Fuego arrasador, de la naturaleza verdugo implacable,
del humano su causa demencial,
destruyes bosques y ciudades,
acompañando diluvianas lluvias,
tifones y tormentas destructoras,
cual sincronizadas sinfonías de destrucción y muerte.
El planeta entero sufre tu azote,
desde las américas hasta el oriente lejano,
recorres Europa, cual turista de verano.
Poderosos personajes, del mundo controladores,
en cuyas arcas se agolpa el sufrimiento de los pueblos,
víctimas de sus máquinas destructoras;
devoradoras de bosques, valles, ríos y montañas,
al ritmo de los cantos de sirena del gran capital.
Aumentan desiertos y temperaturas jamás vividas,
interminable circulo de calor y fuego.
La humanidad impávida su autodestrucción contempla,
mientras dueños de poderosos capitales el mundo devoran.
Insana y criminal estupidez,
gigantescos e inconmensurables egos,
que en soberbia actitud de imbéciles profundos,
impedidos están de poder comprender,
que el principio del fin del planeta,
anuncia el fin de su propia destrucción.

Alberto Lacouture
Septiembre 2024

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BLOG DEL AUTOR: Alberto Lacouture

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