Alejandro Dumas (1802-1870)
Donaldo Mendoza
“Me recuerdo avasallado por pasiones humanas que jamás se han alzado con tanta intensidad como en este libro”.
–Tomás Eloy MARTÍNEZ, novelista y periodista argentino.
Si usted, apreciado lector, es de los que piensan en el libro que llevarían a la isla solitaria, voy a sugerirle tres que no deberían estar en su equipaje: Ulises, Mientras agonizo y En busca del tiempo perdido. Los dos primeros, porque en esas soledades usted no está para desarmar y volver armar libros a fin de descifrar sus técnicas narrativas; y el tercero, porque el propósito no es quedarse dormido bajo los hechizos estéticos de Marcel Proust. Las grandes narraciones, en cambio, se sustentan en dos principios: ‘útil y dulce’ (enseñar y entretener); allí estarán para siempre: Las mil y una noches, Don Quijote, Cien años de soledad y El conde de Montecristo, por el momento. “Mi reino, el mío, es tan grande como el mundo, porque no soy italiano, ni francés, ni hindú, ni americano, ni español; soy cosmopolita”, está escrito en la novela, y el tiempo le ha dado la razón.
Dejo esta primera parte como animación a la lectura de esta aventurada novela, que tanto impactó al escritor aregentino: “No hay parábola de vida tan perfecta como la de Dantés”. Quizás la mayoría, después de esta reseña, no leerá las 1057 páginas de la edición Bruguera (1979); quizás algunos, movidos por la curiosidad, opten por la adaptación al cine de la novela, les dejo el link: (https://www.youtube.com/watch?v=P_uJqo7ZBj4&t=2625s). En fin, para lectores o espectadores, el argumento es el siguiente:
Corría el año 1815, en el puerto de Marcella. Edmond Dantés, 19 años a la sazón, irradiaba felicidad, pronto se casaría con Mercedes. Dantés era el segundo en el mando del barco El Faraón, y su dueño, el armador Morrel, lo nombraría capitán. Fortuna que despierta la envidia de Danglar, otro marino; éste se confabula con Fernando Mondego, primo de Mercedes y enamorado de ella. Usan como coartada una carta, y acusan a Dantés de ser un agente bonapartista. Entregan la carta a Villafort, procurador del rey. Edmond es puesto preso en la tétrica cárcel «If», sin ser escuchado siquiera. Allí permanece catorce años en condiciones extremas. Se relaciona con el abate Farías, un sabio loco; éste funge como padre y le enseña a Edmond historia, ciencias, idiomas… Intentan una fuga y fracasan. Posteriormente, el abate muere y Dantés, aprovechando la oscuridad, viste el sudario del abate y ocupa su lugar; así es lanzado al mar, Edmond rompe con un cuchillo el costal y nada hasta ponerse a salvo… Llega a nado a la isla Montecristo. Allí se hace amigo de unos contrabandistas, estos se marchan y Edmond se queda. Ayudado del mapa que le dio el abate explora la isla, y halla la gruta con el tesoro que allí había escondido el abate (herencia familiar). Esto cambiará su vida. Tras muchos años de ausencia regresa a Marcella, usando distintas indumentarias. Su padre ha muerto en la miseria… Mercedes, perdida toda esperanza, decide casarse con Fernando. Dantés se informa: Villafort gozaba de gran fortuna y posición social; Danglars, convertido en rico banquero; Fernando había adquirido riqueza y título de nobleza; su jefe Morrel había caído en la ruina, es salvado por Edmond Dantés, sin revelar su identidad… Sigue la impecable urdimbre elaborada por Dantés: “…cuando se ha salido de la cárcel y se llama Edmond Dantés, se toma venganza”. ¿Cómo?, curiosidad que el ocupado lector resolverá.
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