El ataúd con el cuerpo de Rafael Salas es velado en la Funeraria Los Ángeles y permanece rodeado de familiares y amigos.(Foto: Richard Dangond/VANGUARDIA)

Por WILLIAM DE ÁVILA RODRÍGUEZ

La vida del Rey Vallenato 1979, Rafael Antonio Salas Mendoza, se extinguió a las 11:50 de la noche del martes cuando su corazón dejó de latir, luego de presentar quebrantos de salud que obligaron a ser internado en la Clínica Valledupar.

“Murió tranquilo y acompañado de su familiares”, expresó su hija Mariet Salas Plata, quien destacó que su padre siempre tuvo gente a su lado que le brindó apoyo en todo momento, entre ellos músicos y directivos de varios festivales.

En la mañana de hoy era esperada de Estados Unidos su hija Sara Salas Plata, quien junto a Mariet, Yulieth y Rafael (fallecido), nacieron del hogar que el acordeonero conformó con Ruth Plata.

Las honras fúnebres están programadas para las tres de la tarde con la celebración de la Misa en la Iglesia San José Obrero, del barrio Primero de Mayo, y el sepelio en Jardines del Ecce Homo.

Hasta la funeraria Los Ángeles llegaron familiares, amigos, periodistas y músicos, quienes recordaron al acordeonero que  nació en El Plan, La Guajira, el 17 de septiembre de 1952. Fue hijo del fallecido verseador y acordeonero, Antonio ‘Toño’ Salas y sobrino del también fallecido juglar, Emiliano Zuleta Baquero.

Su hermano Álvaro Salas Salas, recordó que “Rafa siempre estuvo interesado en aprender a tocar el acordeón. Siempre estaba pendiente en las parrandas que mi papá hacía en El Plan y también con mi tío Emiliano. Desde niño aprendió a tenerle amor al acordeón”.

Sobre la enfermedad, dijo que “Rafa viajó a Bogotá para hacerse unos chequeos y la última vez que nos encontramos le dije que estuviera pendiente del tratamiento para que se mejorara”.

Según explicó su hija Mariet,  Rafael Salas fue el jueves pasado y permanecía en estado de inconciencia, debido a una complicación presentada por problemas de hipertensión arterial, insuficiencia renal y afectación urinaria.

Músico serio
El verseador y compositor, Andrés Beleño, recuerda que fue su cantante cuando todavía ninguno de los dos eran famosos ni habían ganado la corona de reyes. Uno en la piqueria y el otro como acordeonero profesional.

“Fui por mucho tiempo su compañero y viajamos mucho por Colombia, recuerdo que fuimos al Guamo, Manizales, Barrancabermeja y otras ciudades”.

También enfatiza en que era un músico muy serio, “principalmente en lo que tenía que ver lo del pago al conjunto. Yo tocaba y me iba a acostar tranquilo, porque mi plata me llegaba a la casa apenas le pagaban. Era muy rígido con sus acompañantes y podía parecer neurasténico, porque le gustaban las cosas muy serias”.

Recuerda que “cantaba y tocaba, tenía una voz de fácil expresión y muy limpia”.

También refiere que “fue un hombre muy familiar, apegado a sus amigos y tenía compañeros, que puedo decirlo, eran clasificados”.

Los caminos de Andrés Beleño y Rafael Salas se volvieron la misma noche de 1979 cuando ambos fueron reyes vallenatos: Beleño, fue el primer Rey de la Piqueria y Salas, el Rey Vallenato número 12.

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