Del destino y las primeras lecturas
Por Donaldo Mendoza*
Este no es un libro de viaje, sino un bucear en los recuerdos
que permanecen vivos en mi cabeza; momentos que se me han
quedado grabados, lugares e incidencias que me han maravillado.
A. Christie
Hay un propósito definido en estas memorias: el deseo de Agatha Christie de compartir con la audiencia situaciones y circunstancias que fueron llenando de sentido su vida. Condensado está en el subtítulo de esta segunda entrega. Hay que agregar que, antes de escribir, la futura autora había sido una apasionada lectora. Agatha dice que en sus años de infancia era costumbre que los niños aprendieran a leer cumplidos los ocho años, pero que era tanto su afán interior, que se operó en ella una especie de milagro: “…un día me di cuenta de que podía leer un libro titulado El ángel del amor… Sin haber cumplido los cinco años, el mundo de los libros se abría ante mí. … Había aprendido a leer por la apariencia de las palabras y no por las letras”. Pero no todo fue dicha, dada su “mala caligrafía y peor ortografía, dos cosas que me resultaban siempre muy difíciles”.

Hay este recuerdo de Ágatha en donde enfatiza su ausencia del aula escolar: “Nadie tenía menos idea de colegios que yo, que nunca había estado en ninguno; era imposible que guardara ninguna impresión de ellos, puesto que de pequeña no los había conocido”. Pero sí habla de estudios secundarios en París, y manifiesta su admiración por el lenguaje desenvuelto de sus amigas americanas. De esos años nos deja esta impresión: “…no entendía la gramática: no comprendía por qué a unas cosas les llamaban preposiciones y cuál era la función de los verbos; para mí no había más que una lengua… Me entregaba con gusto a la composición, pero sin obtener buenos resultados. La crítica era siempre la misma: demasiada fantasía, no me atenía al tema”. Tenía quince años.
Sus mejores recuerdos vienen de fuera del ámbito escolar: “Leía muchos libros: El prisionero de Zenda fue mi primer encuentro con la novela; la leí una y otra vez. … Leí también todas las novelas de Julio Verne; … y mi obra preferida fue Viaje al centro de la tierra. …me extasiaban las obras de Alejandro Dumas: Los tres mosqueteros, Veinte años después y, sobre todo, El conde de Montecristo”. Y como a casi todas las niñas de su tiempo, a los once años le dio por la poesía, y a fe que no lo hizo mal: “Conocí a una florecilla/ cubierta con blanco tul;/ quería ser campanilla/ y tener vestido azul.”.
Entre tanto, el destino que la vida le tenía prometido determinaba también su personalidad: “El descubrimiento del «yo» es el primer paso hacia el desarrollo de una vida personal”. Y Agatha confiesa: “Recuerdo que siempre me rodeaba de compañeros imaginarios”. “Las personas que imaginaba eran siempre más reales para mí que las de carne y hueso con quienes me encontraba”.
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*Donaldo Mendoza Meneses es un destacado docente, columnista y gestor cultural colombiano, reconocido principalmente por su labor intelectual en los departamentos del Cesar y el Cauca. Es natural de Agustín Codazzi, Cesar. Debido a su larga permanencia y aportes en la ciudad de Popayán, es considerado un «prócer cesarense en el Cauca». Se graduó como bachiller en el Colegio Nacional Agustín Codazzi (1974) y posteriormente obtuvo el título de Magíster en Educación y Filosofía Latinoamericana, U. Sto. Tomás de Aquino. Es un prolífico columnista. Ha colaborado con medios como El Espectador, El Liberal (Popayán), Proclama del Cauca, El Pilón y El Portal Vallenato.Se le reconoce por su agudeza crítica y su capacidad para analizar la realidad social y literaria de Colombia.

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