llamada de un amigo. El Rey Vallenato le fracturó los dientes y le causó hematomas en el cuerpo. La joven alcanzó a escapar de la habitación del hotel y puso fin a los dos años de relación que tenía con el acordeonero.

Villafañe tuvo que enfrentarse por primera vez a la justicia en una audiencia el 19 de febrero de 2021. Además, para el pasado 14 de octubre, el mismo día en que empezó el Festival Vallenato, tenía programada la audiencia de acusación y en la que sería imputado por el delito de lesiones personales agravadas, sin embargo, su abogado defensor argumentó quebrantos de salud para solicitar el aplazamiento de la audiencia judicial.

Pero la salud no resultó obstáculo para Villafañe a la hora de subirse a la tarima de Francisco El Hombre en la Plaza Alfonso López y pegársele a su acordeón en un concurso que es extenuante pues sus participantes deben tocar por varias horas al día su instrumento en su intento por demostrar que son los mejores del género. Villafañe enfrentó a otros cuatro fuertes rivales, su actuación demostró que la energía y un ritmo impecable para montarse a la tarima durante 3 días consecutivos para coronarse Rey Vallenato. En un inicio el grupo era de 30 participantes el primer día que pasó a 15 en la semifinal y que terminó con un grupo selecto de 5 finalistas. Villafañe derrotó a 29 rivales interpretando desde vallenatos hasta paseo, puya y merengue. Con tal actuación, quedo en evidencia que Villafañe goza de buena salud y que la excusa médica de la que se valió su abogado para excusarlo de no comparecer a juicio el 14 de octubre, penda de un hilo. Asimismo, el juez aceptó la excusa a sabiendas de que Villafañe es una figura pública en Valledupar y se sabía que sería la gran estrella del Festival Vallenato número 54.

José Vicente Villafañe siendo coronado Rey Vallenato el pasado 18 de octubre

Villafañe no olvidó el agradecimiento a toda voz a su jefe el registrador Alexander Vega, cuando se celebraba su consagración como nuevo rey vallenato.

No todos celebraron con él. Le trajeron a colación el oscuro episodio de maltrato físico a su exnovia quien, aunque se armó de valor para denunciarlo en la Fiscalía, tendrá que esperar hasta febrero de 2022 para que Villlafañe comparezca ante un juez, con corona y todo, y responda por la golpiza que le propició a Nohamis Carolina Suárez.

¡FRANCISCO…EL HOMBRE!


Amylkar D. Acosta M.

La figura legendaria de Francisco el Hombre descolló como el ícono de esta música, que encontró en él su origen primigenio. Aunque analfabeto, en momentos en los que quienes tenían acceso a las primeras letras en nuestra región eran una minoría, supo pergeñar y se las ingenió para componer canciones que ya son parte del Patrimonio cultural e inmaterial de la Nación, tal como lo reconoció la Unesco en 2015. 

“Cien años de soledad es un Vallenato de 350 páginas”. G.G.M.

Para armar un rompecabezas se requiere tener todas las piezas que hacen parte del mismo a la vista y al alcance de la mano. Lo mismo ocurre con los acontecimientos históricos, los cuales involucran, como elementos esenciales para su correcta interpretación, la cultura y el folclor de los pueblos, determinantes del ethos de los mismos. Es el caso de la Leyenda del Vallenato, nuestra música vernácula, que nació en el Magdalena grande, pero que tuvo su epicentro en sus inicios en la otrora Provincia de Padilla, antes de que el Festival de la Leyenda Vallenata, que ya llega a su edición 54º, lo catapultara hasta encumbrarlo en el lugar de privilegio que hoy ocupa. 

La pieza que faltaba para armar este rompecabezas era un personaje singular, ignoto e ignorado por décadas, invisibilizado por la bruma de los tiempos y por su injusta irrelevancia, hasta convertirse en una especie de eslabón perdido del vallenato. Se trata nada menos que de Francisco Antonio Moscote Guerra, más conocido como “Francisco el Hombre”. Este se constituyó sin saberlo, sin percatarse de ello, en el primer juglar de esta música, en su primer intérprete reconocido y en el primer acordeonero, empírico además, en sacarle las mejores notas y con ellas las mejores melodías en este nuevo “aire” al acordeón diatónico más conocido como “tornillo de máquina”. 

Según los entendidos, ese primer acordeón entró por el puerto de Riohacha, a mediados del siglo XIX, hacia 1869, sin que en ella se hiciera aprecio del mismo, ni entonces ni después. Pues para las élites prevalecientes para la época la música que se interpretaba con él no era grata para sus oídos, como tampoco lo fue por muchos años en la que a la postre se convirtió, al acogerla, en su gran plataforma, Valledupar. El acordeón, acompañado de la caja y la guacharaca, llegó a tener tal relevancia que el gran protagonista de los conjuntos era el ejecutor del mismo, diferente a lo que acontece en los tiempos que corren, que privilegian a los cantantes o vocalistas. 

La figura legendaria de Francisco el Hombre descolló como el ícono de esta música, que encontró en él su origen primigenio. Aunque analfabeto, en momentos en los que quienes tenían acceso a las primeras letras en nuestra región eran una minoría, supo pergeñar y se las ingenió para componer canciones que ya son parte del Patrimonio cultural e inmaterial de la Nación, tal como lo reconoció la Unesco en 2015. 

Contrariamente a lo que se suele creer, él no fue un mito, fue un hombre de carne y hueso, hecho y derecho, andariego, como todo juglar que se respete. Sólo que se inmortalizó como cultor del vallenato hasta su mitificación en la obra cumbre de nuestro laureado con el premio Nobel de literatura, Gabriel García Márquez. 

www.amylkaracosta.net

EL INOLVIDABLE LORENZO MORALES

Por José Atuesta Mindiola

En los festivales de música vallenata tradicional, las canciones y las notas del juglar Lorenzo Morales siguen sonando. En los concursos de acordeoneros nunca faltan el son ‘Amparito’, el merengue ‘El secreto’ y el paseo ‘La primavera’.

Lorenzo Morales nació en Guacoche el 19 de junio de 1914. Desde muy joven ya se fascinaba con la música; con disciplina descubre los secretos de los acordeones y desarrolla su talento musical y su capacidad para la composición. Regó espigas de melodías por toda la región y su cantar está en el viento como perfume de flores. Entre sus versos, se recuerdan:
“Yo soy Lorenzo Morales,
al derecho y al revés,
yo siempre dejo la huella,
antes de poner el pie.”

Y qué tengo un secreto
y qué tengo un secreto para las mujeres/
mentira no tengo nada,
lo que pasa es que me quieren”

Lorenzo Morales vivió pensando en la vida, en las bellezas del amor, del paisaje, de la música, y en la satisfacción del trabajo; esto le permitió embellecer su estancia terrenal por 97 largos años. Anduvo haciendo camino para regar las semillas de su canto; creó un estilo, una escuela musical en las notas del acordeón y en la composición vallenata.

Entre quienes reconocen su talento como autor, citamos dos maestros compositores del canto vallenato: Leandro Díaz Duarte y Dagoberto López Mieles; ambos iniciaron su afición por la música vallenata interpretando sus canciones, y alimentaron su vena para la composición. De su estilo en el acordeón, su alumno más aventajado fue el rey de reyes Nicolás Elías “Colacho” Mendoza.

Desde 1938, año de la legendaria piqueria de la “Gota fría”, Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta son los dos músicos de mayor reconocimiento en la región de Valledupar, por sus habilidades sonoras para las notas del teclado y el repentismo de los versos de cuatro y diez palabras.

Morales quizás fue uno de los juglares más andariegos. Cierto día de 1945 el maestro Rafael Escalona fue a buscarlo a Guacoche; varias mujeres que llevaban en su cabeza tinajas llenas de agua, le dijeron que lo buscara en Valencia o en Caracolí, en Codazzi, Badillo o Patillal; entonces le escribió el canto “Buscando a Morales”, cuyo estribillo dice:
“Porque Moralito es hombre andariego
que cambia de nido ni el cucarachero,
porque Moralito es una enfermadá
está en todas partes y en ninguna está”.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, en 2011, edición 44 del Festival, le rindió homenaje a la vida y obra musical de Lorenzo Morales “Moralito”, junto a Leandro Díaz. Y cuatro meses después, el 26 de agosto, el cuerpo de Lorenzo Morales se abraza a la penumbra silente de la muerte; pero su espíritu andariego, cual un ángel intangible, ronda con las melodías de sus canciones por el cielo de la región del Valle de Upar. Aunque su primera muerte la anunció el maestro Leandro Díaz en 1960, en una hermosa canción. Era la muerte poética, por el silencio prolongado de su acordeón y la larga ausencia en la montaña:
“Si fuera un mejicano que acabara de morir
corridos y rancheras todo mundo cantaría
pero murió Morales ninguno lo oyó decir
murió poéticamente dentro de la serranía”.

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DÉCIMAS A LORENZO MORALES
Por José Atuesta Mindiola

I
De la tierra de Guacoche
de ese Palenque famoso,
vino un juglar portentoso
con el color de la noche.
Y trinaba como un toche
con su garganta sonora
se despertaba la aurora
en los floridos rosales,
y era Lorenzo Morales
el cantador de las horas.

II
Espigas de melodías
regó por esta región
notas de su acordeón
iban sembrando alegría.
Él no tuvo dinastía
de músicos y cantores
para extender los honores,
grandeza de su talento.
Su cantar está en el viento
como perfume de flores.

III
Negro de los cardonales
dijo Emiliano Zuleta:
el músico se respeta
porque su talento vale.
Al gran Lorenzo Morales
también yo recodaré,
una noche le escuché
cantándole a una doncella:
“Yo siempre dejo la huella
antes de poner el pie”.

IV
Lorenzo Miguel Morales
un maestro de maestros,
desde joven fue muy diestro
con notas originales.
En todos los festivales
sus versos siguen cantando,
y lo viven recordando
por sus merengues y sones.
En la historia de acordeones
el suyo sigue sonando.

LORENZO Y EMILIANO

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BLOG DEL AUTOR:  José Atuesta Mindiola