LOS TRES HERMANOS GUTIÉRREZ DE PIÑERES

Colombianos en la Casa Fuerte de Barcelona (V)

POR: FOHZAN DAGGER 

Hoy vamos a enfocar la labor de los hijos de la Nueva Granada (hoy República de Colombia) que sacrificaron sus vidas en la heroica defensa, de la Casa Fuerte de Barcelona de Venezuela. 
Como se sabe, hubo muchos de ellos que murieron por la causa de la independencia venezolana: Antonio Ricaurte Lozano, Atanasio Girardot, Policarpo Grimón Ribón, Araos, etc. Pero de toda esta constelación de próceres, poco se ha dicho de aquellos que inmolaron sus existencias, defendiendo las murallas de la Casa Fuerte de Barcelona, donde hoy día no existe nada que recuerde, el sacrificio de estos héroes que, en la tarde del 7 de abril de 1817, dieron hasta la última gota de su sangre por la emancipación del suelo americano. A ellos, precisamente, nos vamos a referir en seguida. 

Mas, antes de entrar en materia, es necesario advertir que nuestros esfuerzos, por ofrecer al público lector un resumen biográfico completo, sin lagunas ni errores, de cada uno de estos próceres, han sido infructuosos. Pues, la documentación acerca de ellos es muy escasa en Venezuela, como, por ejemplo, podemos citar a los hermanos Gutiérrez De Piñeres, oriundos de Mompóx, al comandante Ezequiel Meza, al capitán José Antonio Aulí, etc. Por tal motivo, nos limitaremos a los datos que tenemos a nuestro alcance. 
La familia Gutiérrez De Piñeres llegó a Venezuela el 3 de mayo de 1816, en la Primera Expedición de Los Cayos. Sus miembros más importantes fueron: Gabriel, José María Jerónimo, Vicente Celedonio y Manuel Cecilio, a quienes llamara el Libertador “reales patriarcas de la Independencia”. 

De Gabriel Gutiérrez de Piñeres se sabe que era hermano, repetimos, de los coroneles Vicente Celedonio y José María Jerónimo, y del doctor Germán Gutiérrez De Piñeres, firmante del Acta de la Independencia, que murió desterrado en la isla de Haití. Tomó parte en varias campañas: en la del río Magdalena, Tenerife, Mompóx, El Banco, Cúcuta y Ocaña. Su nombre aparece en la lista de los héroes que defendieron con valor y patriotismo, la plaza de Cartagena en 1815, sitiada (26 de agosto – 6 de diciembre) por el “Pacificador de Tierra Firme”, Pablo Morillo. Luego se unió al Libertador en la Primera Expedición de Los Cayos, donde vino a Venezuela. Más tarde, en 1817, murió, como todo un héroe, en la sangrienta defensa de la Casa Fuerte.

 José María Jerónimo Gutiérrez De Piñeres tomó, al igual que sus otros hermanos, parte en la revolución libertadora que se inició en Bogotá el 20 de julio de 1810. En 1811 su nombre empezó a figurar en el número de aquellos que lucharon contra el régimen español, instaurado en América. En 1815 se le vio en el largo sitio de Cartagena. Un año después vino a Venezuela con el Libertador. Y en 1817 lo hicieron prisionero los soldados del coronel de dragones Juan Aldana cuando estos tomaron, a hierro y sangre, la Casa Fuerte. Luego, no se sabe cómo, recobró la libertad. En 1819 combatió denodadamente en las costas de Cumaná. Y fue uno de los héroes que atacó el célebre castillo de Aguasanta de dicha ciudad. Más tarde, bajo las órdenes del general Bartolomé Salom y con el grado de coronel, se halló en el asedio (de 1825 a 1826) de la plaza del Callao, defendida por las fuerzas del brigadier José Ramón Rodil. Y vivía aún en 1841, según José Silverio González Varela, de quien hemos tomado algunos datos. 

El coronel Vicente Celedonio Gutiérrez De Piñeres figura en las páginas de la historia de Mompóx, entre los primeros iniciadores y sostenedores de la revolución en dicha ciudad, la cual, como se sabe, estalló el 6 de agosto de 1810 en favor de la causa. En 1815 el coronel Gutiérrez De Piñeres se encontró en el largo asedio de la Ciudad Heroica. De allí partió para Jamaica con toda su familia. Luego en marzo del año siguiente llegó a Venezuela con el Libertador. Entraba por el Oriente, donde la guerra asolaba cruelmente estas ciudades: Barcelona, Carúpano, La Asunción, Pampatar, Cumaná, etc., cuyos habitantes llevaban -obligados por el estado de inseguridad en que se vivía en aquel entonces- una vida nómada, errante. Era la época de los hogares desgraciados, errabundos, cuando los niños no conocían un juguete y ni comían un cacho de hogaza. 

Para ese tiempo en que llegó el coronel Vicente Celedonio Gutiérrez De Piñeres con su joven familia a Barcelona, el oriente venezolano no ofrecía paisajes bellos ni una vida hogareña tranquila. No. Eran regiones devastadas, arruinadas, sombrías, hediondas a muerto, donde el zamuro ponía una nota más de tristeza al paisaje sabanero. Y en que solo se escuchaba -día y noche- el tropel o el pasitrote de las caballerías y el monótono ruido del paso de las tropas. En fin. Era la época del “¡ Alto! ¿quién vive?”, cuando las ciudades, los pueblos, las rancherías caían -por horas, días, semanas, etc.- bajo la férula del bando victorioso. 

Y así llegó el 7 de abril de 1817. El coronel Vicente Celedonio Gutiérrez De Piñeres se encontraba refugiado en la Casa Fuerte de Barcelona con toda su familia. La defensa, como se sabe, fue sangrienta. Y el coronel granadino murió con el mismo valor de un Ricaurte Lozano o de un Girardot: heroicamente. Su esposa, doña María Ignacia Vásquez de Mondragón, en estado de gravidez, fue sacrificada; la madre de esta (suegra del coronel), doña Sebastiana de Godoy, realista, española de nacimiento y de alta alcurnia, fue igualmente sacrificada; las señoritas Nicolasa, Micaela y María Ignacia (hijas del coronel Gutiérrez De Piñeres), la primera salió herida y las otras condenadas al oprobio por las hordas realistas ; José María, de corta edad, fue -como otros niños- descuartizado por las bayonetas de los soldados de Aldama. También su otro hijo, el bizarro capitán Manuel Cecilio Gutiérrez De Piñeres, que tuvo una actuación muy destacada en Mompóx, su ciudad natal, el 6 de agosto de 1810; que peleó en dicha ciudad, Tenerife, Ocaña, El Banco y Cúcuta y que en 1815 fue uno de los defensor es de Cartagena, vino a dejar su vida -como casi toda su familia- en la ciudad de Barcelona, en la defensa de la Casa Fuerte, donde escribió -con su propia sangre- una página más de heroísmo granadino. 

Pero, además de la familia Gutiérrez De Piñeres, allí se hallaban otros granadinos que defendieron con tenacidad y patriotismo los muros de aquella improvisada fortaleza: el comandante Ezequiel Meza y el capitán José Antonio Aulí. Desgraciadamente, de los mencionados oficiales no tenemos documentación ni bibliografía a la cual consultar. Si bien, sus nombres figuran en la lista de los patriotas que murieron peleando, haciéndole honor al gentilicio neogranadino. 
Y para concluir, hemos dejado de último al general Francisco de Paula Vélez, que fue el único de aquel puñado de valientes que logró escapar de la Casa Fuerte. Este oficial nació en la ciudad de Santafé de Bogotá, el 16 de agosto de 1795. Fueron sus padres el coronel don Antonio Vélez y la culta matrona doña Rufina de Carbonell. 

En 1812, cuando apenas contaba 17 años de edad, ingresó a las fuerzas armadas como cadete. Pero a poco fue ascendido al grado de teniente, después de haber recibido el bautizo de fuego en Cúcuta y Pamplona. En 1813 formó parte de los 600 hombres que invadieron a Venezuela bajo las órdenes del Libertador. Sobre esto se cuenta que en aquella ocasión, al tiempo en que todo estaba listo para la salida, el teniente Vélez se acercó a su padre y le dijo: -¿Pudiera usted darme una carta de recomendación para algún sujeto de Venezuela?-
 -“Os bendigo –contestó el coronel Vélez– pero un hijo mío no debe llevar más recomendación a donde quiera que vaya, sino su buena conducta; y a esta es a la que debéis fiar vuestra suerte en la gloriosa campaña en que vais a tomar parte. Mi única recomendación es que no olvidéis mis consejos paternales. Dios os tenga en su santa guarda. Mucho deseo volveros a ver; pero más bien preferiría saber que habéis muerto en los campos de batalla, que veros sin honra, por haberos mostrado débil en los combates, o por haber manchado vuestra espada con la sangre de un enemigo desarmado”. 

En efecto, los consejos del coronel Vélez fueron escuchados por su joven hijo, cuya espada -a lo largo de toda su vida militar- jamás se manchó “con la sangre de un enemigo desarmado”. Y de esa manera, como lo deseara su ilustre padre, lo vieron los campos de batalla de Venezuela: La Grita, Puerto Cabello, Bárbula, Las Trincheras (donde recibió de manos del Libertador – el diploma y la estrella de los Libertadores de Venezuela), Los Pegones, etc. Luego fue ascendido a teniente coronel. Y a fines de 1814, emigró con el Libertador y otros oficiales a Cartagena. En Nueva Granada tomó parte en varias acciones de armas. Y fue uno de los héroes que defendió la Ciudad Heroica del largo asedio a que la sometió el teniente general Pablo Morillo. De allí escapó en uno de los once buques que huían por Bocachica, bajo el constante fuego enemigo. Y llegó a Jamaica con las ropas destrozadas y sin dinero, donde encontró al Libertador. En 1816 regresó a Venezuela en compañía de Bolívar. Entraba por Margarita. Después pasó a Carúpano. Allí, en presencia del almirante Luis Brión, le encomendó el Libertador la difícil misión de tomar con 8 oficiales, la población venezolana de Río-Caribe (en el hoy Estado Sucre), donde había 300 soldados realistas y 4 piezas de a 6, bajo el mando del comandante español Payares.


 -Vaya usted, Vélez – le dijo el Libertador-, embárquese en una goleta con los ocho oficiales del cuadro que manda; pase a Río-Caribe, tómelo y forme allí su batallón. 
Tal orden fue objetada del almirante, por considerarla imposible de llevarla a cabo con solo ocho oficiales. 
-Eso nada importa, respondió el Libertador. De Los Cayos hemos salido en número de trescientos hombres a libertar a todo Venezuela. Los godos no resistirán el Río-Caribe: estoy seguro de que al aproximarse Vélez, abandonarán el pueblo. 

Y sin reparar en las objeciones del almirante Brión, que continuaba insistiendo en que aquella operación era muy arriesgada, le dijo Bolívar: -Vaya usted, Vélez, a cumplir su comisión; obre usted como acostumbra, y luego que usted haya desembarcado, devuélvame la goleta, porque aquí nos hace falta. 
Todo esto, pues, nos demuestra la confianza que tenía el Libertador en la capacidad militar del joven oficial que, sin vacilar, se embarcó para Río-Caribe en Compañía de los granadinos Araos y Flores y de los venezolanos Enrique Domínguez, Jerónimo Pompa y Landaeta. 
Y la historia nos dice cómo aquel puñado de valientes, a las órdenes de Vélez, tomó la población de Río-Caribe, donde formó su batallón al grito de “¡Viva la Patria! ¡Viva la libertad!”.

Es de recordar que tal hecho de armas, quedó consignado en las páginas de la historia militar de Venezuela, como el “más sorprendente e inimitable”. Así se lee en el parte, que dice: “Un valor superior a la entidad de la comisión que en Carúpano recibió Vélez, era preciso para llenarla tan cumplidamente. Atacar con 8 oficiales a 300 hombres fortificados, con algunas piezas de artillería; es la lección de mayor valor y disciplina que puede presentarse, y derrotarlos, el hecho de armas más sorprendente e inimitable que puede referirse”. 
Empero, no solo hasta aquí llega la actuación de este oficial granadino en Venezuela. No. Su entrañable amor a la libertad y sus deseos de cooperar en la independencia de los pueblos de América, lo mantenían en su puesto de combate. Y de ese modo, lo vemos en el campo de batalla de Aguacates, donde “recibió una herida de bayoneta en un hombro” ; en Quebrada Honda salió herido en el “pecho por una contusión de bala hacia la tetilla izquierda”; en Alacranes: sufrió “una herida de arma blanca en el brazo izquierdo”. Además, peleó en la gloriosa batalla del Juncal de Barcelona. Y en Guayana recibió de manos del valiente general Manuel Carlos Piar el grado de coronel. Para esa época andaba Vélez a los 21 años de edad. 

Meses después, hallábase nuevamente en Barcelona, en la sangrienta defensa de la Casa Fuerte. Allí, el 7 de abril de 1817, bajo las órdenes del general barcelonés Pedro María Freites, el joven coronel bogotano cubrió el sector más débil de dicha fortaleza. Pero su valor y su inteligencia causaron profunda admiración a las fuerzas de Aldama que, después de prolongada lucha, lograron desalojarlo de aquella posición. Luego, las tropas de refresco completaron la obra de exterminio y de aniquilamiento. Más de 1.400 cadáveres, de todas las edades, en su mayoría pasados a cuchillo, quedaron diseminados dentro y fuera de la Casa Fuerte. El propio jefe realista, en carta que le escribiera al capitán general de Venezuela, don Salvador Moxó, fechada el 10 de abril de 1817, dice: “Aterrorizados, llenos de pavor, abandonando sus últimos recursos de defensa, se precipitaban en todas direcciones a la campiña, en donde fueron pasados a cuchillo por las tropas de las trincheras y calles que guarnecían el regimiento del rey … “. 

Más allá, frente a los aportillados muros, entre los muertos y heridos, en medio de aquel arco iris trágico de la guerra, se hallaba Vélez con los ojos enrojecidos, desgreñado y enfurecido, con el traje desgarrado, sucio de polvo y sangre, paseó su mirada por todas aquellas ruinas de donde salían densos espirales de humo, que se elevaban al cielo como signo del sacrificio de aquellos bravos que habían inmolado sus vidas por defender el ideal más caro de los pueblos: la libertad. Ante tal espectáculo, ante aquel cuadro dantesco, en que todo era crueldad y heroísmo, no le quedaba otro recurso que, huir con los pocos hombres que tenía bajo su mando. Y la historia en versos, escrita por el poeta A. Sicard y Pérez nos canta: 
Entonces Vélez que quiso con su tenaz resistencia proporcionar retirada a los que a su lado quedan, con impavidez los ojospor un instante pasea sobre la huesta enemiga que a paso trote se acerca, y ágil como valeroso salta el foso y la trinchera,se abalanza sin reparo, veloz como una saeta, y blandiendo el limpio acero que al vivo sol centellea, fiero, raudo, irresistible rompe la humana barreray a los suyos libra el paso por la que abre franca brecha. Del campo español se escapa voz de insólita sorpresa, y a la par se escucha el grito de “¡Alto el fuego! nadie ofenda a ese intrépido oficial” y al instante el fuego cesa. 

Como se observa, Vélez logró escapar del cerco realista, mejor dicho, de las “jaurías” del coronel Aldama y pudo así llegar al pueblo de El Pilar (en el hoy Estado Anzoátegui), allí lo hicieron prisionero y lo enviaron cargado de cadenas a las lóbregas bóvedas de La Guaira, donde pasó más de un año. Y cuando supo que don Salvador Moxó, a la sazón capitán general de Venezuela, había decidido aplicarle la pena de muerte, Vélez, sin arredrarse ante tan bárbara sentencia, apeló a las artimañas propias de un joven de 22 años : se fingió demente y así logró fugarse de la insalubre cárcel guaireña.
 En 1819 se reincorporó a las fuerzas libertadoras que operaban en el oriente venezolano, donde continuó por espacio de cuatro años prestando sus altos servicios en favor de la causa. Y en 1823, después de diez años de fructífera labor en Venezuela, volvió a Bogotá con el general Antonio Nariño. Allí “desempeñó -escribe Daniel Ortega Ricaurte- importantes cargos como el de magistrado de la Corte superior; en 1827 fue ascendido a general de brigada y cumplió algunas misiones en el gobierno de Joaquín Mosquera; después estuvo contra la dictadura de Melo”. Luego, en sesión solemne, recibió del congreso colombiano el título de ‘Buen ciudadano’. 

En la losa que cubre las sagradas cenizas de este prócer, fallecido en Bogotá, se lee el siguiente epitafio: 
“Francisco de Paula Vélez, soldado raso de la Independencia en 1812; General de los Ejércitos de Colombia en 1827; heroico en los combates, ornado de laureles bien adquiridos en la guerra magna, republicano íntegro, hombre de bien, leal, modesto, generoso, tipo del hidalgo cristiano, modelo de patriotismo, alma catoniana; falleció el 26 de noviembre de 1858. Su nombre, su vida, sus gloriosos hechos pertenecen a la historia de tres repúblicas”. 
Fue Vélez, en realidad, un militar extraordinario, mejor dicho, el Héctor de los soldados de Colombia, que por su arrojo y sus proezas dejó huellas indelebles en la gesta gloriosa de la independencia del oriente venezolano.
FUENTE:Texto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República, Colombia.
LOS HERMANOS GUTIÉRREZ DE PIÑERES EN EL PROCESO DE INDEPENDENCIA EN COLOMBIA.

En 1970, el sevillano Juán Antonio Gutiérrez De Piñeres y Sayas, peninsular emprendedor y culto, atravesó el océano y se avecindó en Mompox, donde se desempeñó como Alcalde Mayor en 1784. Allí contrajo nupcias con Doña Micaela De Cárcamo y Urdiales De Narvaez. De este matrimonio nacieron: Vicente Celedonio, María Josefa, Fermín, Germán, Matías, Gabriel y Juana Gutiérrez De Piñeres y Cárcamo.
Vicente Celedonio, el mayor, y Germán, fueron enviados por su padre, a Santafé de Bogotá, para que estudiasen en el Colegio Mayor del Rosario. Allí se graduaron de Doctores en Derecho. Recibidos en 1794 como Abogados de la Real Audiencia, regresaron a su tierra natal. Germán decidió radicarse en Cartagena, en tanto que Vicente Celedonio se quedó en Mompox.  En cuanto hace referencia a Gabriel, optó por trasladarse a Cartagena, al lado de su hermano Germán. Ambos, entronizados con sus ideas democráticas, tras haber conocido a Simón Bolívar, se sumaron a su causa libertadora y fueron pioneros, al lado de un grupo importante de patricios de la ciudad, de la Junta Suprema de Gobierno de la Provincia.

En Mompox, se sucedía paralelamente un hecho similar, pues se erigió el ‘Estado soberano, libre e independiente, del cual fue primera autoridad Don Vicente Celedonio Gutiérrez De Piñeres.
Eran los tres (Gabriel, Germán y Vicente Celedonio), unos legítimos ‘Mosqueteros de la Libertad’, patricios arriscados y turbulentos, de disposiciones netamente jacobinas, para alcanzar sus radicales objetivos. Los dos primeros, precipitaron el golpe del ‘Once de Noviembre’ de 1811, pues conllevaron a la declaración de la Independencia absoluta de Cartagena. El otro Gutiérrez De Piñeres, Vicente Celedonio, el irreductible jacobino, con la colaboración del Coronel Pantaleón Ribón y del español republicano Nicolás Valést, con encendidas arengas, derrotaron al ejército realista, obteniendo el 19 de Octubre de 1812, el más completo triunfo sobre el enemigo. Esta espléndida victoria, hizo a Mompox merecedora del honroso título de ‘Ciudad Valerosa’, junto con el de ‘Benemérita de la Patria’.

Simón Bolívar, atraído por el resonante triunfo de los momposinos, se desplazó hasta Mompox, en donde fue recibido con grandes manifestaciones de entusiasmo. Allí se alojó en casa de Don Vicente Celedonio, llamada la ‘Quinta Tejar de atrás’. Los momposinos, bajo la dirección de Don Vicente, se sumaron a la Campaña del Libertador, aportando 400 hombres, lo cual hizo que, años más tarde, Bolívar pronunciara la frase: “Si a Caracas debo la vida, a Mompox debo la gloria, de haber libertado la ciudad de mi nacimiento”. Así mismo, años más tarde manifestó: ‘Cualquiera que sea mi asilo, ese será el de los Piñeres’. 

Vicente Celedonio, se unió tiempo más tarde, a sus dos hermanos en Cartagena, llevando consigo toda su familia, para hacer parte de los defensores de la heroica, hasta cuando se vieron abocados a emigrar con Bolívar, inicialmente hasta Jamaica y luego a Venezuela. La familia de Vicente Celedonio la integraban sus tres hijos (Manuel, Juan Antonio y José Maria Jerónimo), todos ellos oficiales de la República, su esposa, su suegra, sus tres hijas y su hermano Gabriel. 
En Venezuela, Bolívar designó a Vicente Celedonio, como Auditor de Guerra, y estableció su base de operaciones en la ciudad de Barcelona, en la denominada ‘Casa Fuerte’. Pero en una madrugada del 7 de Abril de 1812, fueron sorprendidos por un asalto, encabezado por el coronel realista Juan Aldana, quién se apoderó del fortín patriota y, en forma despiadada y cruel, pasó a cuchillo a sus valerosos defensores,  sin respetar mujeres, ancianos y niños. Allí sucumbieron gloriosamente Vicente Celedonio, su esposa María Ignacia Vásquez De Mondragón, su suegra, su hijo Manuel, su hermano Gabriel. Se salvaron de esa guillotina, el después General José María Jerónimo, y sus hermanas María Ignacia, Micaela y Nicolasa.

El Libertador Simón Bolívar, en su Cuartel General del Cuzco, el 5 de Julio de 1825, expidió la siguiente declaración:
“Es notorio que la familia Gutiérrez De Piñeres en Colombia, fue una de las primeras que se lanzaron en la revolución, y no omitieron nada en favor de la independencia y de los derechos del pueblo americano; y se de manera positiva, que por tales principios, perdieron su fortuna y derramaron su sangre, por cuyo motivo yo los he juzgado, como fundadores patriarcas de la independencia. Debo a dicha familia, y particularmente al padre del que la representa (Vicente Celedonio), la decisión más particular que tuvieron por mi, pues él, con los valerosos momposinos, me abrieron las puertas para triunfar sobre los opresores en 1812”

VICENTE CELEDONIO GUTIÉRREZ DE PIÑERES

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