Robert Louis Stevenson (Escritor británico, 1850-1894)
Por Donaldo Mendoza *
“El descubrimiento de Stevenson es una de las perdurables felicidades que puede deparar la literatura”.
J. L. BORGES
Robert Louis Stevenson nace el mismo año en que muere Honoré de Balzac. Aparte de una coincidencia, es el anuncio de una nueva tendencia en la novela, en Gran Bretaña y Francia: un adiós al romanticismo (“Este majadero se figura estar enamorado de mí.”), y el advenimiento de un realismo más cercano al naturalismo (“Estamos en la edad de los grandes inventos, …el camino del hierro; …el telégrafo, …los ascensores para evitar las escaleras.”). Y un final de siglo alumbrado “espléndidamente por las bombas eléctricas, que daban una luz tan clara como la del día”.
Un elemento que contrasta con lo sobrenatural y el exotismo románticos es la desmitificación del mayor misterio de la mente humana, la muerte; enigmas profundos –la vida y la muerte– que solo a Dios le es dado conocer y disponer a su voluntad. En esta obra, morir es visto como un evento natural, determinado por circunstancias que dan vía libre al discernimiento: “Conozco la puerta de la Muerte, soy uno de sus familiares y puedo conduciros a la eternidad, sin ceremonias ni escándalos”.
Como se adelanta en el título de la reseña, estamos hablando de Las nuevas mil y una noches, colección de cuentos urdida sobre la descripción puntillosa de ambientes, en donde lo sobrenatural y lo fantástico intentan establecer un equilibrio con la realidad, cual anticipación de lo que a mediados del siglo XX se llamaría realismo maravilloso o realismo mágico: “La verdad es que, caído esta noche en tantas y tan extraordinarias aventuras, todo lo que encuentro me conduce tan extrañamente a un fin desconocido, y yo no sé ya si me he vuelto loco o si me encuentro en otro planeta”.
Ante una obra maestra hay lectores que, con actitud de entomólogos, afinan la vista en busca de estilos y otros valores estéticos. Pues, en estos cuentos, esa búsqueda es gratificada con innumerables momentos en donde la descripción es un rasgo distintivo de la maestría de Stevenson, tanto para la creación de ambientes como en la configuración de personajes. En efecto, con pulcra ironía le da rostro al amor o a la belleza a través de elementales trazos: “…hasta la vulgar cesta, en sus manos parecía un adorno. Al verla marchar por la calle le pareció que los rayos del sol la seguían y que las sombras huían a su paso, y por primera vez notó que los pájaros cantaban en las arboledas”.
Y asimismo, la ambigüedad de la condición humana ante circunstancias nuevas rompe, en tono satírico, pactos sociales o familiares: “Por primera vez observó que la calle en que vivía era estrecha y oscura. Su cena le pareció insípida y mal condimentada; y echó de ver en su padre adoptivo algunas vulgaridades y faltas de corrección en su atavío que lo llenaron de sorpresa y casi de repugnancia”.
*Donaldo Mendoza Meneses es un destacado docente, columnista y gestor cultural colombiano, reconocido principalmente por su labor intelectual en los departamentos del Cesar y el Cauca. Es natural de Agustín Codazzi, Cesar. Debido a su larga permanencia y aportes en la ciudad de Popayán, es considerado un «prócer cesarense en el Cauca». Se graduó como bachiller en el Colegio Nacional Agustín Codazzi (1974) y posteriormente obtuvo el título de Magíster en Educación y Filosofía Latinoamericana, U. Sto. Tomás de Aquino. Es un prolífico columnista. Ha colaborado con medios como El Espectador, El Liberal (Popayán), Proclama del Cauca, El Pilón y El Portal Vallenato.Se le reconoce por su agudeza crítica y su capacidad para analizar la realidad social y literaria de Colombia.

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