Por Donaldo Mendoza*
«No tengo ningún talento especial.
Solo soy apasionadamente curioso».

Albert Einstein

En la década del setenta del siglo pasado, la OEA (Organización de los Estados Americanos) aún era reconocida en su función original de cooperar en la solución de conflictos entre sus países miembros. Fungía en el imaginario como un Foro respetable. En tal condición, la OEA se interesaba asimismo de otros intereses regionales, como la educación y la salud; y se asociaba con otras instituciones para financiar programas de impacto social o cultural. Lo hizo específicamente con el Instituto Colombiano de Cultura (COLCULTURA) en su misión de llevar a la población (desde el profesional hasta el estudiante y el obrero) libros de interés general a muy bajo costo. Una esas publicaciones fue el pequeño volumen (No. 66) «Curiosidades de los seres vivos», 1972.

Del contenido diverso de ese volumen (86 pp.) tratará esta breve reseña. El propósito, como lo sugiere el título, es alimentar el deseo natural de saber y conocer, con información que aviva la atención, y con cierto halo de asombros y rarezas. En efecto, el mayor de los seres vivos es la Tierra, nuestra sufrida morada. Es un milagro natural en el infinito universo, con un diámetro de 12.760 kilómetros y una circunferencia de 40 mil. En tanto que la desmesura del universo se ilustra en cortas distancias: “Un avión, viajando a velocidad de 1.200 kilómetros por hora, alcanzaría el Sol –distante de la Tierra cerca de 150 millones de kilómetros– en 14 años. Y para llegar a la estrella más próxima, ese avión precisaría más de 270.000 años”.

Quedémonos, pues, mejor en la Tierra (con mayúscula, para no verla tan minúscula) y asombrémonos con lo que ella nos ofrece. “Cuatro millones de lombrices por hectárea pueden sacar a la superficie unas cien toneladas de tierra enriquecida”. Aristóteles las llamaba «los intestinos de la tierra».

Otro regalo natural son las plantas o árboles que dan sombra y refrescan aceras y avenidas (oasis en ciudades y pueblos ardientes), porque “tienen un positivo efecto físico y hasta sicológico, dado que reducen la temperatura y aumentan la humedad del aire entre el 18 y el 22%, además de absorber el 26% de las ondas sonoras…”. En contraste, las noticias no son nada buenas para los consumidores de carne roja: “Para que un terreno preparado produzca un kilo de alfalfa (forraje para ganado, sus brotes se consumen en ensalada) es necesario que reciba alrededor de 900 kilos de agua, y para igual peso en trigo, cerca de 5.000 kilos. En tanto que para hacer posible un kilo de carne se han necesitado cinco toneladas de agua”. Aparte de que las reses empobrecen el suelo, porque el golpeteo continuo de sus cascos endurece la superficie e impide que el agua penetre.

Hay una frase, cuyo autor no recuerdo, con la cual quiero terminar este artículo, dado que tiene ella el poder de principio categórico: “La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad”.

♦♦♦

*Donaldo Mendoza

BLOG DEL AUTORDonaldo Mendoza
Siguenos en X:  @portalvallenato
Telegram: @portalvallenatonet
Instagram:@portalvallenatonet
donaldomendoza1953@hotmail.com