“EL VALLENATO SIEMPRE ESTARÁ EN RIESGO”

Por: Adrián Villamizar Zapata

Los elementos tangibles e intangibles que construyen imaginarios y paradigmas en la infancia y adolescencia, responden sin palabras a la pregunta ¿Quiénes somos? Ellos son de naturaleza perecedera así se traten de la Pirámide de Keops o del Cerro de Las Cabras en Patillal y ni que hablar de aquellos no mesurables, como el saber de la abuela para darle ese gusto tan particular al arroz de frijolito, o los sonidos de la calle que hace algún tiempo cantaban la venta de productos que ya no existen o aquellos olores de la madrugada que nos hacían entender, a ojos cerrados, que estábamos en casa, en la cuadra, en el barrio o el pueblo. Ese conjunto de elementos intocables, organizados en una matriz singular y de variables dinámicas de transformación, es lo que hoy el mundo intelectual ha dado en llamar Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI).

Para ser serios frente al tema, si el Vallenato (como manifestación cultural multifacética) ha sido inscrito por MinCultura en la lista representativa del PCI de Colombia y por la UNESCO en el Patrimonio Inmaterial de la Humanidad con necesidad urgente de salvaguarda, es por su singularidad y su inmenso valor en la construcción de Identidad en un grupo muy significativo de habitantes de la llanura Caribe y por extensión y evolución al resto de Colombia. Y ellos (Mincultura & UNESCO), mas que nosotros, porque lo estudian todos los días, saben que todo PCI camina hacia su dilución en el tiempo. Nos gusté o no, así como camina guapachosa la hipertensión arterial y la diabetes hacia el infarto caminan las funciones sociales del cantar Vallenato hacia la obsolescencia.

Las acciones de Salvaguarda son medidas que intentan enlentecer el lógico proceso de transformación acelerada que las nuevas necesidades sociales demandan a todas las manifestaciones inmateriales. Igual pasa con la vestimenta, la gastronomía, los acentos en el discurso y tantas otras manifestaciones de la cultura tradicional.

El Vallenato va a desaparecer, es inexorable, como desaparecieron todas las músicas que lo antecedieron y eso ni está ni mal ni está bien, es simple ley de vida. Obviamente el término Vallenato debe ser aclarado con el fin de que la afirmación cobre sentido. Me refiero al ‘Vallenato’ como su manifestación cantada y en cuanto al producto residual que dejan esos cantos en el consciente y subconsciente individual y colectivo de quienes lo aprecian. Hablo del impacto estético y por qué no, ético, identitario, formador e integrador que los cantares Vallenatos han tenido a lo largo de dos siglos para los habitantes de los valles y colinas donde surgió. Va a desaparecer y lo único que podemos hacer es apaciguar su deceso.

Qué si el acordeón así o asao, que si la caja repica en un aire y cambia para otro, que si la proliferación de instrumentos, que si esto o aquello, son discusiones menores frente al declive de las funciones sociales que esta música tuvo desde sus inicios. Todo se mueve, todo cambia. Lo que tocaron Francisco Moscote, Goyo Sierra y Pedro Nolasco dio un salto cuántico a la nota de Chico Bolaño y otro tanto ocurrió entre este y el Pollo Vallenato y así de brinco en brinco, llegaron Alfredo, Miguel López, Israel Romero, Ismael Rudas, los Juanchos Rois y De La Espriella, marcando hasta nuestros días distintos momentos y movimientos musicales dentro del Vallenato, el cual migró del folclor a la música popular y de esta al género musical.

Hoy es una especie de matriz y plataforma hipercambiante donde todo le cabe mientras lleve caja, acordeón y guacharaca. Es imposible detener el cambio y solo pensarlo es sospechoso de insanidad mental. La antiquísima, original, singular y deliciosa oralidad primaria, como me enseñó Abel Medina, fue la base dialéctica para una visión muy particular del cosmos que dio origen a un cantar como forma de explicación del mundo. Afincado en lo cotidiano, el devenir, el acontecer, la realidad y su interpretación fantástica, el cantar Vallenato fue el reflejo de su sociedad, de su momento histórico y del medio ambiente.

El diálogo intergeneracional activo entre abuelos y nietos mantuvo durante mucho tiempo la necesidad del hombre de la región de hacerse ver y entender por medio de cantos representativos y por eso los cantares de la Provincia, la Sierra, la Serranía, las ciénagas y los ríos, fueron la banda sonora que de la cuna a la tumba, coloreó el sendero de vida para una gran comunidad. Con la llegada de la radio, la televisión aérea, por cable y satelital, el internet, la telefonía móvil y redes sociales, las funciones sociales de las formas contemporáneas del cantar Vallenato migraron a una dialéctica necesariamente distinta.

La comunicación abuelo-padre-hijo-nieto en la transmisión oral de saberes y memorias prácticamente desapareció y por lo tanto también la necesidad del cantar interior, pa’ dentro, pa’ lo mío, pa’ lo que me identifica. La postmodernidad líquida hegemoniza las pulsiones y visiones hacia lo práctico y lo conciso; luego los cantares de hoy, más allá de sus formas, están muy lejos de representar a aquel tejido social que los formó.

En la actualidad las formas de contar historias tienen otro paradigma. Hoy por hoy quien quiera enterarse del acontecer jamás espera, ni siquiera lo imagina, que un canto Vallenato pueda aportarle algo distinto a lo que le informen Instagram o Twitter. El momento histórico global define la cultura y en el marco de esta, las músicas populares del orbe tienen cualquier función excepto la de generar reflexión, ensoñación, contemplación y visiones interiores. Las músicas y manifestaciones inmateriales que aún pueden aportar estos elementos, son de escaso consumo pues los medios de difusión están interesados en otro tipo de manifestaciones. Eso es normal, es lo que hay y echarlo hacia atrás es imposible.

El cantar Vallenato tradicional objeto de patrimonialización, solo conserva funciones sociales específicas en sectores campesinos puros y en círculos o cofradías de amigos parranderos, como espacios de culto donde se seleccionan y entrenan a nuevos portadores del saber centenario y se les estimula a la producción musical tradicional con y sin actualizaciones de forma pero que guarden claros nexos con la necesidad del hombre de verse reflejado junto a su entorno en un Vallenato. Lo que hace 15 años o mas suena y viene sonando, seguirá sonando y sonará. Y vendrán nuevas propuestas que evidenciarán aún mas el gusto popular por lo efímero, insertado a fuerza por la repetición mediática.

El Cantar Vallenato que habla de sí mismo en su marco existencial está herido de muerte y por eso necesita cuidados paliativos amorosos para que tenga, como todas las tradiciones, una muerte digna y memorable envés del ostracismo. Cada quien en su tiempo ha podido responder de distinta forma a la pregunta ¿qué es el Vallenato? Y el significado o mas bien los significantes de esa palabra tan poderosa en los imaginarios populares, han expresado las distintas funciones sociales de la manifestación.

Cuando se plantean mecanismos de protección o salvaguarda, estos se relacionan profundamente a la preservación de las funciones sociales más allá de la conservación de sus formatos y espacios de presentación. El Vallenato fue presentado ante la UNESCO principalmente desde su singularidad y resumido para el entendimiento Universal como “la versión cantada del Realismo Mágico”; así reposa en su dossier. Apoyándonos en experiencias previas y argumentos de otras manifestaciones musicales, también patrimonio de la humanidad como El Tango y El Flamenco, expusimos las amenazas comprobables que arrinconaban a los detentores de la manifestación, representantes de las funciones de nuestra música como constructora de identidad y tejido social.

Cuando las personas designadas para analizar la episteme e impacto social del Vallenato, dimos nuestras conclusiones a los organismos nacionales e internacionales que avalaron su inclusión dentro del PCI, lejos estuvimos de presentar argumentos falaces o no verificables. Afirmar cosas parecidas y/o descalificar a quienes hicimos ese laborioso trabajo que en ningún momento pretendió ser un tratado o una cátedra para legos y doctos, es insinuar de algún modo que tanto en el Ministerio de Cultura y en la UNESCO hay una partida de discapacitados mentales, que no entienden de estas cosas y a quienes se les metió el dedo en la boca con el embeleco de un Vallenato que camina mal herido cuando, según nuestros contradictores, realmente está recién bañado, peinado, muy tieso y muy majo… tomándose selfies.

Podríamos hablar de inexactitudes, hipérboles, descontextualizaciones o discursos sesgados (por el amor a la manifestación) mas nunca de una intención de engañar o generar pánico. Las nuevas generaciones tienen el derecho y el deber de manifestarse como ellas quieran; es problema de sus creadores e intérpretes si van tener o no una continuidad con el canto testimonial y geoafectivo-representativo que lega el Vallenato Tradicional. Es indiscutible que la preferencia mediática por las nuevas formas, desprovistas de las funciones sociales mencionadas, condenan a una subsistencia artesanal a quienes insisten en continuar la tradición testimonial bien sea con antiguas formas como Ivo Díaz con Almes Granados o Felo Paternina con Mañe Bustillo, o con nuevas propuestas como Carlos Mario Zabaleta, Poncho Quevedo o Eibar Gutierrez.

Precisamente en el terreno de lo intangible, las ciencias sociales y el arte plantean tesis que pueden ser discutidas a la luz de la academia y otros foros del conocimiento pero los saberes del pueblo tienen creencias milenarias que hacen palidecer a los intelectuales y opinadores profesionales. En la raíz del pueblo viven profundas e indomables verdades que (podrán hacer como chivo brincando y saltando) jamás podrán amansar con el más rotundo discurso contradictor. Es el caso de aquel mentado campesino de Tuchín que interrogó al Maestro Chendo Romero preguntándole qué le estaría pasando al Vallenato que ya no se parecía. Díganle a los cientos de miles que son como él “que no es así, que no es verdad, que esas son cosas que pasan”.

El Vallenato fue considerado por la UNESCO como patrimonio inmaterial del orden internacional con necesidad urgente de salvaguarda y es una recomendación imperativa para el gobierno nacional aplicar estrategias urgentes que aún no existen en nuestra normatividad pero que son de obligatorio cumplimiento por tratarse de firmas previas de convenios internacionales y hacen parte del bloque constitucional. Otra cosa es que tengamos un sistema de leyes y un modelo de Estado con un diseño adverso para aplicar medidas de salvaguarda. Por ello estamos trabajando día a día para modificar la base normativa que entorpece el deseo íntimo de nuestras comunidades cantoras de aguantar un poquito el inexorable camino de todas las tradiciones.

A quienes no estén de acuerdo con esa declaratoria y a la vez llamado de advertencia internacional, por considerar que los argumentos presentados pelean con la realidad y generan confusión, les dejo la dirección postal de la UNESCO en Paris: 1, rue Miollis 75732 París Cedex 15 Francia y también de su sede oficial: 7 Place de Fontenoy, 75007 Paris, Francia. Lleven una carta firmada por un grupo significativo de ciudadanos y es posible que les den una audiencia en el Comité de Patrimonio Inmaterial y así logran ilustrar mejor a los delegados de las 23 naciones que cometieron semejante error.

Adrián Villamizar Zapata. MD
Redactor PES Vallenato – Dossier UNESCO

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