LAS EDADES DE LULÚ

Almudena Grandes (España, 1960-2021)

Por Donaldo Mendoza

   La notable repercusión mediática que produjo la muerte de la escritora española Almudena Grandes el 27 de noviembre de 2021 despertó en mí la curiosidad de saber más sobre ella y su obra. Por fortuna, tenía en mi biblioteca el volumen 21 de la colección Narrativa Actual de RBA Editores, 1994, con el sugerente título de Las edades de Lulú (1989). De las siete novelas publicadas en vida de la autora, ésta tuvo el éxito de un bestseller; es decir, con ‘superventas’ y traducción a más de veinte idiomas.

    La novela atrapa al lector desde el principio y lo lleva hasta el final, apenas con tedios fugaces. Algo que alcanza a ser una virtud, en razón de sus 256 páginas. ¿Y qué hace que esta obra sea tan entretenida?, el tema: la novela es ardientemente erótica. Bien escrita. De técnica narrativa bien hilvanada. Estilo y lenguaje llanos. No podría ser de otra manera, pues el tema lo demanda, y la protagonista: una adolescente de 15 años. Enseguida un brevísimo resumen de la obra.  

   La adolescente Lulú se deja llevar por la temprana pasión que despierta en ella Pablo, un amigo de la familia, mucho mayor que ella. Mantiene con él su primera experiencia sexual. Desde entonces, Pablo será su único objeto de deseo. De la mano de él, Lulú se aventura por los laberintos de la sexualidad, en lo que tiene de placentero y disoluto: homosexualidad, sadomasoquismo, travestismo… La curiosidad y el desenfrenado deseo hacen que Lulú no encuentre la salida del laberinto. En suma: la degradación del amor: «…precipitarme en el vacío y caer, caer a lo largo de decenas, centenares, millares de metros, caer hasta estrellarme contra el fondo, y no tener que volver a pensar…».

   Y ahora esta reflexión. Hay dos tipos de lectores: 1) una inmensa minoría que lee obras maestras de la literatura y busca establecer diálogo serio con los problemas fundamentales de la condición humana a través de las situaciones y conflictos que esas obras conllevan, ya en valores como la dignidad, la libertad, la justicia…; o ya en la búsqueda del sentido de la vida en el amor, la muerte, la soledad… «El hombre necesita amor. Sin amor, muere». Además de los mitos y utopías que también dan sustento a la existencia. Y 2), la mayoría de los lectores, a los que no les gusta ‘torear’ problemas sino hallar ‘respuestas’ a sus preguntas del día a día (cotidianidad), de ‘la cruda realidad y la inmediatez’.  

   Al segundo tipo de lectores va dirigida esta novela, por eso su núbil protagonista y la llaneza de su lenguaje, casi un libro de texto; quizá porque en el asunto de la sexualidad somos siempre ‘balbuceantes aprendices’, si se interpreta en ese sentido esta frase de Jacques Lacan: “Si Freud centró las cosas en la sexualidad es porque en la sexualidad, el ser parlante balbucea”. O si con Santo Tomás de Aquino decimos que: “El hombre no puede vivir sin placer; por tanto, cuando es privado del verdadero placer espiritual, es necesario que se vuelva adicto a los placeres carnales”. En suma: la mayoría de los lectores se mueven entre la espiritualidad (Chopra, Castaneda, Coelho…) y la sexualidad. Para los segundos se escribió Las edades de Lulú.

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Donaldo Mendoza

   

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