Mi Crónica Dominical
Alfonso Osorio Simahán*
Preámbulo:
A comienzos del presente siglo, en mis visitas periódicas a nuestro terruño, en el corazón de las sabanas de Sucre, tuve la fortuna de escuchar en una de esas brumosas alboradas, un entretenido y novedoso programa radial que, comprobé después de mi mediana estadía en el pueblo, se había convertido en la banda sonora de aquellas alegres mañanas, no solo para los habitantes de San Luis de Sincé, sino para pueblos y veredas circunvecinas : «Voces de la Provincia», dirigido y animado por una carismática voz que desbordaba aquel espacio mañanero con una mezcla de humor, música y la calidez autóctona , propia de nuestra región.
Esta radio- revista no solo entretenía, sino que también fortalecía el tejido social de la comunidad, convirtiéndose en un referente de la identidad cultural sinceana. A través de aquellas ondas radiales, el personaje, el cual aludimos , lograba crear una conexión única con sus oyentes, quienes encontraban motivos suficientes para empezar el día con alegría y optimismo. Aunque el tiempo haya pasado, el recuerdo de ese divertido programa perdura en la memoria de quienes lo saboreamos de gozo, como un testimonio del poder de la radio local para forjar lazos y alegrar la vida de su gente.
«EL NACIMIENTO DE UN SENTIMIENTO SABANERO»
La mañana del 14 de febrero de 1970 no fue una mañana de San Valentín convencional en el municipio de Sincé. Mientras el sol empezaba a entibiar los patios de la Sabana sucreña, se tejía una historia de arraigo que marcaría el destino de un hombre. No hubo batas blancas, ni estetoscopios, ni el frío metal de una camilla de hospital. Hubo, en cambio, el olor a tierra mojada y la cobija amorosa de un hogar campesino.
En el barrio La Ceja, exactamente en el sector La Cruz (Cr. 12), la casa de unos abuelos paternos despertaba con el ritmo de siempre. Amparo del Socorro Herrera Valderrama, una joven proveniente de Santiago Apóstol, de apenas 19 años, sentía una presión extraña. No eran los dolores de parto que le habían contado; era una urgencia natural, una sensación de alivio que buscaba salida. Su esposo, Felipe Santiago Month, sinceano de cepa , a esa hora ya se encontraba en la quesera de Don Julio Jiménez, cumpliendo su jornal diario para sostener el hogar que apenas florecía.
Amparo, en su inocencia de madre primeriza, caminó hacia el pequeño baño improvisado en el patio. Allí, entre las paredes que guardaban el silencio del campo, ocurrió lo impensable: en un instante de fuerza natural, el primogénito de la unión Month-Herrera fue expulsado al mundo.
«El Bautizo del Suelo».
A diferencia de la mayoría de los mortales, a este niño no lo recibieron manos enguantadas. Lo recibió la tierra. El suelo del patio sabanero fue su primera cuna. Ante el llanto vigoroso que rompió el silencio de la mañana, la abuela Teresa de Jesús Ramírez soltó sus quehaceres en la cocina. Ella, que se alistaba para salir a vender sus bollos limpios, entendió de inmediato el milagro:
«¡Carajo, ya esta muchacha alumbró!»
Con la agilidad que da la experiencia, la abuela levantó al pequeño del suelo. No había mantas de seda, pero sí un «rodillero»: ese retazo de tela vieja que solía usar sobre su cabeza para cargar la olla de aluminio. En esa tela, impregnada del aroma del trabajo y el maíz, fue envuelto el primogénito.
Una hora después, la mística del pueblo hizo su entrada en la figura de Evangelina Madera, la querida «Niña Vange». La partera, al ver la llegada tan rústica y silvestre del niño, no esperó consensos ni registros civiles. Tomó agua bendita y, en un acto de fe absoluta, sentenció:
«Yo te bautizo Juan Bautista, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».
Así, sin consultas, el niño fue ungido bajo la protección del santo, sellando su identidad antes de que el sol llegara al cenit.
Aquel 1970 sería también un año de prodigios para la familia, pues apenas nueve meses y diez días después, llegaría su hermana Aracely para completar la hazaña de dos nacimientos en un mismo año calendario.
Hoy, al mirar hacia atrás, queda claro que aquel golpe inicial contra el polvo de Sincé no fue un accidente, sino un pacto. El contacto frontal con el suelo al nacer fue el sello de un compromiso eterno: el hombre que nació de la tierra quedó condenado —o bendecido— a amarla para siempre, ligando su vida irremediablemente al folclor, a la cultura y a la esencia misma de su suelo sabanero.
Despertar Lírico : «Semillas de Formación».
La historia académica de este cultor es un viaje de ida y vuelta, marcado por el arraigo a la tierra y la perseverancia por el saber. Todo comenzó en 1976, bajo el amparo de la Escuela Nuestra Señora de Fátima en el barrio La Ceja, donde de la mano de la «Seño Jose» y bajo la dirección de Elena Hernández, se sembraron las primeras letras.
Tras un breve paso por la zona rural en la Comunidad Campesina Ibagué en 1977, el regreso a la urbanidad se dio en la Escuela «Antonio Ricaurte». Entre 1978 y 1981, los maestros Elvira Pineda, Pedro Rodríguez y Carlos Castilla no solo dictaron lecciones de grado segundo a quinto, sino que forjaron valores que se sumaron a la sólida base de un hogar humilde.
» De las Aulas al Campo»
Esta historia comienza entre marzo y abril de 1984. En los pasillos del Colegio La Salle, un joven estudiante de séptimo grado descubrió el poder de la palabra. Inspirado por una compañera de clases escribió sus primeros versos; una dedicatoria ingenua pero honesta donde el brillo del sol se comparaba con la mirada de un primer amor.
Aquel fue el inicio de una búsqueda estética alimentada por lecturas de Julio Flórez, José Eustasio Rivera y las atmósferas románticas de Jorge Isaacs y Vargas Vila, moldeando una identidad literaria ligada a la escuela romántica.
Sin embargo, el destino alejó al autor de las aulas. Para 1987, la vida académica fue sustituida por las extenuantes jornadas en los algodonales y cultivos de pancoger. Los libros fueron sustituidos por el azadón y el machete ; el aula se transformó en extensos cultivos de algodón y tabaco, donde el sudor del jornalero marcó el ritmo de los días.
Pero la poesía no murió entre los surcos; al contrario, floreció. Bajo el sol del campo, el autor comenzó a recitar versos ya más estructurados, con métrica y rima definida. Para 1992, la evolución era total: lo que empezó como un cuarteto infantil se transformó en una pluma capaz de crear coplas, sonetos y canciones vallenatas. Nació también el repentista y decimero que es hoy, capaz de improvisar versos al viento para alegrar las jornadas de tedio de sus amigos.
«El Regreso Triunfal» .
El deseo de superación nunca se extinguió. En el año 2002, las aulas de «La Salle» volvieron a abrir sus puertas en la jornada nocturna. El esfuerzo rindió sus frutos el 3 de diciembre de 2003, al formar parte de la histórica «Primera Promoción de Bachilleres Nocturnos» .
«Hoy, con talleres en Gestión Cultural y la mirada puesta en el arte, queda claro que si bien los títulos validan el conocimiento, ha sido la `Escuela de la Vida` la que me ha otorgado las enseñanzas más profundas.»
La Voz de la Sabana: Crónica de un Juglar de Sincé.
En el epicentro de la sabana sucreña, tierra donde todavía vibra el realismo mágico, la leyenda, y cuentos de caminos, vive un hombre cuya alegría es tan contagiosa como el ritmo de un porro palitiao: Juan Montt Herrera. Más que un personaje, Juancho es ya un patrimonio local, un baluarte del folclor que con su voz y su ingenio se ha convertido, sin proponérselo, en el «juglar» de su pueblo, San Luis de Sincé.
Nacido y criado entre los cantos de vaquería y las leyendas de la Mojana, Juan Montt Herrera lleva en la sangre la esencia vernácula del prototipo sabanero. Es un insigne decimero, un maestro del verso improvisado que con una agilidad mental asombrosa es capaz de tejer las más bellas y ocurrentes décimas. Su fama se ha extendido – como pregona el mismo con su humildad pasmosa – más allá de las fronteras de los «Playones de Santiago y San Benito y del «Puente El Raicero» de Sincé. En corralejas, festivales y parrandas, su presencia es sinónimo de goce y admiración. No hay anécdota ni mito que se le escape: el amor, el desengaño, la política local, la cosecha de ñame, todo se convierte en poesía en sus labios.
Juancho no solo es un verdadero cultor popular, es un contagioso locutor- animador – que a través de la radio comunitaria lleva los tentáculos del folclor a cada rincón de la sabana. Su programa,» Voces de la Provincia » , fue o/ es, el despertador de los campesinos y el deleite de los trasnochadores. Con su vozarrón alegre y dicharachero, presenta las canciones de los grandes maestros del pentagrama regional; cuenta anécdotas de rigor costumbrista y, por supuesto, regala cómo abreboca a su audiencia sus improvisadas décimas. «¡A despertá, mi gente, que el sol salió y el café está colao!», es su grito de «guerra» al iniciar cada emisión.
«El Legado del Cultor Integral» .
Como cantautor, no podemos omitirlo tampoco: Juan Montt Herrera, nos ha regalado un repertorio de canciones en varias producciones independientes, que son el fiel reflejo de su espíritu festivo y su amor por su tierra. Sus porros, cumbias, paseos, merengues, paseaitos… interpretados en su propia voz y otras agrupaciones musicales de la comarca, son muy solicitadas con frecuencia. Sus letras, cargadas de picardía y costumbrismo, retratan la vida del prototipo hombre sabanero, sus faenas, sus amores y sus sueños.
Pero más allá de su talento artístico, lo que identifica a Juancho Montt, como ser notable, es su personalidad alegre y dicharachera. Siempre con una sonrisa a flor de piel y un chiste a punto de estallar en sus labios, es el alma y atracción de cualquier reunión. Su casa, de puertas abiertas, es un constante desfile de amigos, músicos, gestores y poetas que buscan su compañía y su orientación.
En el corazón de las sabanas de Sucre, en la prolífica tierra de San Luis de Sincé, Colombia, florece una estirpe de artistas que tejen la memoria de su pueblo con el hilo de la palabra. Uno de sus más queridos exponentes es Juan Montt Herrera, un auténtico juglar de los tiempos modernos, cuya voz se ha convertido en patrimonio sonoro de su comunidad.
Nacido y criado en el calor de la cultura sinceana, Montt Herrera es, ante todo, un maestro de la oralidad. Como decimero, su mente ágil y su espíritu agudo son capaces de improvisar y componer en la tradicional estrofa de diez versos… Sus décimas son un reflejo del paisaje, la idiosincrasia y el sentir del hombre sabanero. Pero su talento no se detiene en la rima. Juan Montt Herrera es también un consumado cuentero, un atalaya de las historias que han pasado de boca en boca por generaciones. En su voz reviven los personajes típicos de la región, las leyendas que se susurran en las noches y los chistes que desatan la carcajada colectiva. Es un cronista natural que, con su gracia y su memoria prodigiosa, se asegura de que el pasado no se desvanezca.
Juan Montt Herrera es, en esencia, un cultor popular integral. Un hombre que, armado únicamente con su voz e ingenio, cumple la sagrada misión de cohesionar a su comunidad, de recordarle quién es y de dónde viene. Es la memoria viva de Sincé, un tesoro andante cuyo legado resuena en el eco de sus versos y en la sonrisa que dejan sus cuentos. Es la voz que narra las historias del acontecer pueblerino; es el verso florido que le canta a sus mujeres y el ritmo que alegra sus fiestas. Se ha sembrado en el corazón de su gente para perpetuar en reconocimiento en la rica tierra que lo vio nacer.
OTROSÍ: «El Valor de lo Genuino»
Juancho nos confiesa entre bastidores una anécdota vital: para él, el pergamino oficial carece de valor si no viene del corazón. Inconforme con las hipocresías institucionales narra cómo, a pesar de la falta de apoyo de administraciones locales pasadas – alude a una alcaldesa – su talento se impuso hasta representar a Sucre en eventos internacionales.
«Mis versos son la expresión más sincera de mi alma».
Su obra demuestra que la calidad del trabajo habla más fuerte que el desinterés político, celebrando siempre el reconocimiento que nace de la verdadera conexión humana.
Epílogo:
«El Poeta que Canta»
Esta es una síntesis de la trayectoria de Juan Month, estructurada para resaltar sus hitos.
«Perfil Artístico y Trayectoria Cinematográfica» .
Palmarés Folclórico: Primer lugar en 13 ocasiones en festivales del Caribe (Piqueria, Canción Inédita y Décima).
Origen del Seudónimo: «El Poeta que Canta», nació en octubre de 2003 en Turbo, Antioquia.
Actor Natural: * Extra en ‘Alejo, o la búsqueda del amor ‘ (Caracol, 2000).
Protagonista del cortometraje «Bajo la sombra del guacarí» (Premiado internacionalmente).
Participante en el documental : Suena La Herencia de Telecaribe. «El Poeta en la Radio»
Inspiración: Programas como La Hora del Campesino y Alborada Cordobesa.
«Voces de la Provincia» : Su proyecto insignia iniciado el 4 de febrero de 2001 en Sincé Stereo, vigente hoy en Horizonte Stereo. Publicaciones y Obra Musical
Tipo de Obras:
Título : Libro (Colectivo): Antología de Poetas Sinceanos, año 1999.
Libro (Poesía): Punto de Partida
2001.
Álbum Musical : » Esto es lo nuestro» (con Rafael Acosta) 2007
Álbum Musical : » Un Canto Romancero» (con Felipe Paternina). Año 2010
Álbum Musical :» Sucre, Terruño Mío» (con Felipe Paternina) Año 2016.
» Presente y Memoria «
A sus 56 años, Juan Month reside en Sincé, Sucre. Combina su labor artística con un emprendimiento artesanal que consiste en moldear de manera ingeniosa el totumo y la madera.A comenzado a posicionarse en aceptación mediante un ‘Reel’ en las plataformas sociales, dando a conocer su laureado repertorio decimero. Su vida gira en torno a su fe en Dios y su familia (su esposa Meniza y sus hijos Matíaz Javier y Mateo de Jesús). Sigue impartiendo sabiduría, como en su reciente charla en el Marymount School de Barranquilla (2024), reafirmando que la tradición oral es su motor de vida.
Alfonso Osorio Simahán
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