Por Donaldo Mendoza

En el corazón de las madres que ofrendaron sus hijos a la guerra por la independencia, anida también el heroísmo. Es el caso de Marta Josefa Díaz de Hoyos, madre de Atanasio Girardot. Pues bien, había caído ya Atanasio en la batalla de Bárbula, Venezuela, cuando llegó un correo que anunciaba a la señora que su otro hijo, el teniente Pedro, también había muerto. “Con voz temblorosa, la dama, pregunta al correo: «¿Se ganó la batalla?» El soldado responde: ‘Sí señora. Nuestra bandera flota al otro lado del Juanambú’. La madre de los héroes, sin una lágrima, observa con sencilla grandeza: «Pues eso era lo que más importaba…»”.

Polonia Salavarrieta y Ríos (hacia 1795 – 1817). Es nuestra heroína por excelencia, con un altar encendido en nuestra memoria. Nacida en Santafé de Bogotá. Huérfana cuando aún era niña, se esforzó en estudiar y aprendió a leer y escribir, lo cual le proporcionó versatilidad en el uso del lenguaje. Para sostenerse, instala en su casa una escuelita para enseñar las primeras letras… y algo de patriotismo. Algo husmean los espías realistas, llegan a la casa y la interrogan. “Solo soy costurera y maestra”, les dice, con voz segura y serena. También hace trabajos de costura en casas de familias realistas, solo para escuchar noticias y transmitirlas a sus amigos conspiradores. Y aún va más lejos: “…su mejor informante es el barbero particular de Sámano, Hilarión Cifuentes, que permanece en Palacio, … oye muchas noticias”, que hace llegar a su patriótico destino, escondidas dentro de naranjas.

Un adolescente, de apenas 15 años, fue capturado y fusilado por llevar mensajes revolucionarios; esto armó de valor a La Pola para seguir adelante en sus actividades ya no tan secretas. Dejó oír su voz de indignación cuando se enteró del fusilamiento del pubescente Faustino Altamirano: «¡Así es como se debe morir por la Patria!». Sus amigos le ruegan que se esconda en Guaduas, pero La Pola solo oye y obedece a su destino: ella y la Patria no pueden esperar. Su suerte estaba echada, fue cuestión de días: “¡Gregoria Apolinaria, estáis presa por alta traición al Rey”, gritó un sargento.

En el presidio, los días pasan lentos y pesados para una Pola activa y osada. … La voz monocorde del realista confesor llegó a sus oídos cual murmullo necio: “Soy el padre Villabrile… y te traigo el consuelo de la confesión, pues te encuentras en peligro de muerte por tus sacrílegos atentados contra S. M. el Rey”. … Y quedó para la eternidad la visión clarividente de La Pola ante el pelotón de fusilamiento.

¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy nuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde. Ved que, mujer y joven, me sobra valor para sufrir mi muerte y mil muertes más. ¡No olvidéis este ejemplo! … ¡El día llegará, españoles! ¡El día llegará en que a esta ciudad entren las tropas de la libertad y de la justicia, y entonces temed, que en vano serán vuestras súplicas y gemidos!”

Las heroínas olvidadas (1)

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BLOG DEL AUTOR: *Donaldo Mendoza

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